FICHA TÉCNICA



Título obra Una especie de Alaska

Autoría Harold Pinter

Dirección José Caballero

Elenco Lucero Trejo, Erika de la Llave, Rubén Cristiany

Espacios teatrales Teatro Julio Castillo

Referencia Bruno Bert, "Una especie de Alaska. Observador indiscreto", en Tiempo Libre, 10 febrero 2005, p. 21.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Tiempo Libre

Columna Teatro

Una especie de Alaska
Observador discreto

Bruno Bert

El texto es de Harold Pinter y se basa (no intenta ser un documento) en un caso del neurólogo Oliver Sacks, y cuenta la historia de una mujer que permanece en coma 29 años y finalmente despierta. Para esto, el director –José Caballero– no necesita más que un espacio vacío, una cama, una mesa y dos sillas. Pero sí avecina al público, haciéndolo subir al escenario del Julio Castillo donde se está presentando gratuitamente los martes.

Me acerqué con cierta desconfianza porque lo supuse teatro leído, una clase de teatro muy digna de existir pero de la que no gusto demasiado porque inhibe la imaginación de la posible lectura individual del texto, sin alcanzar la dimensión de un montaje. Pero no, el montaje es no tanto un trabajo en lo externo, sino una importante labor sobre y en el actor.

Para una anécdota como la mencionada el vector tiempo es fundamental, y aquí el representado parece coincidir con el real, es decir, que en la obra todo lo que sucede se da en, más o menos, esa hora que pueden registrar nuestros relojes, sentados a gran proximidad de los hechos. Pero entonces se produce un fenómeno psicológico: el personaje despierta a nuestra vista y, detrás de sus ojos, hay un vacío de 29 años que se le va develando en medio de una catarata de fragmentos de recuerdos que aparecen y se deshacen sin dominio de quien los vive. Ese abismo contiene una pregunta absurda, ¿Dónde estuviste todo este tiempo?, y es uno de los factores dramatúrgicos mejor manejados por el autor.

Sólo hay tres personajes: Débora, la enferma; su hermana menor y un hombre que la ha acompañado durante todo su proceso y a quien de alguna manera le debe el haberse despertado. Y esto dosificadamente. En la mayor parte de la obra es Débora reaccionando y el hombre, apartado y como en sordina, pero con una fuerte presencia opacada.

Lucero Trejo es la protagonista y Rubén Cristany ese acompañante del que podemos suponer identidades aunque nunca aclara su nombre. Un excelente trabajo la escritura del autor, como el de los actores, incluyendo por supuesto la más o menos breve intervención de Erika de la Llave como la desolada portadora del presente y la realidad, y excelente trabajo también el del director. Naturalmente el trabajo de Lucero Trejo merece mención especial por la dificultad de la construcción que su personaje representa y por lo dosificado en todo lo que podrían ser posibilidades de caída en arranques emocionales o lugares comunes del manejo del cuerpo. Y por supuesto también una felicitación a Pepe Caballero por saber manejar un material tan difícil sin los muchos momentos de complacencia que podría fácilmente haber elegido como caminos más fáciles en la marcación de sus actores y en la interpretación del texto. Un acto de gran intensidad que concluye al borde de la incertidumbre en la que podemos elegir nosotros mismos qué significa ese final.

Un trabajo muy pleno hecho con fragmentos de palabras, acciones, sugestiones y que exige que la obra llegue a comprometer verdaderamente, en lo emocional e intelectual, al espectador, que casi es un observador indiscreto de un caso clínico que bien permite la empatía pero también lecturas que se extienden más allá de lo meramente anecdótico. Lástima que sólo le queden tres o cuatro funciones en esta temporada.

UNA ESPECIE DE ALASKA, de Harold Pinter. Din José Caballero. Con Lucero Trejo, Erika de la Llave y Rubén Cristiany. Teatro Julio Castillo, Centro Cultural del Bosque, Paseo de la Reforma y Campo Marte (Metro Auditorio), 5280-8346. Martes, 20:00 horas. Entrada gratuita. Adolescentes y adultos. Duración aproximada 70 mins. (Centro)