FICHA TÉCNICA



Título obra Yo también quiero un profeta

Autoría Ximena Escalante

Dirección Martín Acosta

Elenco Dora Cordero, José María Yaspik, Alejandro Calva, Raymundo Pastor, Guillermina Campuzano, Talia Marcela

Espacios teatrales Teatro Orientación

Referencia Bruno Bert, "Yo también quiero un profeta. Atracción o repudio", en Tiempo Libre, 8 julio 2004, p. 25.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Tiempo Libre

Columna Teatro

Yo también quiero un profeta
Atracción o repudio

Bruno Bert

Imagino que en la anécdota –bíblica o teatral–, de la bella Salomé y el inflexible Iokanaán, lo que funciona como eje es el binomio fascinación-poder. Con la lectura que cada postura ideológica quiera darle. Ahora se reedita el tema a través de Yo también quiero un profeta, obra teatral escrita por Ximena Escalante y llevada a escena por Martín Acosta en el teatro Orientación. Y naturalmente aunque tanto Wilde como La Biblia se encuentran implícitamente incorporados en el material, éste aporta nuevos sesgos y perspectivas para el famoso enfrentamiento.

Y de hecho aquí hay un corrimiento claro: este choque no se da, como tradicionalmente conocemos, entre el profeta y la deseable hijastra de Herodes, sino entre el tetrarca y el mundo circundante. Todo lo demás son alternativas. De hecho uno de los textos que podríamos tomar como conductores es una frase de Herodes donde dice "entre el mundo y yo hay un desierto". Sólo que ese "yo", en el texto de Ximena pero también en la puesta de Martín, representa doblemente a una clase gobernante cada vez más aislada y una individualidad contemporánea fragmentada en su sentido, que apela a la mutilación y la muerte frente al avance del miedo. Y allí se junta lo social y lo individual en una convergencia de lenguajes en la que basa su eficacia este trabajo.

Hay una intención casi explícita de sólo apoyarnos visual y conceptualmente en el tema, para elevarnos de inmediato a otras posibilidades de lectura que no dejan de lado a las primeras y tradicionales aunque las superan, en tiempo y espacio. De allí posiblemente que casi nadie se llame por su nombre. Predominan "el profeta", "el verdugo", y sólo muy ocasionalmente se explícita Herodías o Salomé. Lo mismo el marco, propuesto con mucha inteligencia por Jorge Ballina, en una especie de reminiscencia fría entre muros y laberintos mesopotámicos y un sabor a la arquitectura de fragmentación de uso contemporáneo. Que es perfectamente funcional al manejo del lenguaje exhibido por la autora.

está el tema de los cuerpos, como una geografía particular, absolutamente vinculada a la desterritorialización a la que nos vemos sometidos a diario a través de los medios tecnológicos y la muerte de las ideologías que encarnaban en prototipos de absoluta cercanía corporal. Y sobre todo el cuerpo de la mujer, como expropiado de sí misma en circunstancias tan particulares como las que rigen en el presente.

Entonces, decíamos al principio que en el eje deben estar la fascinación y el poder. Y de hecho están más presentes que nunca, pero manejados corno por ausencia de encarnación: cuerpos incómodos en una estructura disfuncional de poder. Todo lo que vemos y oímos nos atrae y repele al mismo tiempo, convoca al morbo y lo deja sediento en cuanto más parece entregarle. La soledad cobra una dimensión metafísica en un dios ausente y destazado, ajeno al hombre y objeto pobre de su pánico erótico y político.

Un material difícil, extraordinariamente interesante aun en sus evidentes debilidades (vestuarios de acomodo, escenas inciertas corno la del cumpleaños, indecisiones temáticas, superposición de vectores de lectura, posibles contradicciones...), con un grupo de actores manejando propuestas complejas por su aparente simplicidad. Homogéneo en su rendimiento, pero con particular énfasis en la labor de Alejandro Calva en el papel del verdugo-poeta con tintes de Apolinaire, y Guillermina Campuzano en ese "agujero negro" que es Salomé, sólo que aquí tal vez demasiado psicologizada, al menos para mi gusto.

Un trabajo que producirá atracción o repudio, pero difícilmente indiferencia.

YO TAMBIÉN QUIERO UN PROFETA, de Ximena Escalante. Dir. Martín Acosta. Con Dora Cordero, José María Yaspik, Alejandro Calva, Raymundo Pastor, Guillermina Campuzano y Talia Marcela. Teatro Orientación, Centro Cultural del Bosque, Paseo de la Reforma y Campo Marte (Metro Auditorio), 5280-8771. Jueves y viernes, 20:00; sábado 19:00; domingo, 18:00 horas. Loc. $150. SistemaTicketmaster, 5325-9000. Adolescentes y adultos. Duración aproximada 180 mins. (Centro)