FICHA TÉCNICA



Notas Comentarios del autor sobre el Concurso de Grupos Teatrales convocado por el Departamento del Distrito Federal y el Comité de las Fiestas de Primavera

Referencia Armando de Maria y Campos, “Se ha desarrollado con éxito la primera parte del Concurso de Grupos Teatrales convocado por el Departamento Central con motivo de las Fiestas de Primavera”, en Novedades, 31 marzo 1950.




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Novedades

Columna El Teatro

Se ha desarrollado con éxito la primera parte del Concurso de Grupos Teatrales convocado por el Departamento Central con motivo de las Fiestas de Primavera

Armando de Maria y Campos

El Concurso de Grupos Teatrales convocado por el Departamento del Distrito Federal y organizado por el Comité de las Fiestas de Primavera 1950, que tiene por finalidad el fomento y desarrollo del teatro mexicano, ha cerrado su primer capítulo. Seis grupos de los catorce que se inscribieron para participar en él se han sometido a la prueba de representar otras tantas piezas de autores mexicanos, en el teatro Tívoli de esta ciudad, ante un jurado compuesto por nueve personas –un representante del Departamento del Distrito Federal, que es un funcionario del INBA, toda vez que las obras premiadas serán representadas en el Bellas Artes, de acuerdo con el propio Instituto; por dos representantes de la Federación de Agrupaciones Teatrales, uno de ellos por parte de la Asociación de Actores, y por cinco cronistas de teatro profesionales–. Estas pruebas de representaciones se iniciaron el jueves próximo pasado con la nueva versión escénica de la novela Los de abajo de Mariano Azuela, hecha por el mismo autor, y terminaron con la escenificación de la pieza El corrido de Juan Saavedra de María Luisa Ocampo.

En un lugar tan notoriamente impropio para representar comedias como es el teatro Tívoli, principalmente porque carece de elemental acústica, se desarrollaron los exámenes de los grupos que decidieron someterse a tan peligrosa prueba. Estos son el Teatro Estudio de México para representar Los de abajo de Mariano Azuela; el grupo estudiantil T.E.A. con El auto de la zona intermedia de Emilio Carballido; el grupo Nuevo Teatro, para representar La mujer no hace milagros de Rodolfo Usigli; el grupo de Guillermo Familiar para estrenar El suplicante de Sergio Magaña y Emilio Carballido el grupo Mexicayotl para representar Antonia de Rafael Bernal; el grupo Teatro Arte de México, para dar a conocer Clamor en la campiña de Virgilio Mariel y el grupo de Leopoldo Azcárate Gomar para interpretar El corrido de Juan Saavedra de María Luisa Ocampo. Las pruebas o exámenes fueron presenciados por numerosa concurrencia, invitados del grupo en turno, elementos de otros conjuntos experimentales y curiosos en general. Se advirtió la ausencia de elementos profesionales del teatro, incluso la del representante de la ANDA en el jurado calificador. Los cronistas de teatro de la prensa diaria o periódica que no formaron parte del jurado tampoco asistieron a este singular evento teatral.

Autores, directores de teatro, grupos organizados, aspirantes a convertirse en actores profesionales, simples aficionados sin posibilidad alguna de ocupar un lugar estimable en el teatro comercial, acudieron a merecer los premios en metálico y simbólicos –el trofeo Xochipilli, dios de la danza, de la farsa y la alegría de los aztecas–, y la satisfacción de ascender al primer escenario de la República y uno de los primeros del mundo, el del Palacio de Bellas Artes de México. El autor que logre el primer lugar obtendrá un premio de cuatro mil pesos, y el grupo teatral que sea señalado como merecedor de igual mérito, seis mil pesos; los autores que merezcan un segundo y tercer premios, dos mil y mil pesos, y los grupos que logren los lugares segundo y tercero, mil quinientos y un mil pesos, respectivamente. Hay hasta quince o dieciocho premios Xochipilli correspondientes a "actuación –según acostumbran decir los cinematografistas–, de acuerdo con una tradicional clasificación entre profesionales de la escena: primera actriz y primer actor, dama y galán, actor de carácter (barba, se decía antes) y característica, y a "dirección", es decir, a directores, individualmente. Se pensó en conceder un Xochipilli a algún escenógrafo, o a algún músico que ilustrara los textos. No se pudo usar de escenografía alguna en representaciones limitadas, por necesidades técnicas, a trastos y cortinas, y ninguna obra necesitó de música específica, limitándose algunos grupos a ambientar sus representaciones con canciones alusivas o de la época en que se desarrolla la acción de la pieza presentada. Intervino como coordinador entusiasta e incansable el mayor del ejército mexicano Antonio Haro Oliva, comisionado de teatro en las Fiestas de Primavera.

La organización de este concurso de grupos teatrales es muy semejante a la de los que anualmente celebran en el Soviet ruso. De todos los rincones de Rusia son enviados a Moscú o a Leningrado grupos teatrales para que se disputen algún trofeo en un evento parecido al que presenciamos. Con el estímulo del premio, los grupos estudian durante todo el año; con la satisfacción del galardón obtenido, siguen estudiando el año siguiente. Y así siempre, con lo que se logra que hasta la aldehuela más insignificante cuente con su grupo teatral que no cesa de representar, que no se cansa de estudiar. Algo semejante se pretende lograr con el tiempo en México, que de todos los rincones de la república vengan grupos de teatro en busca de un premio, que les permitiría estudiar antes y después de haberlo obtenido. Lo esencial es fomentar el desarrollo del teatro utilizando el entusiasmo y la buena fe del grupo experimental, del director teatral en formación.

Los aficionados llevaron siempre al teatro el vigor, la renovación y la transformación. La ley exige –según Chesterton– que en toda actividad, en toda empresa humana, cuando los expertos pierden toda visión, y se ven inducidos por la rutina, intervengan el profano, vale decir aquel que para quien todo es nuevo y casi desconocido, aquel cuyo espíritu novicio, voluntad libre e inteligencia ingenua, le permiten examinar todo el problema y proponer soluciones que durante un tiempo relativamente largo suscitarán una ley distinta y reanimarán la fe de los prosélitos.

Talía anda en busca, desde hace tiempo, constantemente, con la linterna de un Diógenes de utilería en la diestra, de actores, de directores. Pero lo que parece que encuentra con más facilidad son directores. Estos –todos los días aparece uno entre nosotros, en cualquier parte del mundo de la farándula– buscan a su vez, actores. Puede decirse que en el mundo existen tantos directores escénicos como granos de arena en las orillas del mar. Todo el mundo cree ser director escénico; tal título se lo apropian los aventureros, los cómicos de la legua, los literatos, las mujeres de mundo, los jóvenes sin experiencia y el apelativo carece de sentido. Que no se alarme el lector. Esto de que los directores abundan no lo digo a propósito del concurso de grupos teatrales. No hago sino recordar lo que en 1938 dijo Jacques Copeau, el gran director francés, a raíz de la muerte de Constantino Stanislavski, el gran director ruso. Pero viene como anillo al dedo.

Difícil, responsable misión la del director teatral. A este propósito recuerdo lo que Stanislavski escribió en 1924: "Me comparo con un buscador de oro que debe abrirse camino a través de selvas impenetrables para fijar el lugar donde podrá tal vez descubrir la veta y lavar luego centenares de toneladas de arena y piedra para hallar finalmente algunas pepitas del noble metal. A semejanza del buscador, no puedo legar a mis herederos mis trabajos, mis investigaciones, mis pérdidas, mis alegrías y mis sinsabores, sino tan sólo estas escasas pepitas que me han llevado toda una vida para descubrirlas".

A ti te lo digo, Pedro, entiéndelo tú, Juan. El concurso de grupos teatrales arroja un saldo favorable de directores –seguramente premiados–, Víctor Moya, Torre Laphan, Xavier Rojas. Y de actores, y de autores...