FICHA TÉCNICA



Título obra Lear

Autoría William Shakespeare

Dirección Rodrigo Johnson

Elenco María Gelia Crespo, Jorge Zárate, Rodrigo Vázquez, Elizabeth Guindi

Espacios teatrales Teatro Santa Catarina

Referencia Bruno Bert, "Lear. Mucho más ruido que nueces", en Tiempo Libre, 1 abril 2004, p. 21.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Tiempo Libre

Columna Teatro

Lear
Mucho más que nueces

Bruno Bert

Shakespeare en realidad es conocido por una cantidad mínima de obras dentro de las muchas que de él nos llegaron. No superan la docena aquellas de gran prestigio y El Rey Lear es una de ellas. "Un milagro del cisne de Avón", la definiría Astrada Marín, uno de sus grandes estudiosos contemporáneos, hace ya casi 80 años, en un lenguaje que hoy nos suena francamente anacrónico. No recuerdo ninguna puesta de ella en nuestro país al menos en los últimos 20 o 25 años. Lo cual significa que más de una generación de directores locales no la eligió para la escena mientras menudeaban los Hamlet y los Macbeth en sus más variadas reinterpretaciones. Hoy, finalmente, llega al Santa Catarina de manos de Rodrigo Johnson.

Se trata de una obra de plena madurez –los primeros años del siglo XVII– con un gran dominio técnico en la narración y el elemento pasional como materia de análisis. Los temas desarrollados pueden sumarse, como en toda obra de ese calibre, pero esencialmente encara la necedad de un viejo y la ingratitud de los hijos. Todos recuerdan al Rey Lear, dejando el poder por vejez y comodidad, repartiendo sus territorios en vida entre sus tres hijas, dos de las cuales lo adulan y reciben todo, y Cordelia que al negarse a la adulación vacía es aborrecida y expulsada del reino. La posterior traición que lo deja en la miseria y la locura, y la acción paralela del duque de Gloucester que a su vez vive una situación similar con sus dos hijos. Y el papel del bufón –alter ego burlón de la conciencia del rey– magnífica figura, y la escena de la tormenta, famosa merecidamente por la grandeza de su concepto, donde los elementos toman la palabra que no es capaz el espíritu devastado del viejo padre abandonado a la noche y a la desilusión. Un material realmente importante dentro de la producción shakesperiana. Y en absoluto complaciente, donde ni siquiera el propio Lear se vuelve una figura de empatía, llena como está de soberbia, de tontería y de una pasión enfermiza que pone siempre en primer plano a la propia persona sin límite ni medida.

Rodrigo Johnson altera las partes del texto y adecua la propuesta general para un montaje que tiene la particularidad de ser bastante ortodoxo por una parte, e intencionadamente provocador en las imágenes por la otra. Y en esto es secundado por Mónica Raya, escenógrafa, iluminadora y encargada de vestuario, que complementa y da peso visual a la propuesta del director. Lo que ambos intentan es la conciencia de la ficción y el manejo de imágenes esenciales. Esto tanto a través del montaje del texto como de la estética que proponen. Así, el espacio escénico es como el corte transversal de un gigantesco huevo, al interior del cual sucede casi todo; y los ropajes se acercan bastante a un kitsch contemporáneo, yuxtaponiendo objetos estridentes y banales,incidiendo en lo relativo, jugando al ridículo e incluso a veces al guiñol, como en el momento de los ojos arrancados o las tijeras ensangrentadas.

El resultado es muy ambiguo, porque oscila entre ideas muy fértiles, algunos hallazgos conceptuales y visuales y, sin embargo, una pérdida general de rigor en la claridad del discurso. El público comienza siguiendo una propuesta que parece hacer esencial la historia sobre carriles novedosos y concluye en el seguimiento tradicional de la estructura dramática en un arco de tres horas que se vuelve un poco fatigoso y sobre todo barrocamente empantanado en lo anecdótico. El impulso y las ideas iniciales parecen disolverse quedando mucho más ruido que nueces. El huevo únicamente por momentos resulta no sólo pertinente sino incluso un importante elemento del discurso, para luego condicionar toda la estructura de movimientos sin verdaderamente integrarse. A su vez, los actores no parecen manejar una misma técnica y así algunos son completamente naturalistas, otros fársicos u otros más como declamando discurso tratando de anular toda significación emotiva en el texto. No se comprende el porqué de estas diferencias y predomina una sensación de irregularidad de niveles no quedando claro cual es el tono de obra que pretende la dirección.

En definitiva, un Lear que contiene seguramente muchas y variadas intenciones, pero que en lugar de integrarse en la puesta la ponen en peligro en un estallido de imágenes y conceptos que no terminan de convencer.

LEAR, de William Shakespeare. Dir. Rodrigo Johnson. Con María Gelia Crespo, Jorge Zárate, Rodrigo Vázquez y Elizabeth Guindi. Teatro Santa Catarina, Plaza de Santa Catarina 10, Coyoacán, 5658-0560. Jueves y vier¬nes, 20:00; sábado, 19:00; domingo, 18:00 horas. Loc. $100. Adolescentes y adultos. Duración aproximada 180 mins. (Sur)