FICHA TÉCNICA



Título obra La obra del bebé

Autoría Edward Albee

Dirección Víctor Weinstock

Elenco Monserrat Ontiveros, Verónica Segura, José Sefami, Andrés Zuno

Espacios teatrales Polyfórum Cultural Sequeiros

Referencia Bruno Bert, "La obra del bebé. Un Albee artificioso", en Tiempo Libre, 25 marzo 2004, p. 23.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Tiempo Libre

Columna Teatro

La obra del bebé
Un Albee artificioso

Bruno Bert

Edward Albee tiene 76 años y hace 45 que figura entre los más destacados dramaturgos norteamericanos. Por su talento, seguramente, por su capacidad de renovar al teatro, incluso no sólo de su país, durante buena parte de la segunda mitad del siglo pasado... y también un poco porque siempre supo armonizarse entre el éxito y el escándalo, aunque toda su obra pueda ser considerada como una demoledora visión crítica de su tiempo y espacio social. Ahora de él se ha estrenado entre nosotros La obra del bebé, y la ha montado Víctor Weinstock, que si mal no recuerdo en algún tiempo fue su alumno en una destacada universidad de Estados Unidos.

El material tiene algo de desconcertante y muy poco de comercial. Es como un esqueleto lleno de sobreentendidos. Esqueleto porque en realidad pone al descubierto todas las "trampas" del teatro –recursos a veces no muy nuevos y otros vinculados más bien a un teatro "tradicional" que nunca interesó realmente a Albee– y sobreentendidos porque parece hacer referencia a situaciones bastante personales que sólo descubrirán –y con dudas de interpretación– aquellos que le conozcan en su historia personal y como escritor. No nos asombremos, así ha sido muchas veces. En Tres mujeres altas, por ejemplo, que es uno de sus últimos estrenos anteriores, expone la figura de su "madre" y sus propias vivencias al respecto. Pero aquí la supuesta estructura biográfica –de hombre y de creador de lenguajes– se entreteje y disuelve al mismo tiempo hasta dar con un producto... ¿qué decir?, bastante diferente.

Uno de los elementos que llama la atención es que la palabra –Dios supremo y cuestionado, reverenciado y negado en todo el teatro de Albee– aquí es como el polvo de una galaxia estallada: denso, abundante, excesivo, satura e invade todo, pero más permite inferencias que otorga formas. Y el público, distanciado y un tanto aburrido en muchas oportunidades durante el trabajo, queda más bien fuera del juego, como viendo las manipulaciones intelectuales de un famoso dramaturgo en la que muy posiblemente es la última etapa de su vida, tanto creativa como biológicamente.

Y a esto contribuye poderosamente tanto la concepción escenográfica de Auda Caraza y Atenea Chávez, como el trabajo de dirección, tal vez (sólo tal vez) conversados previamente con el gran autor, ya que suele ser bastante estricto y entrometido en las puestas de sus obras. En realidad se trata de un espacio circular prácticamente vacío con un par de bancos –celeste y rosa– unos cubos apenas empleados y una cobertura un tanto naif para el piso. Así, los juegos escénicos quedan a cargo del cuerpo de los personajes y del cuerpo de las palabras, con inclusión de desnudos y una cierta crudeza de lenguaje que intenta colaborar de manera un tanto abierta y artificiosa a sostener el espectáculo.

Cuatro actores –Montserrat Ontiveros y José Sefami como el hombre y la mujer, y Verónica Segura y Andrés Zuno como el chavo y la chava– cubren todo el espectro necesario: dos generaciones enfrentadas y complementarias. Su trabajo, sobre todo el de los jóvenes, suena falso, externo, sobreconstruido y uno se queda con la duda sobre si ese no es en realidad el tipo de manejo solicitado por el director. En contraposición con los "adultos" que saben contar mejor, fingir una mayor naturalidad, actuar más convincente y ambiguamente tanto con el público como con sus compañeros. En definitiva el tema es la realidad, el teatro y las convenciones que oscilan entre uno y otro, construyendo por un lado el arte y por el otro la historia, sobre todo en una sociedad tan deshumanizada y destructiva como la estadounidense.

En definitiva: los productos de la vejez de un talentoso dramaturgo a manos de un alumno que me parece respeta muy bien a su maestro... cuando tal vez le favorecería un poco más de traición, incorporando sus planos personales de pensamiento ante el libro. En cuanto al público... lo dejo en sus manos.

LA OBRA DEL BEBÉ, de EdwardAlbee. Dir. Víctor Weinstock. ConMonserrat Ontiveros, Verónica Segura, José Sefami y Andrés Zuno. Polyfórum Cultural Sequeiros, Insurgentes Sur esquina Filadelfia, Nápoles, 5536-4520 al 24. Lunes, 20:30 horas. Adolescentes y adultos. Duración aproximada 130 mins. Estacionamiento. (Sur)