FICHA TÉCNICA



Título obra La escuela de dolor humano de Sechuán

Autoría Mario Bellatin

Dirección Philippe Eustachon

Elenco Juan Navarrete, Mario Oliver, Jacqueline Serafín, Javier Soto

Espacios teatrales Casa de la Paz

Referencia Bruno Bert, "Polémico e inteligente", en Tiempo Libre, 16 octubre 2003, p. 25.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Tiempo Libre

Columna Teatro

Polémico e inteligente

Bruno Bert

Es habitual que el hombre hable de lo cercano e inmediato mediante parábolas que mencionan lo lejano en el tiempo y el espacio. Así lo hizo Brecht, entre muchos otros, y de quien una de sus obras más conocidas se llama justamente El alma buena de Sechuán. Ahora, esta región china que el teatro ha vuelto mítica, regresa en el título de un texto mexicano escrito por Mario Bellatin y dirigido por Philippe Eustachon. Se trata de La escuela de dolor humano de Sechuán, que se presenta en la Casa de la Paz.

Con ella podemos preguntarnos si no ha regresado el propio Brecht en un planteo un tanto burlón y contemporáneo de técnicas y postulados, aunque ya no se pretenda la transmisión de una ideología marxista.

El espacio (a cargo de Yvett Rotscheid, al igual que los vestuarios) es absolutamente teatral, es decir, no pretende la ilustración de un ámbito real, sino que genera un cubo de tela traslúcida sobre el que se proyectan imágenes o a través del cual se ven los cuerpos que narran y actúan ciertas escenas particulares con un sabor "chino". Cuentos escenificados de cierto supuesto teatro oriental que adiestra para el dolor y que unidos entre sí en una lectura unitaria producen un "particular estado catártico" en el público que los presencia.

La relación con el público es directa, la voz que narra distanciada del natural y el manejo de los cuerpos evita los estereotipos del teatro tradicional, tanto chino como oriental en general, y juega básicamente sobre las tensiones contenidas, creando resultados capaces de atraer e irritar al mismo tiempo.

Lo que nos cuenta es un juego de opuestos complementarios, de contradicciones dolorosas y placenteras al mismo tiempo de carácter sadomasoquista; de acciones absurdas, de mutilaciones deliberadas, de tradiciones incongruentes, a partir de las cuales los hombres se alienan en su estructura social y/o familiar desde la infancia. La forma narrativa, deliberadamente ambigua en cuanto a valoración de lo narrado, y los desarrollos anecdóticos que incluyen dedos cercenados, testículos atrofiados, violaciones anheladas, uñas quemadas y otros "embellecimientos" por el estilo, vuelve a rememorar los tópicos occidentales sobre la cultura china, en una clave no exenta de un humor ácido y distanciado que, vaya uno a saber por qué, me recordaba vagamente cierta literatura de Apollinaire.

Una propuesta global –actores/espacio/texto– muy coherente, con una estructura dramatúrgica sólida y un concepto de puesta capaz de extraer lo más interesante de lo que el autor propone. Nada complaciente, poco dada a hacer concesiones, incluso si el espectáculo pueda sorprender y aun molestar a los espectadores. Buen trabajo de sus intérpretes: Juan Navarrete, Mario Oliver, Jacqueline Serafín y Javier Soto.

Me preguntaba hace un tiempo cuál sería la forma de un teatro político de nuestro tiempo, que fuera capaz de evocar el pasado sin negarlo ni repetirlo. En la función que asistí de La escuela de dolor humano... aparecían respuestas –bastante inquietantes por cierto– encarnadas en lo que iba viendo y escuchando. La experiencia me interesó por encima de compartir o no lo planteado y las formas empleadas. Un teatro polémico, que cuestiona lenguajes e ideologías, sugiriendo respuestas bastante irritantes en más de una oportunidad, pero sólidamente instalado en el teatro como herramienta de conexión activa con el mundo. Un material inteligente que no está llamado a "gustar", sino a expresar a partir de un grupo solvente de artistas.