FICHA TÉCNICA



Título obra Tu nombre no se ha escrito

Autoría Verónica Musalen

Dirección Ricardo Ramírez Carnero

Elenco Ángeles Marín

Espacios teatrales Teatro El Granero

Referencia Bruno Bert, "Multiplicidad", en Tiempo Libre, 25 septiembre 2003, p. 25.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Tiempo Libre

Columna Teatro

Multiplicidad

Bruno Bert

Desde hace un tiempo encuentro en los programas de mano referencias a las teorías cuánticas, a las realidades alternas, a los mundos y universos paralelos y todo un complotarse con la física, pero sobre todo con la gnoseología y el sentido de lo real. Confusa filosofía de principios de milenio y de generación de nuevos paradigmas todavía no muy claros. Enganchando con esto acabo de ver Tu nombre no se ha escrito, de Verónica Musalen, bajo la dirección de Ricardo Ramírez Carnero.

Arturo Nava funge como responsable ira escenografía y la iluminación, entregando una estructura en espiral, de textura y funcionamiento bastante ásperos y alma metálica. No pretende ser un objeto funcional reconocible, sino un elemento simbólico en el que deambula la única actriz del espectáculo, rodeada de monitores de video y múltiples ojos electrónicos que la observan tanto a ella como al mismo público, que a veces puede verse reflejado en las pantallas.

La historia parece en realidad un soporte para las teorías de las que hablábamos recién, aunque en el programa de mano el director explicite lo contrario. Se habla de una mujer que tiene una pareja masculina y tormentosas relaciones sexuales, y una pareja femenina sin vinculaciones del mismo tipo aún más tórridas, escatológicas y coprofágicas. Se habla del asesinato de un hombre y del mismo hombre matando a una de las mujeres por celos... o a las dos tal vez, entre ríos de sangre y violaciones monumentales. Se habla de una novela inconclusa que cuenta todo esto y cuyas páginas están dispersas en el desierto. Se habla, se especula, se cuenta, se fantasea. Desde la unidad de una actriz a la multiplicidad de los personajes convocados. Sólo que el camino no siempre es fácil y muchas veces tampoco grato.

Por un lado hay una excesiva complacencia en la descripción minuciosa de las poses, los humores, las succiones, penetraciones, desgarramientos, heridas... que nos recuerdan la enumeración fría de un Sade, o la inverosimilitud romántica de un Musset en Gianini, por ejemplo, texto desbordado y descriptivo, decididamente decimonónico, de una relación de tres con un fuerte acento en el lesbianismo y una terminación de muerte. Así, uno de los cañamazos tejería una nota truculenta de crónica roja. Pero al mismo tiempo podemos inferir la multiplicación de identidades en una sola mujer, posesa de una obsesión, o la simultaneidad de procesos que sólo coinciden en puntos y se extienden a través de la creación literaria espejada aquí además en el montaje teatral. ¿Cuántos son los personajes? ¿Cuáles las coincidencias sobre las que se construye un terreno narrativo? ¿A quién pertenece este espacio en cada caso? ¿Se está contando una historia o muchas tejidas como un patchwork?

Pero en realidad la incógnita de los significados abiertos no es un inconveniente, sino más bien la forma de recorrer el camino, que se nos tiende a distanciar y hacer extraño. Es un material que no decidimos en qué orilla ubicarlo y lo vamos cargando un tanto fatigosamente de un punto al otro de las interpretaciones sin quedarnos con ninguna, pero sí bastante agotados por el esfuerzo y poco enriquecidos por el producto que somos capaces de rescatar de la aventura. Y eso a pesar del trabajo de Ángeles Marín, que en todo momento reitera su calidad como actriz. Pienso que es un texto que tal vez hubiera ameritado otro paso de trabajo con el equipo por parte de la autora, de quien no recuerdo propuestas anteriores de este tipo.

En fin, creo que el teatro vale en cuanto que es una aventura que nos compromete a todos, artistas y público. Y naturalmente apuesto por el riesgo, que en este caso es indudable, incluso en la seriedad de su factura, aunque –hay que admitirlo– no reconozco el conocimiento de ganancia, ese placer de la cultura que debiéramos recoger tras la última palabra.

TU NOMBRE NO SE HA ESCRITO, de Verónica Musalen. Dir. Ricardo Ramírez Carnero. Con Ángeles Marín. Teatro El Granero, Centro Cultural del Bosque, Paseo de la Reforma y Campo Marte (Metro Auditorio), 5280-7844. Lunes, 20:00 horas. Loc. $120. Sistema Ticketmaster, 5325-9000. Adolescentes y adultoS. Duración aproximada 60 mins. (Centro)