FICHA TÉCNICA



Título obra El alcalde de Zalamea

Autoría Pedro Calderón de la Barca

Dirección Juan Morán

Elenco Ignacio López Tarzo, Luis Couturier, Andrea Noli, Servando Manzetti

Espacios teatrales Teatro Julio Jiménez Rueda

Referencia Bruno Bert, "Un clásico a ras de suelo", en Tiempo Libre, 5 junio 2003, p. 24.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Tiempo Libre

Columna Teatro

Un clásico a ras de suelo

Bruno Bert

Las obras del Siglo de Oro español cargan con un prestigio que a veces suena a lápida. Quiero decir que es un lugar común el efecto de aquella frase de Peter Brook en relación a que toda cultura oficial consagrada debe ser levemente aburrida. Y lo de "levemente" suele ser un eufemismo. De los dramaturgos de aquel tiempo el más convocado a los escenarios es Don Pedro Calderón de la Barca (1600-1681), sin duda el más talentoso, o tal vez más emotivamente cercano a nosotros. De él acabo de ver una de sus obras más conocidas: El alcalde de Zalamea.

Libre interpretación de un hecho sucedido en 1580, la anécdota se centra en la violencia que hace un militar de rango sobre la hija de un villano que al promediar la obra será nombrado alcalde de su pueblo. El tomará justicia forzando las circunstancias, aunque finalmente el rey apruebe su comportamiento.

Cercana a la "comedia costumbrista", basada en hechos históricos o leyendas populares, se trata de un material que congrega lo esencial de la dramaturgia de Calderón: su obsesión por el tema del honor, su particular visión de la mujer, la pasión como característica básica demostrada en sus protagónicos, la habilidad para pintar en pocos trazos a las clases sociales de la época, su profundo compromiso con la moral cristiana... en fin, una obra destinada a marcar que la honra, ese inefable invento español, no era privilegio de la nobleza. Y de paso nos muestra la arbitrariedad en el uso del poder de los militares, que tan bien conocía por haber sido parte de ellos en más de una batalla.

Es decir que en la misma obra hallamos una trama bien conformada, ideas debatidas, un buen reflejo del pensamiento barroco y una considerable cantidad de acción que no descarta su toque de humor a través de personajes secundarios. Naturalmente los tiempos han cambiado y con ellos nuestra forma de ver el mundo, pero en todo caso la arbitrariedad del poder sigue vigente.

El montaje es de Juan Morán, un director habituado a este tipo de trabajos, del que recuerdo una interesante puesta de El villano en su rincón. Es prolijo, hábil en el manejo del verso y los actores, aunque tal vez un poco ortodoxo en sus puestas, que siempre conservan como un remanente de "escolaridad" y están enmarcadas en una cierta rigidez, sin la brisa de un poco de audacia interpretativa, de traición creativa por parte del director. Lo hace bien y con un gran respeto por Calderón, aunque esto lo inhiba para el vuelo.

El escenógrafo e iluminador es Arturo Nava, que acompaña muy de cerca a Morán, prestándole su habilidad en la creación de espacios y artilugios escénicos móviles, muy sobre la línea del barroco, sólo que manteniendo una cierta pesadez que ya se encuentra en la dirección. En lo que hace al elenco, está constituido por alrededor de treinta personas, encabezadas habitualmente por Ignacio López Tarso, aunque en lo personal me tocó verla protagonizada por Miguel Couturier. Un trabajo sólido y homogéneo, con buen ritmo, capaz de canciones, danzas, combates (aunque con algunos problemillas en el manejo de espadas) y un fluido manejo del texto.

En definitiva, un Calderón de los que uno espera ver cuándo va al teatro a presenciar la puesta de un clásico. Bien, aunque se extrañe un poco el viento de las alturas.

EL ALCALDE DE ZALAMEA, de Calderón de la Barca. Dir. Juan Morán. Con Ignacio López Tarzo, Luis Couturier, Andrea Noli y Servando Manzetti. Teatro Julio Jiménez Rueda, Avenida de la República 154, Tabacalera (Metro Hidalgo), 5703-1261. Jueves y viernes, 20:30; sábado, 19:00; domingo, 18:00 horas. Loc. $120. Sistema Ticketmaster, 5325-9000. Adolescentes y adultos. (Centro)