FICHA TÉCNICA



Título obra Madre

Autoría Karel Kapek

Dirección Charles Runner

Elenco Dalia Íñiguez

Espacios teatrales Teatro del Palacio de Bellas Artes

Eventos Temporada de Teatro Internacional

Notas de eventos Salvador Novo / organizador

Notas Semblanza de Karel Kapek con motivo de la presentación de su obra Madre en la Temporada de Teatro Internacional

Referencia Armando de Maria y Campos, “Evocación del gran autor checo Karel Kapek con motivo del estreno en México de su drama Madre, durante la temporada de teatro internacional que se celebra en Bellas Artes”, en Novedades, 19 marzo 1950.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Evocación del gran autor checo Karel Kapek con motivo del estreno en México de su drama Madre, durante la temporada de teatro internacional que se celebra en Bellas Artes

Armando de Maria y Campos

Karel Kapek es el primer autor revolucionario y renovacionario de Checoslovaquia. Sobre Karel Kapek, el autor de Madre, drama que representará al teatro checoslovaco durante la temporada de teatro internacional que se celebra en Bellas Artes, escribí un largo capítulo para mi libro Muerte y resurrección del teatro en Checoslovaquia, publicado en 1941 y totalmente agotado. Nunca creí que el teatro de Kapek pudiera representarse en México. ¿Por qué? Las condiciones en que en México se representaba entonces me lo hacían presumir. Ahora, las cosas han cambiado, Karel Kapek está a punto de ser comprendido y consagrado, a través de una de sus mejores piezas representativas: Madre.

Como Pirandello, que con una sola comedia –Seis personajes en busca de autor– atrajo sobre sí la atención del mundo, y se consagró autor excepcional, la juventud pródigamente triunfadora de Karel Kapek consiguió con su obra R.U.R. (Rezon's universal robots) una extraordinaria resonancia universal. R.U.R. se estrenó en el teatro Nacional de Praga el 26 de enero de 1921. Kapek contaba entonces treinta años de edad. No fue ésta la primera obra de Kapek. Estudiante de filosofía y letras en la Universidad de Praga, apenas doctorado, se entregó de lleno a la literatura. En 1918 publicó un libro de cuentos breves, El jardín de Krakonoch, seguido de otro también de narraciones, Abismos radiantes, ambos en colaboración con su hermano José. Ya solo publica Los calvarios y Cuentos penosos, de un pesimismo desalentador, de un "nihilismo" –se dijo entonces– deprimente. Su primera pieza de teatro –El bergante– se estrena en 1920. A ésta siguió El caso Makropulos, la primera que le aseguró un puesto rival del olvido. Simultáneamente a sus preocupaciones por el teatro, Kapek creaba novelas de la más pura y valiente fantasía: La fábrica de lo absoluto y Krakatoite. Se advierte una obsesión temática a lo largo de la obra de Kapek: el hallazgo casual de algo sensacional capaz de remover todo el orden establecido en el mundo. En R.U.R. trata de la creación artificial del hombre, en El caso Makropulos, del descubrimiento de la piedra filosofal, en La fábrica de lo absoluto sobre el invento de un carburador insospechable que permite la combustión integral de la materia. Envuelve a todos sus temas, sin embargo, en sombras, angustias y pesimismo. Se hace periodista y colabora en Narodni Listy y en Lidice Noviny. Finalmente halla su camino: comparte con Jaroslav Kvapil la dirección del teatro Municipal de Kinobrady.

Un libro de narraciones, El año del jardinero, preciosamente ilustrado por su hermano José, ampliamente difundido en Europa a través de una traducción francesa, pone en circulación el nombre de Kapek, y prepara el éxito que alcanza en París su obra L'epoque ou nous vivons –título en francés de su traductor Luc Durtain–, y en seguida el de Adán creador –pieza inspirada en una vieja leyenda judía de Praga–. La crítica francesa, voz oficial del mundo de la cultura, reconoce que Karel Kapek, nacido en una pequeña aldea –Malí Svatonovice– en el territorio oficial de la República de Checoslovaquia, es un autor que puede rivalizar con Shaw, con Pirandello, Desgraciadamente, estamos en 1939, ya con los invasores alemanes pisándole los talones a los patriotas checos. Kapek uno de ellos, de los más destacados y por eso ferozmente buscado por los nazis.

No es posible cerrar en un par de cuartillas ni siquiera una síntesis de la obra teatral de Kapek. Trabajo me costó reducirla a veinte en mi libro, al que remito al curioso lector, si quiere conocer, por lo menos, los argumentos de R.U.R., de Adán creador, de La vida de los insectos, comedia de gran espectáculo, llena de emoción y poesía, y cuya tónica es una contenida amargura filosófica: de La enfermedad blanca y de La madre, que el martes próximo conocerá México desde el escenario del Bellas Artes. Su obra característica, por su originalidad y alcance, es R.U.R. Cuando R.U.R. fue estrenada en Nueva York, el crítico Heywood dijo: "Yo lo recuerdo como uno de los espectáculos más espantosos que jamás haya visto en el teatro. Fue una representación en que los hombres mecanizados –los robots– marchaban hacia adelante, por miles, movilizados por una poderosa voluntad, arrollándolo todo..."

Madre es la última pieza dramática de Kapek. Se estrenó en 1938, en un lugar de Praga llamado "Teatro de las Corporaciones", en lengua checa. Un mes después de este suceso íntimo y resonante, tuvo efecto el estreno en lengua alemana, en el Nuevo Teatro Alemán, de Praga, con Tilla Durieux en el papel principal, dirección de Gellner, escenografía de Schultes. El asunto que inspira Madre está constituido por uno de los motivos más altos que han inspirado siempre a la tragedia, el amor materno, el tema de Hécuba y Niobe. En cierto país, no muy imaginario desde luego, vive una "viuda de guerra" que es madre de cinco hijos. El mayor, que es médico, muere como una víctima de la ciencia, contagiado por el morbo al cual ha dedicado años de estudio. El segundo, que es aviador, muere en un vuelo, tratando de conquistar para sí un récord de altura. Vienen después dos gemelos, cada uno de los cuales milita en bando opuesto de la guerra civil; uno de ellos, que es poeta en extremo joven aún, se decide responder con su aportación personal al llamado de la patria que tiene necesidad del contingente de todos sus hijos para poder repeler con éxito el ataque de una nación extranjera. La madre, que hasta el último instante había tratado de salvarlo, comprende al fin qué es este supremo sacrificio, y le da su consentimiento para que parta. Bajo este esquema, que es al mismo tiempo realístico y simbólico, Kapek dio con un descubrimiento escénico que ciertamente no tiene mucho de nuevo como tópico, pero que él llevó hasta sus últimas consecuencias, imaginando que los hijos extintos viven cotidianamente con sus madres, conversando con ellas, consolándolas y distrayéndolas en un juego siempre renovado de intimidad familiar.

El público nuestro, como el de Praga, se mostrará un poco desconcertado a la vista de este fenómeno de supervivencia, sobre el exceso de fatalismo que gravita sobre la madre protagonista, con una intensidad ciertamente superior a lo humanamente soportable por las nada estoicas clases burguesas modernas. Si Niobe, y la madre de los Jugovici de la leyenda servia, pierden nada menos que nueve hijos, la inmensidad de tal catástrofe vuelve a encauzarse, o toma derroteros habituales dentro de las vastas y primitivas proporciones de la epopeya clásica, mientras que para nosotros, los modernos burgueses del dolor, el tremendo drama sería ya de por sí suficientemente intenso si se hubiera limitado a la muerte de un solo hijo de una madre... Pero Karel Kapek, autor sombrío y audaz, se entretiene con delectación masoquista en calcular cómo ha de producirse su fin. Karel Kapek, dramaturgo, no deja, ni siquiera durante un solo instante, que intervenga en el desarrollo de su drama, la piedad o la imaginación del autor.

Dirigirá Madre un actor nacido en Bohemia o en Moravia, criado en Austria, Charles Rooner, y hará la madre trágica una actriz cubana de fino temperamento y claro talento, Dalia Íñiguez.