FICHA TÉCNICA



Título obra Santos & Santos

Autoría Octavio Solís

Dirección Mafer Suárez

Elenco Claudio Obregón, Marco Pérez, Jorge Zárate, Cecilia Suárez, Moisés Arizmendi

Espacios teatrales Teatro del Centro Cultural Helénico

Referencia Bruno Bert, "Identidad y... ¿esperanza?", en Tiempo Libre, 13 marzo 2003, p. 21.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Tiempo Libre

Columna Teatro

Identidad y... ¿esperanza?

Bruno Bert

El tema es la mexicanidad. El qué significa eso siendo estadunidense de primera generación en la frontera de la Unión, pero del lado de allá. Y es valiente el encare, desde una posición en absoluto complaciente o populista, sino vista desde la estructura de una familia de ese tipo que se desintegra por la violencia y la corrupción. Estoy hablando de Santos & Santos, la obra de Octavio Solís llevada a escena por Mafer Suárez, autor y directora de los que nunca había visto obra alguna.

La estructura es realista, como casi todos los materiales de esa temática; pero no es didáctica ni ramplona, lo que por puesto se agradece. La obra toma a la familia Santos, afincada del otro lado en tiempo de la juventud del padre, que acaba de morir al comienzo de la obra, dejando un emporio mueblero y tres hijos entre abogados, muebleros y narcotraficantes. Ellos son los que forman la compañía que da nombre a la obra y con sus mujeres –dos son casados– constituyen el "feliz" resultado de un injerto mexicano en gabacholandia. El tercer hijo, que llega de otro estado americano y se acopla a la estructura, es quien produce la debacle.

Es interesante, porque este jinete del Apocalipsis funciona un poco corno Al Pacino en la primera cinta de El Padrino: primero rechaza la droga, la corrupción y todo lo que rodea a esto, para luego ir asumiéndolo rápidamente hasta sus últimas consecuencias, con todos los asesinatos necesarios incluidos. La diferencia es que aquel se trepaba a la cima del imperio y éste lo mina desde sus cimientos, destruyéndose en el proceso. Aquí hay una disolución de identidad y un aire de tragedia. Pero ambos marcan, en tiempos distintos, un proceso peculiar de intento de integración de extranjeros a la Unión Americana.

Hay una visión de contraparte en un juez que aplica la ley según un criterio racista-idealista, que desprecia al mexicano sin admitirlo del todo. Pero lo más conflictivo son los sentimientos de los propios méxico/americanos hacia sí mismos, su historia inmediata y su futuro.

En ese sentido, la frase final es indicativa: "El único infierno que nos queda es la esperanza". Un juego de palabras que marca el dolor de las contradicciones que viven y de la dificultad para resolverlas en ese árido terreno cultural, donde no parecen lograrse síntesis satisfactorias.

La puesta es escueta como el concepto espacial de Teresa Uribe, que simplemente marca tres puntos que, juntos o alternados, desarrollan todos los espacios necesarios, unificados por un ciclorama con diseños de color cambiante. Nada especialmente original, pero sí efectivo, ayudado por un diseño de iluminación muy correcto de Blanca Forzán.

Los actores, como casi siempre, son el pilar fundamental. Más de doce personajes bien diseñados, en papeles a veces muy contrastantes, como el asesino profesional, su compañera y la hija de ésta; un trío casi fársico muy bien llevado por Mónica Huarte, Diego Jáuregui y Pilar Ixquic Mata. Los tres hermanos, otro trío muy personal, están en manos de Marco Pérez, Jorge Zárate y Gustavo Sánchez Parra. Buen trabajo, aunque tal vez el primero, un poco el protagónico, necesitaría más densidad, más peso escénico. Interesante también las tres mujeres (los tríos se imponen): Pitar Padilla, Cecilia Suárez y Arleta Jez. Y naturalmente, toda la solvencia de Claudio Obregón como el juez Benton.

En definitiva, un trabajo sobre la identidad que tal vez no resulta una propuesta deslumbrante, pero sí un trabajo serio que vale la pena ser visto y sobre todo discutido, con lo que ideológicamente conlleva. Además del ingreso al teatro de una nueva directora, a la que auguramos fortuna en este terreno.

SANTOS & SANTOS, de Octavio Solís. Dir. Mafer Suárez. Con Claudio Obregón, Marco Pérez, Jorge Zárate, Cecilia Suárez y Moisés Arizmendi. Teatro del Centro Cultural Helénico, Revolución 1500, Guadalupe Inn, 5662-8674 y 5662-7535. Jueves y viernes, 20:00; sábado, 18:00 y 20:30; domingo, 18:00 horas. Loc. $150. Sistema Ticketmaster, 5325-9000. Adolescentes y adultos. Duración aproximada 135 mins. Estacionamiento. (Sur)