FICHA TÉCNICA



Título obra Yo odio a Hamlet

Autoría Paul Rudnick

Dirección Rafael Perrín

Elenco Francisco de la O, Otto Sirgo, Norma Lazareno

Espacios teatrales Teatro México

Referencia Bruno Bert, "De manera superficial...", en Tiempo Libre, 13 febrero 2003, p. 21.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Tiempo Libre

Columna Teatro

De manera superficial...

Bruno Bert

La historia del teatro en el último par de siglos ha distinguido a varios actores por la forma en que interpretaron Hamlet, cada quien dentro del gusto de su época, claro está. Uno de ellos fue John Barrymore, un actor estadunidense que tuvo su gloria en los años veinte y treinta, tanto en el cine como en el teatro, para luego de caer en manos del alcohol hasta su muy gris desaparición durante la Segunda Guerra Mundial.

Hoy, en el Teatro México del Centro Teatral Manolo Fábregas, se evoca a aquella estrella al interno de una comedia de Paul Rudnick, bajo la dirección de Rafael Perrín.

Se trata de Yo odio a Hamlet, que nos muestra las peripecias de un joven actor de televisión y comerciales, al que le ofrecen el papel de Hamlet en una obra al aire libre sin ninguna perspectiva económica y con sólo alguna vaga intención artística. Alquila un departamento que en su momento perteneció a John Barrymore y allí comienza una relación con su fantasma, que lo preparará para asumir el histórico papel que a él lo lanzó a la fama. La propuesta, de carácter liviano como corresponde a una comedia, es sin embargo inteligente, aunque un tanto "romántica: se plantea la disyuntiva entre hacer televisión y malograrse como artista pero ganar mucho dinero, o intentar hacer teatro como una forma de arte, aunque éste no garantice ni el talento, ni el éxito y mucho menos el dinero. Y esto comendado por un Barrymore que por supuesto gozó una muy buena posición económica e hizo cuanta basura le ofrecieron. No en televisión porque aún no existía, pero sí en cine y teatro.

Todo este juego de ideas está dado al interno de una obra estrictamente comercial, que además está interpretada y dirigida como tal, jugando a agregar contradicciones y guiños a lo que se hace y dice en ella.

Es atractiva la propuesta porque es redonda, en el sentido de que el discurso envuelve al propio hecho teatral, que se nos muestra formando con él una unidad. Los intérpretes actúan como naturalmente lo haría casi cualquiera en una comedia de ese tipo y en ese espacio. Es decir, de manera superficial, un tanto adocenada, sin ningún espesor, con muy baja densidad actoral. Sin embargo, están hablando justamente de que así no se debe actuar, sino hacer un teatro mucho más vital y comprometido con lo artístico, mientras el actor que funge como productor –al que se lo muestra como un semi analfabeto de pésimo gusto e intuición sólo para el negocio– desprecia abiertamente todo eso y pregona que lo que realmente importa es el di-ne-ro. Entonces siempre queda la posibilidad de pensar que hay un juego de cajas y la actuación que vemos está fríamente calculada y por ende es pertinente.

En fin... pero eso siempre será en todo caso en los tres actores masculinos: Otto Sirgo en el papel de Barrymore, con grandes ademanes y una ampulosidad verbal y gestual que refleja la concepción de aquel teatro de hace casi un siglo; Francisco de la O como el aprendiz titubeante y al parecer sin demasiado talento más que para vender "chispitas", y Vicente Torres como el clownesco productor. En lo que hace a las tres actrices: Rebeka Mankita como la representante del joven actor, Gabriela Canudas como su novia y Norma Lazareno en el papel de una antigua amante de Barrymore, están francamente como paseando por el escenario y jugando al cliché, y muy poco hay para salvar en este rubro.

En lo que hace a Perrín como director, más bien organiza el espacio y los movimientos para que el montaje sea fluido y maneja un ritmo adecuado para que el público pueda montarse con efectividad en la propuesta. No mucho más. Y en cuanto a la escenografía, como casi siempre en este tipo de comedias, es "de sala", con su puerta de entrada y escalera al primer piso, bien "de teatro", y pertenece a Rocío Martínez.

En fin, es un trabajo que tiene puntos a su favor y una cierta atipicidad temática. Salve Barrymore, al que el mundo bastante ha olvidado y tal vez con justicia.

YO ODIO A HAMLET, de Paul Rudnick. Dir.Rafael Perrín. Con Francisco de la O, Otto Sirgo y Norma Lazareno. Teatro México, Centro Teatral Manolo Fábregas, Velázquez de León 31, San Rafael (Metro San Cosme), 5546-1431. Viernes, 19:00 y 21:30; sábado, 18:00 y 20:30; domingo, 17:30 y 20:00 horas. Loc. $200.' Sistema Ticketmaster, 5325-9000. Adolescentes y adultos. Duración aproximada 110 mins. Estacionamiento. (Centro)