FICHA TÉCNICA



Título obra Kai on (sonidos del mar)

Autoría Irene Akiko Lida y Teresa Ulloa

Dirección Teresa Ulloa

Elenco Carmen Mastache, Carlos Bieletto, Fernando Torres, Daniel Vives

Espacios teatrales Teatro Rafael Solana

Referencia Bruno Bert, "Juguete escénico", en Tiempo Libre,30 enero 2003, p. 23.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Tiempo Libre

Columna Teatro

Juguete escénico

Bruno Bert

En el teatro Rafael Solana, ubicado en el Centro Cultural Veracruzano, se ha estrenado una obra que bien puede ubicársela como de producción intercultural. Se trata de Kai On (Los sonidos del mar), espectáculo producido y dirigido por Irene Akiko Iida y Teresa Ulloa.

La estructura se basa en el teatro clásico japonés, sólo que manejado de una manera reminiscente, con amplia libertad para cambiar elementos o introducir otros de corte occidental. Dos son los personajes, un poco como los protagónicos del No, y como en él las acciones están narradas en lugar de suceder en la escena. Claro que el diseño espacial y la estructura de movimientos apenas si es una suave evocación de esos referentes.

Existe también, como en el teatro clásico de ese país, un pequeño conjunto orquestal en escena, que a través de la voz, los sonidos y la música apoyan y complementan la narración. Pero en este caso se ha conservado un solo instrumento japonés de cuerdas –un "koto" a cargo de Yukari Hirasawa– mientras que el resto está constituido por el grupo Tribu (Agustín Pimentel, Alejandro Méndez, David Méndez y Ramiro Ramírez) que maneja esencialmente percusiones y vientos de corte prehispánico. Lo acertado y creativo de este ensamble lo pone indudablemente en un primer plano de interés para el público.

Los dos actores son occidentales –Daniel Vives y Carmen Mastache– pero asumen con presencia y entrega personajes, vestuarios y estructuras de movimiento que resultan estrictamente japoneses, narrando una fábula poética cuyo texto es de las directoras del trabajo, con la incorporación de algunos Haikus y Wakas originales (formas poéticas tradicionales) que son dichas tanto en japonés como en español. Apoyándolos, hay dos servidores de escena (Carlos Bieletto y Fernando Torres), lo que en Japón se llaman "kurokos", sólo que modificados para que por momentos "no existan", como sería su función original, y en otros, en cambio, intervengan activamente en estructuras coreográficas. A esto se le suman algunos objetos, como telas, banderas, armas, etcétera introduciendo números de danza/acrobacia y de habilidad en el manejo de esos elementos con un aire que nos recuerda un poco el Kabuki, teatro popular tradicional de amplia difusión en Japón.

Llama la atención el cuidado de los trajes –muy bellos y pertinentes, incluyendo los de los músicos– lo mismo que la calidad de los objetos escénicos, y aunque esto no llega a la estricta meticulosidad de los originales japoneses, los recuerdan de una manera permanente. También es grata la ingenuidad de la historia –los amores imposibles de un pastor y una princesa fugitiva y el sacrificio de esta última al espíritu del mar– y el profundo sentido poético que impregna todo este juguete escénico. Tal vez lo más débil sea el uso de la voz por parte del actor. Y no me refiero a una posible debilidad vocal, ya que cuando canta al final lo hace con excelente fluidez, sino a la elección tonal por parte de la directora, que incluye así un material casi naturalista (como un porcentaje significativo de sus movimientos) en una estructura en donde todo es simbólico. Esto vuelve a los textos intrascendentes. Los perdemos, los abandonamos frente a la potencia expresiva de los instrumentos, los trajes, los objetos... Siento que deberían haber sido tratados con un mismo valor simbólico que el resto de los elementos para poder gozarlos en un mismo nivel. Aquí el sentido de "verdad" indica que ésta simplemente se encuentra en la pertinencia del elemento empleado, no en la cercanía de un tono vocal al cotidiano. Rara elección seguramente consciente, porque Irene Akiko Iida, ha manejado con extraordinaria habilidad, prácticamente de virtuosa, el trabajo vocal de El automóvil gris, en esta temporada del 2002.

En definitiva, un trabajo disfrutable con una muy especial mención a la música y los músicos, que unen lo lejano en el tiempo y el espacio (instrumentos prehispánicos y cultura japonesa tradicional) logrando una formalización bella que estrecha culturas y sintetiza lenguajes.

KAI ON (SONIDOS DEL MAR), de Irene Akiko Lida y Teresa Ulloa. Dir. Teresa Ulloa. Con Carmen Mastache, Carlos Bieletto, Fernando Torres y Daniel Vives. Teatro Rafael Solana, Miguel Angel de Quevedo 687, Coyoacán, 5554-1633 y 5659-8538. Miércoles, 20:30 horas. Loc. $160. Adolescentes y adultos. Duración aproximada 80 mins. Estacionamiento. (Sur)