FICHA TÉCNICA



Título obra La marquesa Rosalinda

Autoría Ramón del Valle Inclán

Grupos y compañías Teatro Universitario Cubano

Notas de grupos y compañías Luis A. Baralt y Antonio Vázquez Gallo / directores

Espacios teatrales Teatro del Palacio de Bellas Artes

Eventos Temporada de Teatro Internacional

Notas de eventos Salvador Novo / organizador

Notas Con motivo de la presentación del Teatro Universitario Cubano en la Temporada de Teatro Internacional, el autor hace una breve historia del teatro cubano

Referencia Armando de Maria y Campos, “Origen y realidad del teatro universitario cubano que presentará obras de Valle Inclán y Eurípides durante la temporada de teatro internacional que celebra México”, en Novedades, 16 marzo 1950.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Origen y realidad del teatro universitario cubano que presentará obras de Valle Inclán y Eurípides durante la temporada de teatro internacional que celebra México

Armando de Maria y Campos

La noche del 20 de mayo de 1910, octavo aniversario de la instauración de la República de Cuba, tuvo lugar en el viejo teatro Tacón de La Habana un acto decisivo para el porvenir del teatro en la Perla de las Antillas. Cuba, dueña de una vigorosa tradición teatral que tuvo a lo largo del siglo XIX oportunidad de crear un gran teatro con fisonomía propia, carecía, sin embargo, de una orientación propia en materia de creación, producción e interpretación de una escena que no fuera simple eco hispano. Con la intención de estimular la producción de obras de carácter nacional se fundó a principios del año 1910 la Sociedad de Fomento del Teatro, figurando entre sus socios fundadores más entusiastas José Antonio Ramos, Max Henríquez Ureña, Bernardo G. Barros, Ramón A. Catalá y Luis Baralt. Una compañía que encabezaba la actriz cubana más famosa de la época –muy conocida y estimada en México– Luisa Martínez Casado se proponía representar obras de Gertrudis Gómez de Avellaneda y de José Martí.

Aquel esfuerzo no dio en el blanco. Sin embargo, se había abierto un surco. La frívola clase alta habanera no estaba aún preparada para sostener y comprender la noble idea de dotar a Cuba de un teatro de más amplios horizontes que el que le presentaban las compañías españolas –algunas francesas o italianas– en renovadas, reiteradas giras con obras "de repertorio". Dos años después iza la bandera arriada la Sociedad del Teatro Cubano, que tiene por principales promotores a Gustavo Sánchez Galarraga, Salvador Salazar y Lucido de la Peña, en primer término, a los que en seguida secundaran Julián Sanz, León Ichaso y Enriqueta Sierra. Se logró dar una serie de doce funciones. En temporadas sucesivas, nunca de larga duración, se estrenaron obras de Ramos, Sánchez Galarraga, Sánchez Verona, Hernández Catá, Sanz e Ichaso, que interpretaron en los roles más responsables la familia Martínez Casado, Celia Adams, Manuel de la Bandera. Empezó a publicarse una revista bimestral Teatro Cubano, donde se publicaron las más notables piezas estrenadas por las compañías que patrocinaba la Sociedad del Teatro Cubano. La primera guerra mundial impuso una pausa a estas actividades, pero no entibió el interés por fincar un teatro específicamente cubano. Don Antonio González Curquejo publicó Breve ojeada sobre el teatro cubano al través de sin siglo 1820-1920 y don Salvador Salazar El teatro cubano en el que también estudia la producción nacional hasta 1920. Pasan varios años sin que nada realmente serio continúe los trabajos iniciados por las sociedades de Fomento del Teatro y del Teatro Cubano, hasta que en 1936 Francisco Ichaso publica su ensayo Nuestra escena, en el cual suscinta y galanamente bosqueja el desarrollo del género dramático en Cuba, como fondo de las actividades contemporáneas del grupo dirigido por Luis A. Baralt, de visita estos días en México, para participar –esta noche con La marquesa Rosalinda de Del Valle Inclán, mañana con Medea de Eurípides– en la temporada de teatro internacional que se desarrolla en Bellas Artes.

Los antecedentes del Teatro Universitario cubano de visita en México se encuentran en el movimiento conocido por Teatro de Arte de La Habana "La cueva", organizado en 1936 y dirigido por Luis A. Baralt, el cual ha dado a conocer en la isla mayor de las Antillas avanzadas corrientes de la técnica europea y americana. A ejemplo de éste, la dirección de Cultura de la Secretaría de Educación celebró con éxito una temporada de teatro cubano en 1938. Hubo otra activa temporada invernal de teatro cubano en 1941. En 1942 se fundó la agrupación Patronato de Teatro, dedicada a fomentar las representaciones de alta jerarquía. Su primera representación fue realizada al aire libre, bajo las columnas griegas que rodean la plaza central de la Universidad de La Habana. Se eligió necesariamente una obra griega: Antígona de Sófocles; este éxito fue sucedido por los que alcanzaron las representaciones de Hécuba, Orestes y Medea –que mañana presentarán a nuestro público los directores y actores que nos visitan–; su producción más reciente, en el estadio de la Universidad, para un público de cuatro mil espectadores, ha sido la de La discreta enamorada de Lope de Vega, y la más ambiciosa, la de un Hamlet que le llevó a Baralt cerca de un año de ensayos.

Comparten la responsabilidad del fecundo movimiento teatral que florece en Cuba con el Teatro Universitario que nos visita, la Academia de Artes Dramáticas de La Habana y el Patronato del Teatro. Este es una sociedad institucional fundada por personas de buena situación económica –sus asociados pasan de dos mil– que mantiene y sostiene las actividades de sus actores y autores. Un reciente acuerdo del Estado le permite disfrutar de los beneficios de un sorteo especial de la Lotería Nacional de Cuba. El municipio de La Habana sostiene por su parte una Academia para formación de actores, directores y técnicos del teatro en general. Finalmente, una revista, Prometeo, órgano de la Academia de Artes Dramáticas, dedica la mayoría de sus páginas a las artes teatrales.

Durante largos periodos del siglo pasado, cuando Cuba iniciaba sus esfuerzos para independizarse de España, fueron muchos los autores cubanos que estrenaron en México, siempre con éxito: Francisco Díaz, que escribió un Cuauhtémoc; Ildefonso Estrada y Zenea, Juan Miguel Losada, José Martí, Pedro Néstor Pequeño –que escribió un drama en verso sobre Moctezuma–; Alfredo Torroella, cuyo drama El mulato, fue en México el más vigoroso grito de libertad en favor de Cuba; Ramón Francisco Valdés. Y, naturalmente, el genial Heredia, cuyo paso por México señala uno de los más vigorosos capítulos de nuestro teatro nacional en formación, a principios del siglo pasado. José María Heredia, quien hizo de México su segunda patria, escribió, estrenó e imprimió en nuestro país cuanto quiso, como un mexicano más. Su corta y agitada vida le impidió estrenar dos obras de gran aliento con asuntos mexicanos:Moctezuma, o los mexicanos, tragedia en tres actos y en verso, fechada en 1819, cuyo manuscrito custodia la Biblioteca del Senado en Cuba, y Xicoténcatl, o los tlaxcaltecas, tragedia en cinco actos, fechada en 1823, cuyo manuscrito inconcluso se guarda en los anaqueles de la Biblioteca Nacional de Artes y Letras de La Habana. Recientemente radicó entre nosotros José Antonio Ramos, fundador, en 1910, de la Sociedad de Fomento del Teatro. Entre nosotros publicó En las manos de Dios... drama en dos actos (1933), sobre nuestro entonces palpitante problema religioso.

Hago votos porque en próxima visita del Teatro Universitario, sus directores Luis A. Baralt y Antonio Vázquez Gallo nos presenten obras cubanas de autores cubanos. La nómina de éstos es grande: José Antonio Ramos, Gustavo Sánchez Galarraga –muerto en 1934–, Ramón Sánchez Varona, Salvador Salazar y Roig, Juan José Remos Rubio, Jorge Mañach y Robato, Luis A. Baralt, Marcelo Salinas, Reinaldo López del Rincón, Gerardo L. Betancourt, José Miró y Argenter, Miguel Navarrete, N. Vidal y Pita, Francisco Domenech, León y Francisco Ichaso, Julián Sanz, Marino López Blanco, Felipe Pichardo Moya, José López Montes, Juan Domínguez Arbelo, Rafael Suárez Solís, Emilio Bacardí y Moreau, Ángel Clarens, Carlos Forment, Avelardo S. Varona, Mario Sorondo, César Rodríguez Expósito, Miguel Ángel Macau, Erasmo Regüeiferos, Mario Guiral Moreno, Agustín Rodríguez, José Sánchez Arcilla, etc., etcétera.