FICHA TÉCNICA



Título obra Rosalba y los llaveros

Autoría Emilio Carballido

Dirección Salvador Novo

Notas de dirección Julio Prieto / colaborador

Elenco Rosa María Moreno, Carmen Sagredo, Pilar Souza, Socorro Avelar, Raul Dantés, Soledad García, Tara Parra, Astrid Lupino, Jorge Martínez de Hoyos

Escenografía Antonio López Mancera

Grupos y compañías Actores del INBA

Espacios teatrales Teatro del Palacio de Bellas Artes

Eventos Temporada de Teatro Internacional

Notas de eventos Salvador Novo / organizador

Notas Obra inaugural de la Temporada de Teatro Internacional del Centro Mexicano de Teatro y del Insituto Internacional de Teatro de París

Referencia Armando de Maria y Campos, “Inauguración de la temporada de Teatro Internacional y estreno de la comedia mexicana Rosalba y los llaveros de Emilio Carballido”, en Novedades, 14 marzo 1950.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Inauguración de la temporada de teatro internacional y estreno de la comedia mexicana Rosalba y los llaveros de Emilio Carballido

Armando de Maria y Campos

Como el adolescente Marchbanks de Shaw que posee ya el secreto del mundo, Emilio Carballido ha llegado a la escena mexicana con su obra primigenia bajo el brazo, juvenil y madura a un tiempo. Bienvenida sea la llegada de Emilio Carballido al teatro mexicano, tan poblado de mercaderes y de voces cargadas de resonancias. Con su comedia –asainetada– Rosalba y los llaveros, elegida entre las de varias de autores mexicanos también noveles, y estrenada el sábado –11 de marzo– en el Bellas Artes como principio de la temporada de teatro internacional que ha organizado el Centro Mexicano de Teatro a iniciativa y consejo del Instituto Internacional de Teatro de París, penetra un fresco hálito de costumbrismo fino, de concienzuda renovación en el procedimiento de hacer "teatro mexicano", de claro ingenio que aporta una voz, personal y firme; de la que tanto ha menester la dramática nuestra; agudo y valiente sentido del humorismo que provoca chispas de hilaridad a golpes certeros de ingenio, y revela, faz definitiva en la obra primigenia de un novel, claro concepto del teatro, aptitud.

Salvador Novo, organizador de este ciclo de teatro internacional, director de Rosalba y los llaveros, expuso en forma clara los fines de esta temporada, explicó la forma en que había sido elegida la obra mexicana que representará a México en este evento teatral, y apuntó la calidad y mérito de ésta como producción de un novel. Muy puesto en razón todo, y muy justo, para situar la importancia prometedora del suceso. Al consejo del Instituto Internacional de Teatro debemos, pues, que surja hoy triunfalmente el nombre de Emilio Carballido, a quien está reservado, si sigue la magnífica y limpia línea teatral observada en Rosalba y los llaveros, el más espléndido porvenir. Nuestra creencia constante en los noveles, la petición de apoyo para sus intentos, se han visto sobradamente satisfechas con el estreno de la comedia de costumbres de Carballido, porque Rosalba y los llaveros no indica solamente el acierto de un novel, sino que indica un modo teatral, una nueva concepción de teatro mexicano, y sobre todo, y más en un primerizo, la sabiduría de expresión más feliz para revelar, "tratar" y resolver un problema de adolescencia tal vez característico en muchas regiones mexicanas, en donde la tradición continúa oponiendo una feroz barrera de ignorancia y miedo a las ideas avanzadas de las grandes ciudades.

Rosalba, muchacha provinciana educada en la ciudad de México, vuelve a su pueblo, uno cualquiera de la costa de Sotavento, con motivo de las fiestas del santuario local, y se encuentra con su familia hundida en una serie de conflictos íntimos que hace a todos desgraciados, sin remedio.

Rosalba, un poco empachada de erudición libresca, se propone arreglar el mundo en que viven sus parientes, y haciéndola con audacia de métome-en-todo, pone manos, palabras, ideas y coquetería a la obra. Y el resultado es una obra, es decir, una comedia de costumbres y viejas ideas mexicanas, en la que hay momentos de tal calidad teatral que para sí quisieran los más avezados en el oficio. Porque Carballido, novel, tiene "su" técnica teatral. ¿Quiere decir esto que la tan mentada "técnica teatral" es un mito, o que cada "maestrito" tiene la suya? No tal. La técnica existe y es imprescindible para los que no tienen nada qué decir, que sin sus recursos se encontrarían perdidos. Como autor intuitivo –el autor de teatro nace– Carballido no tiene aún técnica propia. Pero lo salva su capacidad intuitiva para crear la acción, base y clave de todo teatro. El centro, la raíz de la acción de la comedia de Carballido, es Rosalba métome-en-todo: Rosalba va y viene, habla, escucha, piensa, actúa y tantas idas y venidas, tantas vueltas y revueltas son de mucha utilidad, porque en la casa de los llaveros entra al fin la razón que podrá hacer felices a Rosalba y sus parientes. La lucha que se entabla entre Rosalba y los llaveros está conducida con mano hábil, más de lo que podía esperarse en quien se inicia en el teatro, y detallada con claridad.

Todo en ella, asunto, realización, recursos, tiene un ponderable sello de jerarquía y de bien lograda eficacia escénica. El diálogo reproduce, y qué gran mérito es éste, los modos de hablar de los personajes –el que el autor usa en Lázaro no puede ser más justo ni estricto– que sí son mexicanos, no por este o aquel vocablo pintoresco, ni por el modo de vestir de los personajes; lo son por sus reacciones sentimentales, por la concepción del mundo en que viven.

Carballido ha hecho suyo el secreto de expresarse teatralmente, que mueve personajes e ideas con la más feliz y simpática desenvoltura. No hay una escena que sobre en el recuento de cada acto –si la hubo, se la suprimió; tal vez por eso la obra termina antes de que lo proyectara el autor–; existe entre ellas una ligazón excelente y lógica; todo se expresa teatralmente, sin que una frase sustituya a una parte de la acción; no hay diálogos trascendentales ni escenas cumbres; todo obedece a una medida justa. Hasta la mexicanidad –costeño jarochismo– que empapa sus escenas, como el agua del Papaloapan a todos los otatitlanes con sus respectivos llaveros que encuentra en su tranquilo y refrescante curso...

La interpretación deRosalba y los llaveros por actores del Instituto Nacional de Bellas Artes, excelente, respetuosa, encariñada con todos y cada uno de los personajes. Muchos de los jóvenes "becados" pueden andar ya solos por los escenarios que les vengan en gana. Rosa María Moreno sostuvo con vigor su difícil Rosalba, personaje que requiere tantos matices, y supo imprimírselos. Igual juicio merecen Carmen Sagredo, Pilar Souza y Socorro Avelar, en los suyos. De magnífica puede calificarse la interpretación que logró Raúl Dantés del tipo a su talento encomendado. Completaron el cuadro de la cuidada interpretación Soledad García, Tara Parra, Astrid Lupino y Jorge Martínez de Hoyos.

La realización escénica está cuidada en todos sus detalles. La escenografía, que logra dar al escenario la expresión y el ambiente que requieren la acción interna y externa de la obra es de un nuevo y ya estimable escenógrafo mexicano, Antonio López Mancera. El director Novo está presente como tal, y como colaborador también, en el curso de toda la obra. Lo mismo que Julio Prieto.

Lo mejor de los aficionados al teatro de México asistió al estreno de Rosalba y los llaveros. En representación del señor presidente de la república, el secretario de Educación Pública. La temporada de teatro internacional se ha iniciado bajo prometedores, inmejorables auspicios.