FICHA TÉCNICA



Título obra Historia de una escalera

Autoría Antonio Buero Vallejo

Espacios teatrales Teatro Arbeu

Notas Semblanza autobiográfica de Antonio Buero Vallejo y comentarios del autor a Historia de una escalera

Referencia Armando de Maria y Campos, “El sentido dramático y el secreto del éxito de Historia de una escalera”, en Novedades, 12 marzo 1950.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

El sentido dramático y el secreto del éxito de Historia de una escalera de Buero Vallejo

Armando de Maria y Campos

Desde los primeros momentos de la representación de Historia de una escalera, del novel Antonio Buero Vallejo, que con ésta su primera pieza dejó de serlo para siempre, el espectador advertirá que es la obra que el teatro español estaba necesitando para ayudarlo a salir de su mediocridad. Un crítico joven de España, Arturo del Hoyo define la crisis que ha provocado Historia de una escalera, al decir que "desde 1939 el teatro español ha ido viviendo de ruinas; con novedades que nunca alcanzan el prestigio de las ruinas".

El estreno en México –esta noche, teatro Arbeu– de Historia de una escalera no debe pasar inadvertido. La tradición teatral nuestra muchas veces ha estado ligada al teatro que se escribe y representa en España.

La aparición de un autor nuevo y maduro a la vez, debe interesarnos tanto como el descubrimiento de uno nacido aquí. Este, y aquél, y el que nace en la Argentina –Conrado Nalé Roxlo v.g.–, que será dado a conocer a nuestro público durante la temporada de teatro internacional, todos están haciendo teatro español. En vísperas de conocer Historia de una escalera de Buero Vallejo, sepamos de una buena vez quién es él. Mejor dicho, oigamos lo que nos dice Antonio Buero Vallejo del autor de Historia de una escalera (Buero Vallejo ha tenido la generosa bondad, fina muestra de su espíritu de camarada, de enviarme unas líneas autobiográficas, que reproduzco en seguida):

"Nacido en Guadalajara en 1916. Temprana afición al dibujo y a la pintura, 1926: comienzo el bachillerato. 1927: a causa del destino de mi padre a la Comandancia de Ingenieros de Larache, año y medio allí y agradable recuerdo de aquella tierra para toda la vida. Vuelta a la península –Guadalajara de nuevo–. Lecturas favoritas entonces: Wells, constantes lecturas de teatro en las publicaciones, célebres por entonces, coleccionadas por mi padre: La novela teatral, Los contemporáneos, Comedias, El teatro, La farsa, etcétera. Gano un concurso literario entre estudiantes de bachillerato y magisterio de Guadalajara. Ampliación de lecturas: clásicos y modernos en general y sin orden. Descubro la llamada Generación del 89 y me entusiasmo con Valle Inclán. 1934: ingreso a la Escuela de Bellas Artes de Madrid para estudiar pintura. A causa de la guerra civil quedan interrumpidos estos estudios. La guerra y la posguerra me inclina creadoramente a lo literario. En 1946 escribo mi primera comedia. La tertulia de escritores del café Lisboa me acoge los sábados por la noche. En aquel ambiente estimulador, de lecturas y concursos íntimos, mis amigos me premian el drama en un acto Las palabras en la arena, premiado después por la Asociación Amigos de los Quintero y estrenado recientemente en el teatro Español. Sin la menor esperanza de ganarlo y desasistido de toda representación, me presento al concurso Lope de Vega del Ayuntamiento de Madrid –el más importante concurso teatral de España cuyo premio me conceden.

"Este concurso no se había vuelto a convocar desde que, en 1934, lo ganó Alejandro Casona con La sirena varada. Mi obra ganadora –Historia de una escalera– se estrena en el teatro Español el 14 de octubre de 1949 y alcanza un gran éxito de 189 representaciones, terminándose el 22 de enero del corriente por exigencias de programación. La tradicional representación de dicho teatro oficial de Don Juan Tenorio durante la primera quincena de noviembre, es suspendida por primera vez en la historia del teatro Español a causa del éxito de mi comedia.

"Historia de una escalera, escrita en el año 47, es la tercera de mis comedias. No rodó mucho; fue rechazada por un empresario y dormía en otro teatro cuando me la premiaron. La escribí porque la tentación de escribir el drama de lo vecinal y la tentación de resolver el problema teatral de una escalera como escenario, se me ofrecieron simultáneamente. La obra está dentro de una preocupación por el tiempo y el espacio común del teatro contemporáneo. Creo que es una comedia que plantea muchas cosas sin resolver ninguna... dialécticamente. Pero las resuelve patéticamente. En el fondo, es una tragedia. Sólo el sentido trágico puede hoy, salvar al teatro. Y ya lo está haciendo con el mundo.

"Como humilde aficionado escribo alguna vez poesías y cuentos. Y, cada día menos profesional y más humilde aficionado, continúo pintando. En la actualidad la obra premiada se traduce también al italiano y se rueda una película sobre ella. Tengo proposiciones de traducción al alemán, al francés y al inglés. Concibo con dificultad y planeo larga y despaciosamente mis comedias. El tiempo material para escribirlas suele ser, en cambio, corto. Algunos títulos inéditos: En la ardiente oscuridad; Aventuras en lo gris; El terror inmóvil. El dramaturgo moderno que prefiero es Eugene O'Neill. Admiro, por encima de los escritores modernos, a Valle Inclán y a Unamuno. Me gusta mucho El gesticulador, de vuestro Usigli, que he oído leer estupendamente a Alfredo Gómez de la Vega. El año pasado publiqué un estudio crítico biográfico sobre Gustavo Doré".

La escalera de la casa de vecinos que Buero Vallejo ha llevado al teatro es una de tantas escaleras que hay en el mundo. Gran acierto de autor esa escalera –los tres actos de la pieza se desarrollan en ella–, como legítimo artificio para presentar el curso de unas vidas. Por los escalones de esa escalera bajan y suben amores, envidias, odios, amistades, muertes y toda clase de pasiones. La realidad es tan firme que el teatro, a fuerza de invención de inteligentísima invención, ha superado las invenciones. Como es lógico, en la vida de esa escalera no hay personaje propicio para el cargo de protagonista; lo son todos y cada uno de los que intervienen en el proceso de esas vidas humildes, que sueñan, viven y mueren. Imagine el lector una escalera de una casa de vecinos, gris y anodina. Ahora, veámosla en tres momentos de su vida, que a nadie importa cuándo comenzó y nadie sabe cuándo concluirá: 1919, 1929 y 1949. Nada más, y eso es todo. Desde 1919 hasta 1949 la vida sube y baja por esa escalera que, por eso, porque sus escalones están gastados por el uso cotidiano y sus barandales charoleados por la mugre de los días, tiene una historia. Al aparecer la escalera, el espectador tendrá la seguridad de que no es por que empieza la historia, pues ésta viene de muchas años atrás, y cuando cae el telón nadie creerá que la obra acaba ahí; al contrario, todos pensaremos al desfilar silenciosamente rumbo a la salida, que ahí donde ha concluido el tercer acto o capítulo, empezará otro, tal vez habrá empezado ya, sin nosotros, cuando lleguemos a la puerta de la calle del teatro, porque la sustancia de Historia de una escalera de Buero Vallejo es anterior a cuando sentimos que empieza y posterior a cuando sabemos que no concluye.

En esta sustancia humana y teatral radica el sentido dramático de la obra de Buero Vallejo, y el secreto de su éxito absoluto y perdurable. Pocas horas faltan para que el público de México compruebe lo que afirmo.