FICHA TÉCNICA



Título obra El doliente designado

Autoría Wallace Shawn

Dirección Juan José Gurrola

Elenco David Hevia, Gabriela Gurrola, Héctor Téllez

Espacios teatrales Sala Xavier Villaurrutia

Referencia Bruno Bert, "Rancias miserias", en Tiempo Libre, 17 octubre 2002, p. 21.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Tiempo Libre

Columna Teatro

Rancias miserias

Bruno Bert

Naturalmente, el mundo de las ideas es de apariencia incorpórea. Es decir que el reducido universo de poder de los intelectuales parece estar hecho de puras sensaciones reflejadas en la memoria. No hay acciones, éstas aparentan hacerlas los demás, mientras ellos testimonian desde su limbo de marfil. Estoy hablando del contexto donde se desarrolla El doliente designado, la obra de Wallace Shawn que ha dirigido Juan José Gurrola para el INBA. Un material interesante e irritativo corno casi todo lo que lleva a escena este creador, al que se le acaba de hacer un importante homenaje por su larga y fértil trayectoria.

Aquí, tres intelectuales, en una especie de mesa redonda, desgranan en largos monólogos cruzados la muerte violenta de su mundo. No casualmente uno es viejo (se llama Octavio y es poeta), la otra es su hija y el tercero el frustrado marido de la misma. El estar en esa mesa frente al público en una aparente coexistencia de tiempo y espacio es en realidad luna mera convención. Tanto Octavio como su hija Elena ya han muerto en un pasado indefinido y Jack (cuyo nombre coincide con el del famoso destripador, por cierto) "llora" el pasado justamente destripándolo, para dejar a la vista que los cotos de poder no son más que alianzas familiares para el disfrute de una elite que se despedaza entre sí mientras desprecia al resto. La inteligencia periódicamente es sometida a purgas dentro de los propios estamentos del poder.

Tres, sentados en una mesa hablando. Peor, monologando. No hay acciones decíamos arriba, no hay una estrategia del espacio. Sólo muerte, ideas y recuerdos. Y un fuerte olor a descomposición invadiéndolo todo. Es natural que el espectáculo resultante pueda ser por momentos de una gran fascinación, y en otros, terriblemente aburrido y rechazante. Porque en el fondo coexiste, tal vez por parte del autor o tal vez del director, una condena y un tanto de nostalgia por aquello que se pierde y desgrana en la' narración. La ambivalencia no parece sólo de los personajes, sino también en cierta medida de sus creadores. No sé bien por qué enlacé imaginariamente este texto con lo que narra una ayuda de cámara de Luis XVI que comparte con el condenado rey sus últimos días. También él es el "doliente designado" de un mundo al que no pertenece totalmente, al que rechaza y admira por igual, y del que finalmente se asume como su sepulturero intelectual.

Las elites que' evoca la obra de Gurrola son tan rancias como aquéllas, aunque las encontremos mucho más cerca de nosotros tanto en tiempo como en espacio, vestidas de palabras y gestos nuevos, pero ostentando las mismas miserias de siempre.

Lo que sostiene la puesta no es sólo el entramado de palabras, fundamental, sin duda, sino cómo los actores pueden asumirlas casi como un dolor corporal del que uno se desprende. Héctor Téllez asume a Octavio, Gabriela Gurrola es Elena y David Hevia el sobreviviente Jack. Muy sólido el trabajo de los tres. Sobre todo porque el naturalismo extremo que intentan es manejado siempre desde un freno que pone en evidencia la sensualidad retenida de una clase que alaba la pureza y desprendimiento de las ideas, y aspira en cambio a una muy concreta materialidad en los actos políticos, donde cultura es sinónimo de coto privado y pertenencia de pocos.

Se trata entonces de una obra que posiblemente hable en particular a algunos que reconocen más de cerca el mundillo recreado, que deje indiferente a unos cuantos y que provoque cierta irritación en los demás. Interesante cuestionamiento a las minorías intelectuales, sobre todo aquellas con un estilo anterior a los noventa, siempre tan poderosas en nuestro país y continente y mutantes como las bacterias, capaces de rehacerse a todas las purgas y liquidaciones.

EL DOLIENTE DESIGNADO, de Wallace Shawn. Dir. Juan José Gurrola. Con David Hevia, Gabriela Gurrola y Héctor Téllez. Sala Xavier Villaurrutia, Centro Cultural del Bosque, Paseo de la Reforma y Campo Marte (MetroAuditorio), 5280-8771. Viernes, 20:30; sábado, 19:00; domingo, 18:00 horas. Loe. $100. Sistema Ticketmaster, 5325-9000. Adolescentes y adultos. (Centro)