FICHA TÉCNICA



Título obra No ser Hamlet

Notas de autoría Ileana Diégez / adaptación

Dirección Ricardo Díaz

Elenco Doménico Espinosa, Mariana Lecuona, Gabriel Yépez, Alfredo Herrera

Espacios teatrales Museo de Arte Alvar y Carmen T. de Carrillo Gil

Referencia Bruno Bert, "Polvo y humo", en Tiempo Libre, 29 agosto 2002, p. 37.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Tiempo Libre

Columna Teatro

Polvo y humo

Bruno Bert

Se acaba de estrenar No ser Hamlet, en las salas del Museo Carrillo Gil. La dirección está a Cargo de Ricardo Díaz. Los últimos trabajos de este teatrista (joven y talentoso director mexicano para quienes no lo conocen) mantienen algunas constantes.

En primera instancia se basan en textos teatrales de autores "clásicos", es decir Calderón, Brecha y ahora Shakespeare. En segundo lugar, sólo los toma como un punto, ya sea de partida o a veces de contacto temático, exponiendo sólo algunos fragmentos y éstos no siempre sin modificaciones o comentarios. Como tercer punto, se trata de espectáculos itinerantes que toman como espacio algo que no es propiamente un teatro, y allí actores y público coexistimos con "objetos" expuestos que nunca fueron construidos ni reunidos pensando relación alguna con el espectáculo que ahora los contiene espacialmente. Como cuarto, los actores empleados bien podrían no serlo en el sentido profesional del término, porque lo que de ellos se exige muy probablemente también podría ejecutarlo alguien externo al teatro bien conducido por la dirección. Además gusta de iluminaciones cercanas al expresionismo, de los elementos multimedia y de un cierto humor a veces bastante hermético, como el espectáculo mismo.

En realidad, asistir a No ser Hamlet es participar en un juego de carácter parateatral, cercano a un performance que específicamente comienza y termina con una burla al teatro que se toma en serio, a. pesar de lo serio 'con que el propio Díaz encara su trabajo. Al inicio una serie de monitores transmiten de manera simultánea y desfasada un texto que lee el maestro Margules, y cuando nos vamos se repite con otro que esta vez desgrana Rodolfo Obregón. Es decir que la teoría y la crítica (burlonamente encaradas) abren y cierran el espectáculo como las carátulas de un libro de Aristóteles que, hueco en su interior, es usado para esconder una botella de licor. O un emparedado. O polvo y humo simplemente.

Pero no tanto. La sombra de Hamlet (no la de su padre) anda rondando por todo el montaje. Y la preocupación de la relación de los actores con el público, y de la función misma del actor, del que hace, del que propone, del que construye. Pero algunos puntos juegan en contra si de capturar la atención se trata. El primero es el manejo de la voz y el texto. Generalmente hay un entretejido de sentidos entre el texto del autor y el hacer del actor. Evitando la ilustración, uno y otro elemento configuran una unidad cualquiera sea el sentido que el director y los actores hayan querido darle. De esa manera escuchamos con los ojos y yernos con los oídos creando unidades. Cuando éstas se rompen se generan otras, por oposición, por analogía o por lo que fuera. Si esto queda totalmente desunido nos vemos obligados a escuchar y ver por separado y buscamos colindancias entre ambos mundos. Si no podemos hacerlo dejamos de entender (en su sentido más amplio) y empezamos a aburrirnos. Por otra parte, la voz que es portadora de texto suele serlo también de sentido, o de un contrasentido o de un sinsentido claramente marcado. Pero si no alcanzamos a oír con claridad (a pesar de ecos y repeticiones) entonces no podemos retener el valor de las palabras ni otorgarles un valor nuevo. Es como un murmullo repetitivo e inconexo... y volvemos a aburrirnos, perdiéndonos aquellos fragmentos que el director consideró importantes conceptualmente.

Y entonces, si no podemos seguir un hilo conductor cualquiera, pedimos que lo que vemos y escuchamos nos despierte la imaginación, el sentimiento o cualquier otra cosa que ande suelta por nosotros a la espera de un estímulo donde encaramarse y hacer lo suyo. Así sea inventando un tapiz de retazos. Admito que durante el espectáculo aboceté cien caminos, pero no pude llegar al final de ninguno de ellos.

Bueno, hay que admitir que tampoco funcionó bien con la poesía de Ezra Pound por ejemplo, y este trabajo tiene bastante de lo que podríamos entender como unidades poéticas. Pero también de provocación, aunque manteniendo estructuras que se advierten apenas se intenta transgredirlas buscando sus límites invisibles, como posibilidades de posición, desplazamientos y distancia con los actores y sus secuencias. En fin... toda obra es un, intento de diálogo, pero no he encontrado las 'claves satisfactorias del mismo.

NO SER HAMLET. Adaptación Ileana Diégez. Dir. Ricardo Díaz. Con Doménico Espinosa, Mariana Lecuona, Gabriel Yépez y Alfredo Herrera. Museo de Arte Alvar y Carmen T. de Carrillo Gil, Revolución 1608, San Angel. Viernes y sábado, 20:00 horas. Loe. $80. Adolescentes y adultos. Duración aproximada 100 mins. (Sur)