FICHA TÉCNICA



Título obra El águila de dos cabezas

Autoría Jean Cocteau

Dirección José Luis Moreno

Elenco Ofelia Medina, Ana María González, Joaquín Cossío, Fráncisco Calvillo

Espacios teatrales Teatro Casa de la Paz

Referencia Bruno Bert, "Un águila ajada por el tiempo", en Tiempo Libre, 1 junio 2002, p. 21.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Tiempo Libre

Columna Teatro

Un águila ajada por el tiempo

Bruno Bert

Jean Cocteau (1889-1963) fue un talento polifacético que reflejó lo más seductor y huidizo de las vanguardias de la primera mitad del siglo XX. Pintó, dibujó, fue dramaturgo, poeta y cineasta, pero sobre todo se expuso como un individuo pasional que también gustó coquetear con el dandismo y el escándalo, como si fuera un Wilde en una sociedad mucho menos reprimida que la Inglaterra victoriana.

Sus obras teatrales –Los padres terribles, La máquina de escribir, Los caballeros de la tabla redonda, etcétera– casi han perdido todas el sabor de lo contemporáneo, a pesar que persisten algunos éxitos míticos, como aquel monólogo, La voz humana, preparado esencialmente para el lucimiento de primeras actrices y que el cine nos legara en la figura de Anna Magnani.

Ahora, en la Casa de la Paz, se ha repuesto otra obra suya cuyo nombre supo adquirir una perdurable notoriedad. Se trata de El águila de dos cabezas, que él estrenara en 1946 y pasara luego al cine en más de una versión. Una "tragedia" romántica con ecos en los melodramas decimonónicos. De esta escuela gustadora del individualismo, la oscuridad y el suicidio toma casi todo: sucede en la torre de un castillo montañoso, en medio de un parque en plena tormenta; la protagonista es una reina con rasgos de locura; se trata de una historia de amor tejida de intrigas políticas; hay muertos antiguos y asesinatos recientes... en fin, el amor, el deseo, el poder y la muerte tejidos como para que Verdi les pusiera música.

Claro que a mediados del siglo XIX la ópera, ese tipo de ópera romántica tenía un sentido muy preciso que inclusive le daba una gran actualidad Mítica y no sólo estética artística. Con vidas reales sirviendo como modelos cercanos, como la vida de Luis II de Baviera, por ejemplo. Cien años más tarde y después de una guerra devastadora, los juegos de reflejos habían disminuido muchísimo la eficacia de ese género teatral y las intenciones políticas se deshacen en una cierta inconsistencia, mientras que los arrebatos emocionales se acercan a estereotipos muy manoseados desde ese entonces a hoy por medios como el radiodrama o la telenovela. Simplificaciones manejadas como estereotipos.

El director, José Luis Moreno, toma la imagen operística y la actualiza apenas a través de las sugerencias escenográficas de Víctor Zapatero, que construye una torre metálica de paredes deslizables y visión muy contemporánea. Pero el resto, desde la puesta al manejo de actores, pasando por la música de apoyo, conserva un envaramiento casi de muñecos como si de antiguos, muy antiguos cantantes de ópera se tratara. El juego puede ser interesante al principio, pero termina volviéndose monótono porque la misma rigidez afecta también a los textos, y entonces a lo falseado de las situaciones anecdóticas se le agrega lo distanciador de un recitado lejano y engolado. Aunque esto no funciona parejo.

El protagónico está asumido por Ofelia Medina, lo cual es una elección correcta porque todo está construido sobre el sistema de prima donna de la música italiana del siglo XIX. Y ella suele alternar una representación rígida y envarada de grandes poses, con momentos más libres, más "a la Isadora", sin salirse de la estructura global propuesta. Los demás presentan tres variables: Ana María González (Edith) y Juan Manuel Pernás (Félix) se ponen a ultranza el traje de la rigidez absoluta, Joaquín Cossío (Conde de Fóhen) transita una estructura más naturalista y Ever Arzate (Stanislás) toma como modelo al protagonista romántico, de esos que ruedan por los suelos y parecen ser llevados por el viento inestable de la pasión en todo momento. Caso aparte es Francisco Calvillo (Nur), un criado negro según el original que aquí –sobre todo en las primeras escenas– parece indicar que la reina virgen gusta tener sus juguetes eróticos y sus divertimentos perversos. Cosa que la obra no reconfirma ni en el original ni en esta puesta, donde él termina siendo simplemente un manso sirviente de confianza.

En definitiva, un águila con más cabezas que alas, que nos permite gustar la presencia de Ofelia Medina y recordar los viejos textos de un vanguardista imprevisible al que le encantaba el éxito social.

EL AGUILA DE DOS CABEZAS, de Jean Cocteau. Dir. José Luis Moreno. Con Ofelia Medina, Ana María González, Joaquín Cossío y Fráncisco Calvillo. Teatro Casa de la Paz, Cozumel 33, Roma (Metro Sevilla), 5286-5315. Jueves y viernes, 20:00; sábado, 19:00; domingo, 18:00 horas. Loc. $80; descuento del 50% a estudiantes, maestros y afiliados al INSEN. Adolescentes y adultos. Duración aproximada 120 mins. (Centro)