FICHA TÉCNICA



Título obra Agatha

Autoría Marguerite Duras

Dirección David Herce

Elenco Constantino Morán, Nieves Rodríguez

Espacios teatrales Teatro La Capilla

Referencia Bruno Bert, "Crepúsculo congelado", en Tiempo Libre, 27 junio 2002, p. 19.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Tiempo Libre

Columna Teatro

Crepúsculo congelado

Bruno Bert

Los textos de Marguerite Duras fueron esenciales dentro de la literatura de renovación que se dio en la Francia de los 50-60, y Agatha es un material casi emblemático de esta escritora en el que se reúnen sus obsesiones básicas, tanto en lo formal como en lo conceptual.

Relata la historia de dos hermanos incestuosos que están a punto de separarse. Y ese "a punto" es fundamental, porque la estructura de diálogo queda así suspendida en un instante donde las acciones son imposibles y el tiempo parte sus aguas en un antes que no termina de concluir y un después que se esfuerzan para que aún no comience. Un punto fronterizo que reclama a la memoria para reinventar lo que sigue.

Ese presente, que es una tierra de nadie que inhibe las acciones porque éstas denuncian el paso del tiempo, es el lugar que muchas veces ha preferido la Duras para su literatura. El recuerdo es fundamental porque permite el regodeo de la repetición o la posibilidad de traicionarlo, cambiándolo levemente con el deseo por lo que debió ser.

Una escritura compleja, muy poco complaciente, capaz de fascinar a algunos y de irritar profundamente a otros con ese estancarse en la inmovilidad aparente, con el jugar repetido de los temas que van sucediéndose con apenas variaciones sutiles de lenguaje. Amor, deseo, trasgresión, familia, ruptura y paso del tiempo. Lo encontramos incluso en sus últimas novelas, aquellas de tanto éxito como El amante de la China del norte, por ejemplo.

He visto varias puestas de Agatha aquí en México. Esta de la que hablamos hoy está dirigida por David Herce y se presenta en el pequeño foro de La Capilla, muy ad hoc para una Obra de este tipo. El director ha diseñado asimismo la escenografía, construyendo un breve muelle que ocupa todo el espacio, suspendido sobre aguas oscuras y seguramente profundas. Muy acertado porque transforma en visual la posición de ese impulso retenido que se vuelve una espera. Y allí, en un crepúsculo congelado, sucede toda la obra.

Un trabajo muy prolijo, tanto por parte del director como de los dos únicos actores: Constantino Morán y Nieves Rodríguez. Hay un cuidado constante que mide los movimientos, que marca ese tiempo lento, que sugiere las emociones, que atiende incluso al vestuario, casual pero con un dejo de elegancia y muy pulcro, muy a la francesa de aquellos momentos, muy analógico con los sentimientos controlados donde la trasgresión es siempre un acto que no perturba las convenciones sociales más de lo necesario. Sin embargo, falta el detalle que no se ve pero debe estar y es la ubicación precisa de la energía de los actores.

Esperar es mantener el cuerpo en el arco de una acción que aún no se realiza: el abrazo que no se dan, el beso que no se cumple, la bofetada que no se lanza, la huida que no termina... y entonces, esos cuerpos, cancelados casi en el espacio, deben estar saturados en el vector en que viven, es decir en el tiempo, en el impulso contenido. Y eso es lo que falta. Aparecen los gestos de la apariencia (el mohín frecuente en ella, las lágrimas en él), pero flotan descarnados, sin que podamos intuir visiblemente sus raíces.

Naturalmente que es algo complejo, que de excederse daría como resultado a actores tensos, pero que no estando, o al menos no estando lo suficiente, dejan demasiado aire a las palabras. En el caso del libro es natural, porque el autor sólo cuenta con la imaginación del lector y ese impulso contenido debe necesariamente encontrarse sugerido en el plano del texto. Pero puesto en escena, el cuerpo debe asumir su cuota o el río de palabras amenaza con sumergir la vida de los personajes.

Creo que es un detalle de madurez creativa, nada más. Lo demás habla de un equipo serio y de un trabajo entregado.

AGATHA, de Marguerite Duras. Dir. David Herce. Con Constantino Morán y Nieves Rodríguez. La Capilla, Madrid,13, Coyoacán. Lunes y martes, 20:00 horas. Loe. S100. Adolescentes y adultos. Duración aproximada 80 mins. (Sur)