FICHA TÉCNICA



Título obra 1822, El año que fuimos imperio

Autoría Flavio González Mello

Dirección Antonio Castro

Elenco Héctor Ortega, Mario Iván Martínez, Hernán del Riego, Martín Altomaro, Juan Sahagún, Sergio López

Espacios teatrales Teatro Juan Ruiz de Alarcón

Referencia Bruno Bert, "Desmitificar la historia", en Tiempo Libre, 30 mayo 2002, p. 21.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Tiempo Libre

Columna Teatro

Desmitificar la historia

Bruno Bert

El teatro histórico periódicamente regresa al interés del público para luego perderse un tanto en el desprestigio de la apología, en la didáctica ejemplificadora o en el novelón romántico. Pero nunca nos abandona, siempre corre de alguna manera, paralelo a cualquier tiempo. Ahora, en el Teatro Juan Ruiz de Alarcón se ha estrenado un ejemplo de este tipo de expresión. Se trata de 1822, de Flavio González Mello bajo la dirección de Antonio Castro.

Como su nombre lo indica, 1822 es una crónica en clave de ironía "del año que fuimos imperio". Así que los personajes son estrictamente históricos, aunque reinterpretado por un autor deseoso de desmantelar figuras estatuarias para mostrar que aquellos hombres, en aquella sociedad, corrían con limitaciones intentos y corrupciones muy similares a las que encontramos hoy en nuestra realidad política.

Son tres los pilares sobre los que la obra se estructura Estos son las figuras y comportamientos de Agustín de Iturbide, Antonio López de Santa Anna y Fray Servando Teresa de Miér. El primero representa con claridad la torpeza política del arribista, su incapacidad para el manejo de mira realmente histórica y el provincialismo de un imperio que más bien parece fiesta de pueblo. El segundo, como es natural, encarna la corrupción en estado puro, el político que pasa de un bando a otro sin ningún escrúpulo y aquél que vendió medio país a Estados Unidos. Por último, Fray Servando es convocado como aquel que intenta manejar los ideales de la independencia, aunque su carácter lo vuelva absolutamente torpe en el manejo dula política y sus hombres.

Mónica Raya construye como propuesta espacial une especie de réplica muy libre de lo que fuera en el siglo XII el Teatro Santa Anna, con sus telones, su bidimensionalidad y sus trastos claramente teatrales a la vista. Es decir que vincula el "teatro de la política" al "teatro" a secas, entendiera do que la intención del autor es una comedia histórica don dé las glorias de vuelven medallas de latón y los laureles simple trasto de utilería. Y lo hace muy bien, acompañante por una iluminación inteligente a cargo de Matáis Gorléro.

El director a su vez incorpora a toda la sala en su propuesta, transformándola en el espacio de la Cámara de Diputados (seres ridiculizados en su intrascendencia pretenciosa), que se sientan entre el público discutiendo las órdenes del día. El manejo es claramente "teatral", quiero decir, sin intenciones miméticas y utilizando de manera abierta los recursos expresivos escénicos, y con un ritmo y una prolijidad que hace gratas cada escena y el eslabonamiento dinámico de las mismas.

También el manejo de actores tiene esta característica. Fray Servando es asumido por Héctor Ortega con su indudable capacidad, su talento y simpatía escénica, pero también con una cierta dificultad en el manejo del texto, al que apura y frena de manera un tanto extraña, formando como pequeñas pausas dubitativas con palabras poco comprensibles que a veces parecen improvisadas. Iturbide cae en manos de Mario Iván Martínez, un compañero de rubro indudablemente sólido que aquí ni siquiera necesita echar mano a muchos recursos para componer al modesto emperador; y Martín Altomaro como Santa Anna, en un trabajo agradable aunque no lo sufientemente maduro para tal personaje. Un detalle curioso es que no hay ningún personaje femenino. ¿La historia será cosa de hombres?

En suma, el trabajo es prolijo y una sana ironía campea en el texto y en la puesta. Aunque también un poquitín de obviedad, de cosa ya dicha y ahora repetida de manera ligera y bien lograda. Pero nunca está de más desmitificar la historia con una sonrisa en los labios para mejor comprender lo que hoy nos pasa. Resulta especialmente recomendable para los más jóvenes.

1822, EL AÑO QUE FUIMOS IMPERIO, de Flavio González Mello. Dir. Antonio Castro. Con Hector Ortega, Mario Iván Martínez, Hernán del Riego, Martín Altomaro, Juan Sahagún y Sergio López. Teatro Juan Ruiz de Alarcón, Centro Cultural Universitario, Insurgentes Sur 3000, Ciudad Universitaria. Jueves y viernes, 20:00; sábado, 19:00; domingo, 18:00 horas. Loc. $70. Adolescentes y adultos. Duración aproximada 150 mins. (Sur)