FICHA TÉCNICA



Título obra Intervalo

Autoría Luis de Tavira y Antonio Zúñiga

Dirección Saúl Meléndez

Elenco Sandra Rosales, Perla de la Rosa, Joaquín Cosío, Antonio Zúñiga

Espacios teatrales Teatro del Centro Cultural Helénico

Referencia Bruno Bert, "Saturación teatral", en Tiempo Libre, 4 abril 2002, p. 19.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Tiempo Libre

Columna Teatro

Saturación teatral

Bruno Bert

Henrik Ibsen, August Strindberg e Ingmar Bergman son nombres que reunidos en un solo espectáculo anticipan una muy considerable dosis de talento, pero también de angustia, frustración y soledad. Y justamente es lo que aportan los textos que Luis de Tavira y Antonio Zúñiga han amalgamado para la construcción de su obra Intervalo, que se ha puesto en escena en el Centro Cultural Helénico bajo la dirección del segundo.

El eje anecdótico lo da el cineasta, con una película antológica de hace treinta años (o algo más) en la que tres mujeres –dos hermanas y una criada– se reúnen junto al lecho de otra, hermana de las primeras, que está agonizando en medio de terribles dolores por un cáncer terminal. La espera de la muerte permite todos los estadíos de la soledad, la incomprensión, la frustración y el sin sentido. Las relaciones humanas se vuelven de una crueldad insoportable y los recuerdos del pasado son casi siempre fuente de culpa. La publicidad habla de "la intimidad femenina reprimida del siglo XIX", y es cierto, pero naturalmente excede este esquema y se adentra en la sensación de ausencia de Dios, que tanto atormentara a Bergman; en la imagen de crueldad de la mujer, que fuera una característica casi permanente de la escritura de Strindberg; y en la sensación de futilidad y egoísmo en las relaciones de las clases burguesas que se halla en tantas obras de Ibsen.

Tal vez lo que resulta de esa compresión de autores es un acentuado grado de saturación. Una especie de grito existencial que dura todo el tiempo de la obra y nos recuerda un poco los excesos de Zolá en tantas de sus novelas, de un realismo que hoy se nos hace más que sospechoso. Claro, aquí el naturalismo deja paso a brochazos de expresionismo –lo que alivia bastante las tensiones con sus gestos angulados y distanciadores– pero igualmente un grito tan prolongado termina por convocar el peligro de dejarnos sordos, es decir, de no poder apreciar realmente la enorme cuota de dolor y de injusticia que contiene. Entonces, la obra se vuelve un poco como un ejercicio teatral preparado para el manejo de actores en distintas versiones de una situación límite.

Antonio Zúñiga y Flavia Hevia, responsables de la escenografía, nos proponen interiores que en el original –y también aquí, aunque menos– eran rojos, como la sangre que se pierde y como el interno de los órganos, desde el corazón que se detiene o la vulva que se cierra o abre con exagerada violencia; cortado sólo por una enorme puerta-ventana que va dando las gradaciones del interno/externo. La idea es buena, pero parece como si la propuesta no estuviera terminada. Falta algo que dé a esa proposición espacial un sentido de unidad, sin necesidad de recrear con meticuloso naturalismo un ambiente de fines del siglo XIX como en el caso de la película. Esto reafirma la sensación de un trabajo cercano a lo pedagógico, a lo escolar, que privilegia la propuesta actoral y de dirección de actores por sobre la concepción espacial específica.

Algo similar sucede con los actores, nueve si incluimos a un pianista en vivo que va complementando la acción con su música, también en flauta, sin incorporarse físicamente a la escena. Su trabajo es interesante, con muchos momentos en los que parecen en realidad explorar las alternativas y posibilidades que da cada personaje por encima de la apropiación de los mismos. También aquí hay algo que quiebra la unidad, que vuelve más interesantes los fragmentos, determinadas escenas por sobre el concepto mismo de obra en tanto algo acabado y redondo.

De todas maneras, Intervalo presenta variados puntos de interés, aunque sature el diapasón del dolor; aunque esté fragmentado en cuanto concepto de puesta y actuación y aunque recuerde más a un largo ejercicio hecho por buenos y talentosos alumnos que a una obra con actores profesionales.

Nos queda la imagen final, con la teoría bergmaniana de que la vida es un viaje turbulento y absurdo del que apenas si podemos rescatar la brizna de un impreciso y fugaz recuerdo de felicidad. El arte es una forma de antídoto frente a tanta soledad. En fin...

INTERVALO, de Luis de Tavira y Antonio Zúñiga. Dir. Saúl Meléndez. Con Sandra Rosales, Perla de la Rosa, Joaquín Cosío y Antonio Zúñiga. Teatro del Centro Cultural Helénico, Revolución 1500, Guadalupe Inn, 5662-7535 y 5662-8674. Miércoles, 20:30 horas. Loc. 5100. Sistema Ticketmaster, 5325-9000. Adolescentes y adultos. Duración aproximada 150 mins. Estacionamiento. (Sur)