FICHA TÉCNICA



Título obra Santa Juana de los mataderos

Autoría Bertolt Brecht

Dirección Luis de Tavira

Elenco Gilberto Barniza, Marina de Tavira, Blas Braidot, Joaquín Cossío

Espacios teatrales Teatro Julio Castillo

Referencia Bruno Bert, "Cinco horas de matadero", en Tiempo Libre, 14 febrero 2002, p. 22.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Tiempo Libre

Columna Teatro

Cinco horas de matadero

Bruno Bert

Bertolt Brecht es ante todo espectáculo, claro que puesto al servicio de una clara posición ideológica y con una fuerte impronta didáctica. En el último par de años Brecht renace de sus cenizas –resultante de la quema pública de su nombre durante toda la década pasada– a manos de quienes reintentan el teatro político y con justicia lo consideran el mayor dramaturgo y poeta alemán del siglo XX. Retomandolo de la temporada pasada, se ha estrenado de este Brecht polémico y brillante su Santa Juana de los mataderos, bajo la dirección de Luis de Tavira, en producción conjunta del INBA y Conaculta.

El original ha cumplido setenta años y fue escrito en `coincidencia con el quinto centenario de la muerte de Juana de Arco, un personaje complejo en aquellos tiempos también complejos, tanto para el propio Brecht como para Alemania. La obra se halla al borde mismo del nazismo –de hecho, cuando quiso estrenarla en 1932 no encontró ningún empresario alemán que la aceptara–, mientras el autor ajustaba cuentas ideológicas con un marxismo cada vez más asumido pero aún lleno de remanentes idealistas, estando a la vez en su etapa más fructífera en cuanto decantación de estilo y adquisición de herramientas para la formulación de su propia teoría teatral.

El tema central es la violencia ejercida contra el obrero por la estructura capitalista y las formas de enfrentarse a la misma. Juana –aquí actualizada a los mataderos de Chicago en los tiempos del propio Brecht– lo intenta desde el idealismo, asumiendo las insignias del Ejército de Salvación y propiciando el cambio desde la cúspide, haciendo de hecho el juego a los patrones mientras cree honestamente estar ayudando a los explotados.

En el original Juana muere inútilmente, rechazada incluso por aquellos a quienes destina su trabajo. Es el fracaso de su postura, y el intento del propio Brecht de liberarse de los restos de su formación pequeño burguesa. En la adaptación la imagen cambia y ella, apoyada en un acto final por la figura de la obrera que la acompaña, reivindica la necesidad de seguir luchando por sobre los errores cometidos, en busca de un nuevo camino hacia la justicia y la libertad aunque no se tenga claro el horizonte. El acto de conciencia se modifica, el dogmatismo se desarticula y su muerte –capitalizada por supuesto por el poder– excede a éste en una imagen erística con más de una posibilidad de lectura.

El montaje de Tavira apuesta a lo grandioso, como casi siempre, y sobre un fondo de fábricas y oficinas de bolsa que se transforman y metamorfosean constantemente a través de los malabares creados por Philippe Amand, lanza a una veintena de actores y una banda en vivo a un ritmo desenfrenado, apoyado por la música creada por Luis Rivero. A pesar que la duración del trabajo alcanza casi las cinco horas, logra mantener al público a través de su habilidad en el tejer de todos los estímulos. Por un lado, por supuesto, los intelectuales, constituidos no sólo por la trama sino también por la compleja madeja ideológica que la acompaña y justifica (la de Brecht y la del propio Tavira, con más de una contradicción para ambos creadores). Y por el otro, en ese juego de mago que propicia el escenógrafo e iluminador, que ha contado con una muy generosa producción para su indudable capacidad.

Los actores son los obreros de escena y juegan sus coreografías con unidad a pesar de sus diferencias formativas. El papel de Juana lo asume Marina de Tavira. Trabajo muy difícil y de gran empeño. La actriz está como un segundo detrás del personaje, tratando siempre de abarcarlo, de hacerlo vivo, de protegerlo. A veces no logra atenderlo en toda su plenitud y la estridencia le gana, pero igual su desempeño la muestra con un gran aliento y sobre todo, con un gran respeto por su hacer. Y eso es fundamental. Me gustó reencontrar en el elenco a Blas Braidot y a Raquel Seoane, dos viejos luchadores que no dudo habrán sufrido tanto como disfrutado su trabajo.

En definitiva, una propuesta tal vez un poco reiterativa en tanto discurso y recursos, pero con ese épico aliento (aquí con reminiscencias trágicas) de los montajes Tavira/Brecht, en donde Amand es casi una segunda dirección en lo que hace al espacio y a sus significaciones. Si gusta de ellos, será una oportunidad para aplaudir las coincidencias y discutir las diferencias.

SANTA JUANA DE LOS MATADEROS, de Bertolt Brecht. Dir. Luis de Tavira. Con Gilberto Barniza, Marina de Tavira, Blas Braidot y Joaquín Cossío. Teatro Julio Castillo, Centro Cultural del Bosque, Paseo de la Reforma y Campo Marte (Metro Auditorio), 5280-8346. Viernes a domingo, 18:00 horas. Loc. $120. Sistema Ticketmaster, 5325-9000. Adolescentes y adultos. Duración aproximada 290 mins. (Centro)