FICHA TÉCNICA



Título obra El lector por horas

Autoría José Sanchís Sinisterra

Dirección Ricardo Ramírez Carnero

Elenco Emma Dib, Fernando Becerril, Miguel Flores

Espacios teatrales Teatro Santa Catarina

Referencia Bruno Bert, "Para leer entre lineas", en Tiempo Libre, 24 enero 2002, p. 19.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Tiempo Libre

Columna Teatro

Para leer entre líneas

Bruno Bert

Una de las formas de medir la riqueza de un texto consiste en ver cuántas posibilidades da la interpretación de su lectura. Aquéllos de interpretación unívoca serían menos interesantes que aquéllos otros donde el que lee –en teatro el que ve y oye– puede sacar consecuencias más ricas y variadas a partir de su propia historia personal. Y esto sobre todo con materiales que no sean herméticos, sino que muestren una superficie aparentemente tranquilizadora y casi lineal.

La consideración viene a cuento porque acabamos de asistir a una función de El lector por horas, un material de Sanchís Sinisterra bajo la dirección de Ricardo Ramírez Carnero, que ya ha transitado por la dramaturgia de este autor en otras oportunidades.

La propuesta del director es instalarnos al interior de la acción, para lo cual crea, con Arturo Nava (responsable de la escenografía e iluminación), un espacio que involucra la totalidad de la pequeña sala del Teatro Santa Catarina.

Un excelente trabajo de ambientación que nos vuelve mirones en un departamento de lujo en el que abundan tanto el buen gusto como los libros. Allí, una mujer ciega convive con su padre que le contrata a un lector por horas.

Sobre esta mínima estructura se abren informaciones diversas: abandono de la madre, un pasado de escritor fracasado del que sumisamente lee día tras día, el carácter despótico del padre (un empresario que siente declinar su talento para los negocios), en fin. Muchas lecturas que son como las ramas que dan sentido y variedad a los personajes y a la anécdota. Sin embargo, quedan tantas sombras, tantos conos inexplorados ex profeso, que sentimos a la anécdota misma casi como un juego de simbolismos que se extiende mucho más allá de lo dicho y visto de manera inmediata. Aunque admita ese horizonte para una primera lectura.

Siento que los tres personajes pueden en realidad ser uno solo. Y que aquí el autor tomó a su oficio como un eje que le permite hablar de sí mismo, no en una intención de confesión intimista, sino en una exploración de tres elementos: de las estructuras que el escritor maneja; del lenguaje y la creación con lo que esto conlleva en relación a la historia de la literatura y con el espacio social; y con las raíces psicológicas de la personalidad, desplegadas aquí en tres facetas distintas pero complementarias.

Desgraciadamente el espacio es muy breve como para profundizar esta sugestión, pero creo que el director permite, con un montaje muy sucinto y prolijo, esta lectura abierta. Todo su trabajo se encuentra como punteado por signos: aquí una admiración, ahí una pregunta, más allá tres puntos suspensivos, a veces un paréntesis... es como si al escribir con los actores no se deshiciera de la fuerte sugestión del tema fundamental, que es la palabra escrita, y lo complementara desde la dramaturgia del actor.

La ceguera, la impotencia y la vejez constituyen un núcleo que es explorado, confrontado y revertido dentro de la misma historia sin salirse de la anécdota propuesta. Este juego que es una ceremonia entre voluptuosa y macabra, se subraya por parte de Carnero imponiendo un sirviente de escena a la vista del público que juega con marionetas orientales y prepara las condiciones materiales para el trabajo de los actores. Las subtextualizaciones son tan ricas como los intertextos que se plantean incluso de manera abierta. Creo que todo, libro y montaje, es un exquisito acertijo que pone a prueba la habilidad del escritor, que usa la obra como un laboratorio abierto, y del director, que acepta el desafío e integra sus propias claves.

Los actores son Miguel Flores, igual pero distinto al que vimos en tantas puestas, con puntos nuevos en su manejo actoral; Emma Dib, tan sólida como en todos sus trabajos; y Fernando Becerril, al que no recuerdo de puestas anteriores pero que cuadra perfectamente en su papel. Y el koken: Verónica Contreras, muy precisa en el nivel de presencia y ausencia que se le pide.

En definitiva, un espectáculo que pide ser visto con mirada atenta y oído presente. Puede que no convoque multitudes y fastidie a algunos, pero creo que vale la pena compartir.

EL LECTOR POR HORAS, de José Sanchís Sinisterra. Din. Ricardo Ramírez Carnero. Con Emma Dib, Fernando Becerril y Miguel Flores. Teatro Santa Catarina, Plaza de Santa Catarina 10, Coyoacán, 5658-0560. Miércoles a viernes, 19:30; sábado, 19:00; domingo, 18:00 horas. Adolescentes y adultos. Duración aproximada 135 mins. (Sur)