FICHA TÉCNICA



Título obra Zorros chinos

Autoría Emilio Carballido

Dirección Carlos Corona

Elenco Gabriel Porras, Haydée Boetto, Ricardo Esquerra, Jorge Zárate, Carlos Aragón

Espacios teatrales Sala Xavier Villaurrutia

Referencia Bruno Bert, "Fantasía soñada", en Tiempo Libre, 13 diciembre 2001, p. 24.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Tiempo Libre

Columna Teatro

Fantasía soñada

Bruno Bert

En su abundante producción, que ya abarca un periodo de más de medio siglo, Emilio Carballido ha escrito con eficacia para todos los públicos y en variados géneros. Ahora vemos, bajo la dirección de Carlos Corona, Zorros chinos, que fuera estrenada en Guanajuato en el pasado Festival Internacional Cervantino.

La obra, con algo de parábola, posiblemente haya sido pensada para niños, aunque el actual montaje extiende este público hasta los adultos. La anécdota, con la simpleza de los antiguos cuentos orientales, está ubicada en alguna población rural de nuestro país, tal vez en tiempos de la Colonia. Allí sucede la maravilla: inexpicablemente algunas mujeres son raptadas por seres quizás sobrenaturales, regresan días después sonrientes, sin recordar nada de esa ausencia y cubiertas de sedas y joyas semejantes a las que traía a estas tierras por aquellos tiempos la Nao de China. Son mujeres casadas, insignificantes, sin nada especial que las caracterice y sobre todo, infelices por el trato que reciben de sus maridos y familia.

Es un cuento cargado de fantasía y con un final de moraleja, todo se vale, como en aquellos apólogos de origen; en el transcurso de la narración aparecerán animales que se transforman en humanos, palacios misteriosos, riquezas fabulosas y su punto de intriga y muerte. Todo al servicio de un par de temas fundamentales: la condición de la mujer al interior de la familia machista tradicional, que Carballido denunciara en varias obras; y la necesidad de creer en la posibilidad de soñar, realizarse y alcanzar una cierta felicidad a pesar de las circunstancias a veces adversas que nos rodean. Y también el valor del propio cuerpo como merecedor de plenitud erótica. Reivindicaciones de carácter humanista y social que se encuentran en toda la producción de este importante dramaturgo.

Como vernos, la complejidad del mensaje, a pesar de la transparencia de la fábula de base, está incluyendo claramente a los adultos dentro del juego de posibles interpretaciones. No he leído el original, por lo que no sé si es una sugerencia del autor, pero en esta puesta el director utiliza para su discurso a actores, muñecos y máscaras en presencias simultáneas. Lo cual es un acierto; porque de esta manera establece un puente entre las distintas edades ampliando al posible público receptor. Además, el recurso, que aúna diversas técnicas de títeres, incluyendo sugerencias del Bunraku, da ligereza a la narración y al tono un tanto didáctico que ésta asume en algunos momentos.

Juliana Faesler inventa el espacio: un eje que desplaza mamparas creando ámbitos contenidos en un ángulo, como entre las páginas de un libro, y un fondo que se abre con la sugerencia de un amplio biombo ilustrado. Efectivo y pertinente para un cuento ambientado en la Colonia que es narrado mientras se hacen cambios en escena y a la vista del público. El diseño de maquillaje, peinados y vestuario adquiere aquí una sensible importancia y están propuestos por María y Tolita Figueroa, alejados de una ilustración naturalista, correctos como materia de una fantasía soñada y de personajes que siempre son muñecos claramente teatrales.

Interesante, asimismo, la música original de Mariano Cossa (hijo del conocido escritor argentino y afincado en México desde hace ya tiempo), al que vemos con mayor frecuencia en nuestros montajes, haciendo su música en vivo. Un compositor y ejecutante siempre muy comprometido que aquí juega con diversas sugerencias, tejiendo hábilmente sus temas con la estructura narrativa.

Tal vez uno de los puntos más débiles es el plantel actoral, de alrededor de una decena de integrantes cubriendo una veintena de roles, Muy heterogéneo y con rendimientos también desiguales. Si bien los personajes parecen manejados por planos, desde el muñeco manipulado, pasando por la máscara hasta llegar a aquellos roles que son conductores, cada vez más cerca de una estructura naturalista, la suma de las partes no termina de integrarse con armonía, ni de definir 'el grado de matiz, creando ciertos quiebres en lo interpretativo. Entre otros, tenemos en este rubro a Julieta Ortiz, Claudia Ríos, Juan de la Loza y a Ricardo Esquerra. Así y todo, hay más de un momento acertado y de grata visión.

En definitiva, otro ejemplo del teatro del maestro Carballido llevado a escena por las nuevas generaciones.

ZORROS CHINOS, de Emilio Carballido. Dir. Carlos Corona Con Gabriel Porras, Haydée Boetto, Ricardo Esquerra, Jorge Zárate y Carlos Aragón, Sala Xavier Villaurrutia, Centro Cultural del Bosque, Paseo de la Reforma y Campo Marte (Metro Auditorio), 5280-8771. Jueves y viernes, 20:30; sábado, 19:00; domingo, 18:00 horas. Adolescentes y adultos. (Centro)