FICHA TÉCNICA



Título obra La hija del aire; 1a parte

Autoría Pedro Calderón de la Barca

Dirección Mónica Raya

Grupos y compañías Compañía de Repertorio de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM

Espacios teatrales Teatro Juan Ruiz de Alarcón

Referencia Bruno Bert, "Historia a medias de Semíramis", en Tiempo Libre, 18 octubre 2001, p. 23.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Tiempo Libre

Columna Teatro

Historia a medias de Semíramis

Bruno Bert

Pedro Calderón de la Barca es uno de esos clásicos –tal vez el mayor entre los de España– que uno continúa leyendo con placer a pesar de los siglos transcurridos. Y lo mismo sucede con su visión en el teatro, si se cuenta con un director y un equipo creativo a la altura de sus textos. No tanto para ilustrarlo, sino más bien para traicionarlo con imaginación y talento.

Hace ya varias semanas que se está presentando en los ámbitos de la UNAM una versión de La hija del aire, bajo la dirección de Mónica Raya y ahora finalmente he podido verla.

La obra –que se estrenó en la corte alrededor de 1635– es paradójicamente una de las más importantes y menos conocidas para el público en general. Por tema es como una hermana de La vida es sueño, tal vez la pieza más famosa de este autor, sólo que con un personaje femenino como protagónico y con un manejo y conclusión distinta de aquella que tiene a Segismundo corno héroe. Aquí es Semíramis –la hija del aire, según la supuesta etimología del nombre– la que ha sido encerrada en una cueva desde su infancia para impedir el cumplimiento de los hados, que la encadenan a infaustas circunstancias. Liberada por un privado del Rey, asciende rápidamente en cumplimiento de su destino, causando la caída de su protector. Pronto llega a Reina, en abierto desafío a los que predecían su desgracia y muerte. Y allí acaba la primera parte, puesto que Calderón la escribió en dos, y así fue montada en esta oportunidad, por el momento sólo hasta donde acabamos de narrar.

Resulta interesante el concepto de puesta de Mónica Raya, a la que sólo conocía como una competente escenógrafa. Ella monta sobre el escenario del Juan Ruiz de Alarcón unas gradas para un reducido núcleo de público, que se queda sentado de manera paralela a la platea. De esta forma, mientras que toda obra que maneje telón hace que éste se abra para dar inicio, aquí por el contrario, se cerrará para los mismos fines, dejando al público dentro de la caja del escenario, enfrentado en primer plano a un gran tapete rectangular bordeado de instrumentos donde habrá de sucederse el espectáculo, teniendo como fondo las tensas cuerdas de los tiros que sostienen las varas sobre la cabeza de los espectadores. Es decir, la maquinaria misma del teatro que habitualmente el público no ve. El tapete tiene que ver con el hecho de tomar las sugerencias orientales de la obra, ya que ésta sucede en Medio Oriente, entre Nínive y Babilonia y la importancia musical que tiene la misma, "entre la cítara del amor y el clarín de Marte". La maquinaria teatral se monta con la idea del barroco, espacio donde la sugestión de las grandes máquinas era esencial y los escenógrafos se mostraban como los verdaderos directores de cada puesta. Esto amén el concepto de Theatrum Mundi, tan caro a Calderón.

Así, los personajes vestirán "a la hindú", con un muy bello vestuario en rojos debido a la misma directora, y se moverán en un estilizado movimiento de danza que por momentos será acompañado con música en vivo ejecutada por Angelo Moroni y Rebeca Vareli.

Un juego de contraposiciones sumamente atractivo que nos propone a Calderón desde otra perspectiva, tanto visual como ideológica, respetando sin embargo las líneas básicas sobre las que fue construido el original, donde los ejes pasan una vez más por la dualidad de libertad y destino, más el desafío a los dioses y la crítica al gobierno de los hombres.

El equipo humano es el de la Compañía de Repertorio de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, y si bien no hay virtuosos a la vista, su desempeño es creativo y satisfactorio. Pero indudablemente el punto más importante y original está en la dirección, y si se trata de una opera prima como supongo, es de esperar los próximos trabajos de Mónica Raya. Empezando por supuesto por la segunda parte de esta misma obra, más exigente que la primera y de mayor aliento, al menos a lo que al sustrato dramatúrgico concierne. Un material que vale la pena compartir antes que termine su temporada.

LA HIJA DEL AIRE; 1a PARTE, de Pedro Calderón de la Barca. Dir. Mónica Raya. Con la Compañía de Repertorio de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Teatro Juan Ruiz de Alarcón, Centro Cultural Universitario, Insurgentes Sur 3000, 5622-7160. Sábado y domingo, 13:00 horas. Loc. $70, descuento del 50% a estudiantes, maestros y afiliados al INSEN. Adolescentes y adultos. Duración aproximada 100 mins. Estacionamiento. (Sur)