FICHA TÉCNICA



Título obra Un hombre es un hombre

Autoría Bertolt Brecht

Dirección David Psalmón

Elenco Gerardo Trejo Luna, Arturo Reyes, Aída López, Gastón Yáñez, Enrique Arreola, Javier Escobar

Espacios teatrales Foro de las Artes

Referencia Bruno Bert, "Un Brecht es un Brecht", en Tiempo Libre, 11 octubre 2001, p. 39.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Tiempo Libre

Columna Teatro

Un Brecht es un Brecht

Bruno Bert

Llamar nuevamente a Bertolt Brecht a los escenarios puede ser o un acto de ignorancia o un lúcido desafío para reinterpretarlo a la luz de nuestros tiempos. En el primer caso estaríamos actuando como si el mundo y las acciones no se hubieran sucedido en su demoledora marcha; posiblemente sería un aburrido anacronismo nostálgico. En el segundo –y posiblemente es el caso– nos estaríamos preguntando cuáles son las armas más válidas para un teatro político contemporáneo.

Acaba de reponerse Un hombre es un hombre, material que Brecht compusiera a mediados de los veinte, el siglo pasado.

Naturalmente, la parábola de quien pierde su identidad para terminar como anónimo soldado dispuesto a la guerra hacia cualquier enemigo que el Estado disponga, tiene una particular actualidad ante los vientos globales y bélicos que hoy imperan. Sólo que Galy Gay, el atribulado protagonista, puede ser interpretado tanto como una persona física que como una entidad política de tercer orden, de aquéllas que hoy intentan sacar pronta tajada sirviendo al enojo de los amos. "Quien no sabe decir no" bien puede ser una persona o un país, creyéndose listo para hacer negocio con la necesidad de los poderosos. Ambos son substituibles y rearmables bajo la presión de las circunstancias.

No vale la pena analizar los orígenes histórico-ideológicos de la obra, que tienen que ver con la ambivalencia en la formación política de aquel Brecht, aún no totalmente de definido hacia el marxismo, porque nos alejaría del margen de actualidad que David Psalmon, el director de esta puesta, ha intentado dar al trabajo con su equipo.

El director toma como eje de lenguaje los referentes (por entonces) artísticamente marginales que el autor alemán incorpora a su obra –es decir el cabaret y el circo– y construye con ellos a partir de una escenografía de Meinolf Kóssmeier, que si bien no rompe con la frontalidad al menos sí con la estructura convencional de un espectáculo a la italiana. Los intérpretes saldrán por la lateral, se sentarán entre los espectadores, mantendrán una comunicación directa aunque sin interacción real con la platea y se moverán en un espacio de evocación circense por la forma y por la reminiscencia payasadesca en el manejo y conformación de los personajes. Homenaje al parecer a aquel maravilloso actor (y escritor no menos talentoso, por cierto) que fue Karl Valentin.

Naturalmente, al trabajo se incorpora una orquesta en vivo con música original de Alvaro Castillo, en donde el propio director se ocupa de la batería, el compositor del piano y los teclados, Rafael Anchoreta de la trompeta y Gerardo Trejo Luna, quien además asumirá el rol protagónico, maneja ocasionalmente algunas percusiones. Un buen sostén sonoro con gratas evocaciones para el ritmo y el tono del montaje.

La parte fundamental del espectáculo está volcada sobre la actuación, y tal vez es aquí donde se vitaliza la imagen que Brecht tenía del actor sin cambiarla completamente. El grupo, de alrededor de diez intérpretes, destaca por la homogeneidad que logra darle el director y el impulso escénico que le imprimen sobre todo las actuaciones de Aída López, Arturo Reyes y el propio Gerardo Trejo Luna.

Lo que del teatro brechtiano a veces me aburre es su envaramiento, su seriedad dogmática, su didactismo pesadamente impuesto. En cambio, admiro su indudable poesía, su capacidad de sintetizar influencias, su sentido del humor, su compromiso con los cambios a partir de un conocimiento de las debilidades humanas. Potenciar lo segundo y dejar atrás lo primero es ya una forma de reinterpretar a Brecht, para hacerlo de nuevo atractivo a la mirada contemporánea. Necesitamos caminar más si queremos un teatro político consecuente con nuestro tiempo, pero como bien recuerda el programa, a veces hay que retroceder para que los avances sean más consistentes. Lo que se muestra en esta versión de Un hombre es un hombre es un intento, pero solvente y muy seriamente asumido.

UN HOMBRE ES UN HOMBRE, de Bertolt Brecht. Dir. David Psalmon. Con Gerardo Trejo Luna, Arturo Reyes, Aída López, Gastón Yáñez, Enrique Arreola y Javier Escobar. Foro de las Artes, Centro Nacional de las Artes, Tlalpan y Río Churubusco, Country Club (Metro General Anaya), 5420-4400. Viernes, 20:00; sábado, 19:00; domingo, 18:00 horas. Loc. $40. Adolescentes y adultos. Estacionamiento. (Sur)