FICHA TÉCNICA



Título obra Devastados

Autoría Sarah Kane

Dirección Ignacio Ortiz Cruz

Elenco Ari Brickman, Arturo Ríos, Ana Graham

Escenografía Mónica Raya

Iluminación Mónica Raya

Espacios teatrales Teatro El Granero

Referencia Bruno Bert, "Apocalípsis social", en Tiempo Libre, 27 septiembre 2001, p. 25.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Tiempo Libre

Columna Teatro

Apocalípsis social

Bruno Bert

La intensidad de un grito desgarrador puede tolerarse sólo por un breve periodo de tiempo, luego se vuelve un ruido molesto y bastante inocuo. El horror de la brutalidad debe dosificarse o se torna producto preferente de consumo masivo. Y esto viene a cuento por el estreno de Devastados,de Sarah Kane, bajo la dirección de Ignacio Ortíz.

No conocía a esta autora inglesa que sólo alcanzó a escribir cuatro obras antes de suicidarse en 1999, a los 28 arios, ahorcándose con las agujetas de sus tenis. Evidentemente era muy talentosa (y así parece haberlo intuido Harold Pinter, quien la apoyó frente al ataque de la crítica cuando el estreno de ésta, que fue su opera prima).Pero también cargaba con el lógico "pecado" del" que recién comienzan y sienten el apuro de decir sobre el tema elegido todo y de una sola vez. Y ese tema es la inhumanidad de las relaciones interpersonales y sociales. Sólo tres personajes que necesitan imperiosamente amar pero son incapaces de hacerlo y entonces, posiblemente por una ciega intuición, eligen el camino contrario, que de manera inevitable los llevará a la destrucción y la muerte, tanto de sí mismos como de los que tienen la desgracia de cruzárseles.

La estructura anecdótica está escrita con inteligencia, porque comienza cercana al naturalismo, aunque sin llegar nunca a identificarse plenamente con él, para distanciarse cada vez a mayor velocidad hacia territorios beckettianos primero y luego más lejos aún, mucho más ligada a la narrativa y al teatro de la última década. De hecho la historia de soporte da bastantes indicaciones de este camino: tina pareja –ella casi débil mental y él un fracasado cercano a la muerte por alcoholismo y abuso del tabaco– va a un hotel (todo pasa en el cuarto impersonal, bien planteado como espacio bifrontal por Mónica Raya) con la intención de hacer el amor. La relación entre ellos es de carácter sadomasoquista. Ello no por sofisticación erótica, sino porque su vinculación es absolutamente destructiva y el sexo no es más que una suma reiterada de violaciones físicas y morales.

La primer mitad es la exposición de este cuadro personal/ intimista, en donde las historias mutuas no dejan resquicio alguno para la vida. La segunda mitad es aún peor, porque al asomarse por una ventana advierten que la guerra está presente, los enemigos invaden la ciudad y un soldado entra violentamente en el cuarto.

De allí en más el juego de realismo desgarrado se vuelve simbólico y es la sociedad la que se come a sí misma en un creciente sinsentido donde todo extremo está a la mano porque ya no hay rumbo ni justificación para los actos. Ya no hay una ideología conducente y las acciones y opiniones expresan un fascismo en estado puro y sin reflexiones políticas. Es claro que alguien que ve así al mundo, tan unilateralmente en la destrucción y en la anulación de cualquier valor, acepte para sí el suicidio, ya que no hace más que seguir las opciones que su propia sociedad (global) le indica. No hay caminos, aunque la frase final marque un punto de ambigüedad.

El problema está en cómo llevar esto al teatro. La puesta está dedicada a Julio Castillo y eso marca un posible rumbo acertado, que no ha podido concertarse totalmente en la práctica. Algunas preguntas para compartir: uno, ¿cómo pasar de un aparente caso psicológico a un teorema social insoluble sin transitar ni por la didáctica ni por el gran guiñol, caminos ambos de desvío? Dos, ¿cómo llevar la violencia a sus extremos, las violaciones volverlas sistemáticas y al mismo tiempo escatimar las imágenes sexuales sin simbolizarlas? Los peligros son la superficialidad pornográfica por un lado y la mentira evidente por el otro. Tres, ¿cómo transitar con los actores una o más variaciones estilísticas durante el trabajo que permita que sean congruentes el contexto y cambios de tono narrativo?

Un equipo de excelentes actores: Arturo Ríos, Ana Graham y Ari Brickman y un director novel pero con experiencia en cine: Ignacio Ortiz. Un desafío interesante para los creadores y para el público, con muchos puntos por resolver, con muchas contradicciones en la puesta pero también con un fuerte compromiso en la tarea. Puede provocar rechazo, pero no deja indiferente y siento que vale la pena verla y discutirla luego.

DEVASTADOS, de Sarah Kane. Dir. Ignacio Ortiz. Escenografía e iluminación Mónica Raya. Con Ari Brickman, Arturo Ríos y Ana Graham. Teatro El Granero, Unidad Artística y Cultural del Bosque, Paseo de la Reforma y Campo Marte (Metro Auditorio), 5280-7844. Viernes, 20:30; sábado, 19:00; domingo, 18:00 horas. Loc. 5100. Sistema Ticketmaster, 5325-9000. Sólo adultos. Duración aproximada 100 mins. (Centro)