FICHA TÉCNICA



Título obra Divino pastor Góngora

Autoría Jaime Chabaud

Dirección Miguel Ángel Rivera

Elenco Carlos Cobos

Espacios teatrales Teatro El Galeón

Referencia Bruno Bert, "Divino actor Cobos", en Tiempo Libre, 16 agosto 2001, p. 21.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Tiempo Libre

Columna Teatro

Divino actor Cobos

Bruno Bert

Jaime Chabaud es un dramaturgo joven con una producción no muy extensa pero sí bastante polémica. Cada obra que estrena puede gustarme o no, pero estoy seguro de antemano que no me dejará indiferente. Le agrada una cierta estribencia, evidenciar el entorno social de los personajes, escapar al naturalismo, hacer uso de un humor a veces bastante grueso, recordar lo mexicano, tejer la historia con ironía, convocar las raíces populares en cuanto lenguaje técnico y unas cuantas cosas más que a veces reúne y desarrolla con mucho talento, y en otras con menor fortuna y un poco a hachazos. Como si se aburriera de usar la computadora o la pluma fuente y comenzara a violentar las estructuras que convoca hasta casi destruirlas o por lo menos ponerlas en un serio peligro. Por ahí pensaría que es un extremista si esta palabra no estuviera tan teñida de significados políticos, por lo que prefiero decir que hace un teatro irritativo e intemperante.

Bien, pues ha estrenado una obra que se llama Divino Pastor Góngora en el Teatro El Galeón. Me tocó un estreno bastante particular porque a los quince minutos de iniciada la función se cortaron las luces y Carlos Cobos –único actor en escena– continuó hasta el final alumbrado únicamente por dos o tres linternas de mano mal dirigidas, y hacia los últimos minutos por unas precarias velas al borde del escenario. Disciplina de actor realmente, y un poco implacable Miguel Ángel Rivera, que como director permitió que su intérprete se expusiera de esa forma.

El monólogo en cuestión cuenta la azarosa historia de un actor mexicano de la época colonial, perseguido por la Inquisición tanto por sucesos de su vida como por las obras que lleva a escena y que son consideradas entre subversivas y obscenas. Xóchitl González nos propone como espacio un rectángulo pedregoso, yermo, con una roca como posible apoyo. Y en ese ámbito Cobos –cuyo personaje tiene el nombre de la obra– corre, se afana, cae y algunas veces sale para regresar enseguida y seguir pateando caminos y cárceles. Chabaud, que además de dramaturgo es investigador, usó para sus situaciones y textos versos y fragmentos procedentes de obras de la Colonia efectivamente censuradas por la Iglesia, además de convocar también a Calderón, Lope de Vega, y tal vez alguno que otro dramaturgo menor de la época.

El resultado es disparejo en tanto a unidad y en cuanto a rendimiento interno, lo que con frecuencia sucede cuando integramos elementos de distintas procedencias. Es como una sobrecarga impuesta a ese actor único, para que él solo, con su ritmo y sus recursos, pueda sobrepasarlos baches o sostener tiradas excesivamente extensas, retroceder, recoger argumentos dejados en suspenso hace media hora o abandonar la línea narrativa para entregarse a disquisiciones mezcladas con chistes y anécdotas bastante pela di tos, como esa alternancia entre la masturbación y la comida con su obvia gratificación correspondiente. Se trata, claro, de un actor popular, que trabaja para un público que responde a carcajadas con recursos tan elementales y antiguos como tirarse un pedo en escena. La figura de Sanchis Sinisterra, el autor español que tantas veces incursionara por estos terrenos y que fue tan montado por nuestros directores en los últimos años, sobrevuela con bastante claridad pero no alcanza a intervenir lo suficiente con sus ponderados consejos.

Siento que Jaime vuelve a jugar a la provocación manejando la elementalidad como recurso y referente histórico. Sobre todo pensando que la obra se presenta no en el galerón de una barriada, sino en un teatro que por años fue como un muestrario de supuestas vanguardias estéticas. Divino Pastor Góngora es una alternancia de momentos felices, con ejemplos de teatro popular histórico y contemporáneo, con otros que ni lo chusco ni lo político son capaces de sostener. Y en esto la dirección no es mucho lo que puede hacer, ni se ven demasiado los intentos.

Si dejamos de lado las condiciones bastante adversas de mi primera visión del material, siento que todos se basaron en el saber que contaban con un actor excepcional como Carlos Cobos, a quien le cargaron todas las cuentas. Y éste hizo todo lo posible y también un poco más, pero a mi parecer un espectáculo tiene muchos componentes y un actor solo no es suficiente, aunque grande sea su talento.

DIVINO PASTOR GONGORA, de Jaime Chabaud. Dir. Miguel Ángel Rivera. Con Carlos Cobos. Teatro El Galeón, Unidad Artística y Cultural del Bosque, Paseo de la Reforma y Campo Marte (Metro Auditorio), 5280-8771 exts. 502 y 503. Lunes y martes, 20:30 horas. Loc. S100. Sistema Ticketmaster, 5325-9000. Adolescentes y adultos. Duración aproximada 100 mins.