FICHA TÉCNICA



Título obra Las obras completas de William Shakespeare (abreviadas)

Autoría Adam Long, Daniel Singer y Jess Winfield

Dirección Antonio Castro

Elenco Jesús Ochoa, Diego Luna, Rodrigo Murray

Espacios teatrales Teatro del Centro Cultural Helénico

Referencia Bruno Bert, "Saqueo superficial", en Tiempo Libre, 26 julio 2001, p. 19.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Tiempo Libre

Columna Teatro

Saqueo superficial

Bruno Bert

Anunciar el estreno de las obras completas de Shakéspeare (abreviadas) es un buen golpe, sobre todo si están concentradas en una función de dos horas. Comprendemos que se trata de algo imposible, pero despierta nuestra curiosidad. Luego viene la visión del material, en este caso bastante contradictorio, interesante por momentos e irritante en otros, y a él nos vamos a referir en la crítica de hoy.

Lo primero que corresponde es separar el trabajo propuesto del nombre de Shakespeare, dado que de este último no se utilizan más que el recuerdo distorsionado de muchas pequeñas estructuras anecdóticas dispersas en su obra, el nombre de muchos personajes famosos, y el suyo propio, claro, porque en materia publicitaria no tendría el mismo impacto llamar al montaje Las obras completas de Ben Jonson, por ejemplo. Es decir, que lo que hacen Adam Long, Daniel Singer y Jess Winfield, los autores, es saquear lo más superficial de la cantera de Shakespeare sin devolverle absolutamente nada, porque, como bien dice la publicidad de la puesta escénica: "Si crees que vas a aprender algo de Shakespeare, te equivocas."

Y aquí la palabra "aprender" puede ser entendida en todas sus acepciones, no solamente como agregado de datos eruditos. En realidad no se trata de ninguna adaptación, ni siquiera libérrima, sino más bien de convocar un nombre archiconocido para sostener una comedia entre fársica y paródica que pone su índice en la velocidad de transformación, en el pastelazo, en la burla a los referentes y otras cosas por el estilo.

Pero bueno, veamos también lo positivo. Si dejamos de lado a Shakespeare, con su propia y enorme riqueza, convocado de manera un tanto oportunista, y juzgamos los resultados, nos encontramos que tres actores deben enfrentar provocaciones teatrales que sí tienen que ver con el teatro tardío medieval y renacentista. Esto es, lo último que mencionábamos: el constante travestismo, el uso alternado de papeles masculinos y. femeninos, la comicidad directa y burda que reclama el público de plaza o corral, la brevedad de las acciones, etcétera. Sólo que en un contexto muy distinto a aquél originario.

Siento que hubiera podido ser un espectáculo mucho más rico e interesante si ese eje no se tejiera tan insistentemente alrededor del nombre de Shakespeare, pero también hay que aceptar que en tiempos de Isabel I no existían los derechos de autor y cada quien tomaba de donde le viniera en gana, aprovechándose de la escritura de cualquiera. Y eso es lo que hacen aquí.

¿Dónde están entonces la paja y el trigo? Lo primero creo que se encuentra en esta convocatoria poco aprovechada, fuera de lo promocional, de un autor de tal envergadura. Lo segundo en que todo se vuelve un juego de actores y que éste se nutre de ciertas estructuras muy antiguas, aquí adaptadas a las necesidades contemporáneas.

La escenografía de Mónica Raya me parece como un juego inteligente, donde lo elemental del teatrino se ilustra a sí mismo con un diseño isabelino. La dirección de Antonio Castro va naturalmente sobre lo lúdico como valor esencial, aceptando la tosquedad como parte del lenguaje, y esto es bueno, aunque por momentos sea excesiva y complaciente, olvidando el rigor en función de una posible eficacia directa con el público.

Por su parte, los actores –Jesús Ochoa, Rodrigo Murray y Diego Luna– forman, a pesar de la juventud escénica del último, un grupo muy compenetrado y eficaz cuya única crítica posiblemente sea similar a la que hacernos a la dirección y a la construcción misma de toda la obra: la excesiva complacencia en su trabajo, que es bastante mayor a lo que pediría tanto el género como las circunstancias que plantean.

En suma, Las obras completas de William Shakespeare (abreviadas) juega a una pendularidad que conecta extremos donde lo contrario es complemento. Aquéllos de la comicidad y del teatro dentro del teatro con referentes concretos y manejados por conocedores, con aquéllos otros que tienen que ver con un producto comercial que visiblemente desea verse aceptado y consumido por S.M. el público.

LAS OBRAS COMPLETAS DE WILLIAM SHAKESPEARE (ABREVIADAS), de Long, Singer y Winfield. Dir. Antonio Castro. Con Jesús Ochoa, Diego Luna y Rodrigo Murray. Teatro del Centro Cultural Helénico, Revolución 1500, Guadalupe Inn, 5662-7535 y5662-8674. Jueves y viernes, 20:30; sábado, 18:00 y 20:30; domingo, 18:00 horas. Loc. S120. Sistema Ticketmaster, 5325-9000. Adolescentes y adultos. Duración aproximada 120 mins. Estacionamiento. (Sur)