FICHA TÉCNICA



Título obra ¡A los toros!

Autoría Francisco Rubiales (Paco Malgesto)

Elenco Francisco Rubiales (Paco Malgesto), Alejandro Chiangherotti, María Conesa, Malena Montes, Flor Silvestre, Chelo la Rué, Jorge Mistral, María Conesa, Estela Matute, Flor Silvestre, trompetista Juan Arteta, Óscar Pulido, Florencio Castellón

Espacios teatrales Teatro Tívoli

Notas El autor también comenta sobre representaciones teatrales con temas taurinos citando el Diario del Alabardero

Referencia Armando de Maria y Campos, “Inauguración de una nueva temporada frívola en el Tívoli. Estreno de la revista ¡A los toros!. Los ases taurinos del momento sube a la escena reclamados por el público”, en Novedades, 19 febrero 1950.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Inauguración de una nueva temporada frívola en el Tívoli. Estreno de la revista ¡A los toros!

Los ases taurinos del momento suben a la escena reclamados por el público

Armando de Maria y Campos

Con delirante entusiasmo taurino, provocado por un público taurófilo en su mayoría, que llenaba las localidades del teatro Tívoli, se estrenó el viernes 17, con motivo de la inauguración de una temporada de espectáculos frívolos, la revista taurina ¡A los toros!, del locutor de la radio y cronista de toros y toreros Paco Malgesto. La popularidad que un programa de la radio del mismo título, que hebdomadariamente transmite este locutor cronista, ha alcanzado entre los taurófilos, garantizaba el éxito inicial de público, compuesto la noche de la primera representación de ¡A los toros!, por la flor y nata del mundillo taurófilo mexicano.

Paco Malgesto –en la vida ciudadana Francisco Rubiales– compuso su alegre revista, usando del socorrido recurso de alternar diálogos y números de canto y baile españoles y del país, aquéllos escritos con agilidad y donaire, éstos, tomados de aquí y de allá, en su mayoría conocidos, para dar ocasión de lucimiento a los artistas de revista se inicia como la mayoría de las primeras españolas de este género. Una americana –de los Estados Unidos–, viene a México a ver de cerca toros y toreros, y para que goce el ambiente, la conectan con Paco Malgesto –interpretado por Alex Ciangherotti–, quien la lleva a la casa de un "fenómeno" taurino, cuando éste se viste para ir a torear y está rodeado de "mangones"; no falta el diálogo entre el aficionado viejo y el "villamelón" de siempre: se hace aparecer al actual empresario de toros y a un ganadero zacatecano; interviene un mozo de "espás" andaluz e hiperbólico, y no se desperdicia ocasión para que el personaje que finge ser Malgesto, se apodere del micrófono que necesariamente está en escena. La noche del estreno de ¡A los toros!, fue el propio Malgesto quien se prendió al "micro", y no lo soltó ya durante toda la noche, convirtiendo el espectáculo en un "programa de radio", con público que coreaba; y considerando que se encontraban en la sala como espectadores algunos ases de la fiesta, bien podían estar también como huéspedes del programa de radio en que se ha convertido el espectáculo, hizo subir al escenario a Silverio, a El Soldado, a Velázquez, al empresario Gaona, al "ché" matador de toros Rovira, al pintor Ruano Llopis, al novillero Ortiz, al tenor Pedro Vargas, y a punto estuvo de hacerlo el "Pito Pérez", si no se hubiera impuesto el sereno entusiasmo del diplomático José Rubén Romero. El público de toros aullaba de partidarismo al escuchar los populares pasodobles que Lara ha dedicado a Silverio, a Arruza, a Procuna y a Armillita. Los famosos matadores de toros presentes subían y bajaban encantados, de la escena a las lunetas. El auténtico Paco Malgesto no soltaba el micrófono, feliz, inspirado, más seguro y confiado que si estuviera transmitiendo a control remoto desde su popular burladero de la plaza de toros.

En los ratos en que Paquito Rubiales dejaba el "micro", continuaba la revista, para que María Conesa, o Malena Montes, o Flor Silvestre, o el ballet de Chelo la Rue, intervinieran con sus números, mexicanos y españoles, siempre aludiendo a la fiesta brava. Con las "locuciones" y los números de canto y baile –cada artista hizo lo que mejor sabe– se alternaron escenas de letra; en el café Tupinamba, en la ganadería de Torrecilla y en una capilla que luce un vitral de la Guadalupana. En este cuadro se colocó el número del galán español de cine Jorge Mistral, quien dijo con aplomo y excelente dicción, varios poemas españoles. Él anunciaba simplemente: –Les voy a recitar "un verso"...

No sabe el cronista qué quedará de la revista ¡A los toros!, porque cuanto sucedió la noche de su primera representación tuvo un aire alegre de improvisación, de broma taurófila, de "programa de radio", todo interminable... Pero quede lo que quede, hay en ¡A los toros!, "revista" de acendrado sabor taurino, que como los calidoscopios, tendrá todas las noches luces y colores diferentes, según se la vea y se la mueva. Se cuenta, para esto, con un elenco numeroso, híbrido, pero útil. Desde María Conesa, hasta Estela Matute, pasando por la linda Flor Silvestre; y desde Juanito Arteta, trompetista, hasta Óscar Pulido, magnífico actor cómico, pasando por Florencio Castellón, cantaor. Hay de todo en la compañía del Tívoli, como en un tendido de sol...

Y habrá público para sostener este espectáculo durante muchas noches, porque entre nosotros es vieja la costumbre de llevar temas de toros al teatro, y aun toros, para que sean lidiados en el interior del mismo. Los ejemplos forman antologías. En el precioso documento histórico costumbrista conocido por el Diario del Alabardero, rico en noticias de sucesos acaecidos durante la Colonia, se dan las de una corrida de toros celebrada el 8 de febrero de 1796, en el interior del recién derruido teatro Principal –entonces se llamaba simplemente el Coliseo–, durante la representación de una pieza titulada El marqués de Birón; entre el primero y segundo acto de esta farsa, se corrieron toros en el patio –o lunetario– del teatro, con un entusiasmo delante de parte de los espectadores que ocupaban, ¡claro!, las localidades altas, lo que movió al empresario a repetir el espectáculo dentro de una Folla –este género teatral con cantos y bailes, es el lógico antecedente de la revista; ¡A los toros! es mejor que una revista, una Folla taurina–, con el aditamento de una pelea de gallos –también la hay, simulada en esta obrilla de Malgesto–, lo que provocó apuestas, escándalos y la prohibición del espectáculo por el virrey Bucareli.

Otras veces –a fines de 1880–, se llevó la lidia al propio escenario. "Y por lo que respecta a que se me permita correr en los entreactos de las piezas teatrales hasta diez o doce Fiestas de Novillos, se debe reflexionar que éstas son unas terneras, cuya lid se facilita en el Foro, cercándolo de cuerdas, que si evitan por una parte todo el riesgo, no evitan la vista del público". El virrey Marquina, atento a conservar el orden en el interior del Coliseo, denegó el permiso, sin importarle que el arzobispo de Guadalajara hubiera autorizado este espectáculo en su jurisdicción.

El repertorio de zarzuelas y sainetes con tema taurino, es frondosísimo. Hay muchas ramas que cortar. Desde que Lope, nuestro Alarcón, Tirso y Calderón aludieron a la Fiesta en sus obras –hay alusiones en La Celestina–, hasta Paco Malgesto, se habrán escrito cerca de mil piececillas. Ramón de la Cruz escribió un famoso sainete, La fiesta de novillos. Hay muchas famosas: El alcalde toreador, anónimo; El día de toros en Cádiz de González del Castillo; Toros y cañas de Rodríguez Rubí; Pan y toros, ya zarzuela, de Asenjo Barbieri; Torear por lo fino, La corría de toros, El traje de luces, Palmas y pitos, El chico de las peñuelas, etc.

La alegre obrilla de Paco Malgesto, ¡A los toros!, construida de acuerdo con lo que ahora se estila, cumple su objeto. Entusiasma a los taurófilos, y divierte al público, y a todos los que gustamos de la Fiesta Brava, porque:

Antes volviéranse moros
toditos los españoles,
que renunciar a sus ¡oles!
y a sus corridas de toros.