FICHA TÉCNICA



Título obra El médico de su honra

Autoría Pedro Calderón de la Barca

Dirección Aracelia Guerrero

Elenco Juan Carlos Vives, Jacqueline Serafín, Silverio Palacios, Pilar Padilla, Carlos Aragón

Escenografía Jorge Ballina

Iluminación Víctor Zapatero

Vestuario María Figueroa y Tolita Figueroa

Espacios teatrales Teatro Julio Castillo

Referencia Bruno Bert, "Si a distancia vemos... Barroco conoceremos", en Tiempo Libre, 19 julio 2001, p. 19.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Tiempo Libre

Columna Teatro

Si a distancia vemos... Barroco conoceremos

Bruno Bert

En el último par de años se ha manifestado una marcada preferencia por los clásicos, ya sean griegos, isabelinos o españoles. Y entre estos últimos, especialmente en Calderón, ya que el año pasado se cumplieron cuatrocientos años de su nacimiento y aún, con justicia, se lo sigue celebrando.

Ahora, de este autor se presenta El médico de su honra, bajo la dirección de Aracelia Guerrero.

Es conocido que una de las críticas que se le hacen al genio español es el fuerte –tal vez excesivo– apego a los valores de su horizonte histórico. Y entre ellos tiene un, espacio muy destacado la honra, tan impuesta al ambiguo gusto de la decadente España del siglo XVII. "Los hombres que reinan en el reino del mundo viven debajo de cuatro crudelísimos tiranos: el demonio, la carne, la honra y la muerte", cita el programa de mano con las palabras de Juan de Valdés. Y esa honra tan frágil parece estar muchas veces en manos de las esposas y en las bocas de los murmuradores. Y como no basta la verdad sino sobre todo la apariencia que esta verdad debe tener entre los hombres, ciertos maridos de la obra calderoniana, con frecuencia atacados por los celos y las dudas, arremeten cuchillo en mano dejando un tendal de esposas muertas, aunque no necesariamente adúlteras. Y esto –que vuelve a suceder en El médico de su honra– no ha gustado mucho a los historiadores ni a los que somos admiradores del genio dramatúrgico del último gran escritor del Siglo de Oro, pero no consecuentes con su visión ética del mundo.

Es decir que más vale observar este trabajo que hoy se presenta, con el natural distanciamiento que nos da la historia y la mutación de sus costumbres. Testimonio de época o visión crítica de los valores de la misma.

Pero, más allá de la honra, de los reyes y los maridos, hacen este montaje un cúmulo de aciertos. Empezando por el concepto de espacio, a cargo de Jorge Ballina, que enlaza dos elementos de importancia: el valor monumental de la escenografía barroca, sus juegos mecánicos y su obvia teatralidad; y la visión crítica de la esposa siempre encerrada en una casa-prisión, donde el lecho es eje y sepultura. Esta concepción se trenza con habilidad en una excelente iluminación lograda por Víctor Zapatero, que trabaja el valor del "tenebrismo", estilo propio también del barroco, alternando las maneras según la corriente narrativa que esté apoyando: la frontalidad plana de la corte o los recovecos oscuros donde se guardan los valores (la esposa-objeto) y se esconde la muerte.

Tal vez menos profunda en significados, pero decorativamente acertada en su síntesis, es la labor de diseño de vestuario de María y Tolita Figueroa, que parten de la sugestión de formas y texturas del barroco para alejarse de inmediato de cualquier intento mimético y crear ropajes que sean teatralmente válidos aunque no se hallen tan insertados en el discurso contemporáneo, como el caso de la escenografía y la iluminación. Así, el trabajo de la directora parece orquestar con seguridad un concepto unitario que nos trae un tiempo histórico y sus valores, pero también la visión emotiva que esto produce a los contemporáneos, incluyendo la estructura coreográfica actoral, que trata de ser siempre ágil y recordar lo mucho de aventura que estas historias contienen.

Sin embargo, tal vez haría falta una mayor atención en los actores, en el volumen de sus voces, a veces excesivo y en otras de difícil aprehensión, y en la fluidez de dicción del verso, técnicamente bien expresado en casi todo momento, pero muy presente en el peso de la estructura, lo que dificulta la captación de la belleza de los giros, a veces complejos y alambicados, propios de Calderón y del barroco. El trabajo corporal de los actores es bueno, y su trabajo vocal y de manejo de verso un poco primario, como necesitado de más vuelo para poder gozar realmente de la gran riqueza que las palabras contienen. El equipo actoral es amplio y grato de verse en su desempeño, más allá de estos pequeños problemas técnicos que acabamos de mencionar.

En definitiva, interesante para ver y con puntos para discutir, cosa que puede enriquecer nuestra mirada también después de la función.

EL MEDICO DE SU HONRA, de Pedro Calderón de la Barca. Dir. Aracelia Guerrero. Escenografía: Jorge Ballina. Iluminación: Víctor Zapatero. Vestuario: María y Tolita Figueroa. Con Juan Carlos Vives, Jacqueline Serafín, Silverio Palacios, Pilar Padilla y Carlos Aragón. Teatro Julio Castillo, Unidad Artística y Cultural del Bosque, Paseo de la Reforma y Campo Marte (Metro Auditorio), 5280-8346. Jueves y viernes, 20:30; sábado, 19:00; domingo, 18:00 horas. Loc. $120. Adolescentes y adultos. Duración aproximada 150 mins. (Centro)