FICHA TÉCNICA



Título obra Alicia en el país de las alcantarillas

Autoría Lewis Carrol

Notas de autoría Adaptación Iván Olivares

Dirección Emmanuel Márquez Peralta

Elenco Leonardo Ortizgris, Marissa Saavedra, Blanca Hurtado

Espacios teatrales Teatro del Centro Cultural Helénico

Referencia Bruno Bert, "Alicia al descubierto", en Tiempo Libre, 14 junio 2001, p. 26.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Tiempo Libre

Columna Teatro

Alicia al descubierto

Bruno Bert

La obra de Lewis Carroll no sólo es una de las composiciones literarias más sugestivas del siglo XIX, sino también una de las influencias más permanentes en variadas artes de la centuria siguiente. Y continúa alentando a creadores, en teatro por ejemplo, a través de una obra para actores y muñecos que sigue libremente la estructura anecdótica de Alicia en el país de las maravillas y sus personajes. Se trata de Alicia en el país de las alcantarillas, de Iván Olivares y Emmanuel Márquez, bajo la dirección de este último.

Es un material de denuncia social que tiene como tema a los niños de la calle. Esta Alicia es el producto de una familia humilde en la que impera una violencia que la lanza a la calle y al abandono. Allí conoce a otro niño de su misma cualidad que, vestido de conejo, intenta ganarse unas monedas en el alto de los semáforos. Al término de su tarea ella lo sigue y él se sumerge en una alcantarilla donde seguramente comparte "casa" con otras muchas sombras... Entonces: niña, conejo, árbol, caída... y de ahí en más, ciertas figuras fundamentales del original de Carroll encuentran su contraparte grotesca entre los habitantes de este mundo subterráneo cargado de una violencia y crueldad que todos conocemos por múltiples referencias.

La violación reiterada, el uso, la droga, la manipulación y venta de niños, la impunidad. Todo se encuentra presente, casi sin texto, en un juego de imágenes e interacciones con un fuerte acento en el enlace de los hechos. Conceptualmente, más que la emisión de nuevos datos, la obra bordea un testimonialismo simbólico que se ha organizado como una danza macabra, con sombras y pinceladas más bien expresionistas. Y está bien, en la medida que se trata de un problema que todos conocemos pero que no alcanza realmente a despertar una reacción con su sola existencia.

Que un grupo de artistas señale el fenómeno es importante, así sea para irritar esa gruesa capa de insensibilidad que suele rodearnos. El horror, cuando no es catártico –y en este caso no lo es– puede también funcionar como un despertar de lo reflexivo hacia cualquier tipo de acciones, hacia alguna manera de respuesta.

La estética que manejan es interesante pero un tanto tosca, desde los telones móviles y la iluminación (ambos de Mark Foster), hasta las coreografías (Gerardo Trejo Luna) y el manejo de actores y manipuladores. Una tosquedad que no tiene que ver con lo estilístico, es decir con una decisión de lenguaje, sino con un cierto no tener demasiado en cuenta los detalles. Se dibuja a grandes trazos, se acciona sobre los ejes fundamentales y lo demás queda como tal cual. Una pena, porque existen elementos muy interesantes más allá de lo temático, sobre todo en la creación de ciertos muñecos (el trío de niños con envases plásticos como cabezas, el hipogrifo, la duquesa y varios más) y artefactos. Pero las acciones se vician con reiteraciones formales, las luces muestran más de lo que debemos ver, las mamparas cubren sólo parte del trazo, las terminaciones son burdas, las acciones de los actores no son limpias y el manejo de los objetos es apenas una propuesta de lo que podría llegar a constituir un fuerte impacto por su limpieza y precisión. Incluso con la música, que merecería más presencia en la acción. Entonces, el interés global decae a pesar de los aciertos parciales y de las buenas ideas.

La dirección parece dominar el todo, pero no alcanza a manejar en plenitud cada una de las partes. Incluso hay escenas mucho más pulidas que otras, como si no se les hubiese dedicado igual cantidad de tiempo y esfuerzo a cada una de las partes. En cuanto a los actores-manipuladores, seis para un ejército de personajes, hacen un verdadero esfuerzo para estar en todo y en todos lados al mismo tiempo. Ellos son: Blanca Hurtado Reyes, Salvador Jiménez, Raúl Macías, Vladimir Rueda, Leonardo Ortizgris y Marissa Saavedra.

Un grupo muy profesional al que cabría interesar por el manejo del matiz y del detalle, cualquiera sea el papel que estén ocupando.

En definitiva, Alicia en el país de las alcantarillas se muestra como una interesante propuesta, con variados aciertos y algunos puntos para mejorar.

ALICIA EN EL PAIS DE LAS ALCANTARILLAS. Adaptación Iván Olivares. Dir. Emmanuel Márquez Peralta. Con Leonardo Ortizgris, Marissa Saavedra y Blanca Hurtado. Teatro del Centro Cultural Helénico, Revolución 1500, Guadalupe Inn, 5662-8674 y 5662-7535. Jueves, 20:30 horas. Loc. $80. Sistema Ticketmaster, 5325-9000. Adolescentes y adultos. Duración aproximada 75 mins. (Sur)