FICHA TÉCNICA



Título obra Jesuscristo Superestrella

Autoría Andrew Lloyd Webber y Tim Rice

Dirección Hansel García

Elenco Fazio Galván, Gerardo González, César Riveros, Eric Rubín, Lolita Cortés, José Anuar, Rodrigo de la Rosa

Espacios teatrales Teatro 1 del Centro Cultural Telmex

Referencia Bruno Bert, "Una victima más de la intransigencia", en Tiempo Libre, 26 abril 2001, p. 23.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Tiempo Libre

Columna Teatro

Una víctima más de la intransigencia

Bruno Bert

Nunca había visto Jesucristo Superestrella. Extraño, tratándose de una obra que cuando se estrenó despertó tumultos y polémicas. En aquel tiempo yo vivía en Buenos Aires y cuando finalmente parecía que nos tocaba asistir ala "obra-escándalo" no fue posible porque los grupos de extrema derecha –principios de los setenta en un país con larga tradición golpista– quemaron el teatro, cuyas ruinas quedaron por décadas como una acusación visible de la intransigencia ideológica.

Era claro que no podían hallarse vinculaciones entre el movimiento hippie y la imagen erística sin invocar a todos los demonios sociales. El sentido de solidaridad, de paz, de reivindicación de la sensualidad comunitaria, del valor de los movimientos juveniles e incluso la similitud de las apariencias en cabellos, barbas y vestidos eran demasiado fuertes en aquellos años, y una ópera rock que tuviera a Cristo como estrella era más de lo que podían soportar las mojigangas, rectoras en ciertos medios latinoamericanos.

Ya hemos sobrepasado los treinta años de aquel entonces, y en una versión actualizada acabo finalmente de asistir a una función de Jesucristo Superestrella. Lo primero que me llamó la atención es la ortodoxia del tratamiento del tema y la figura. Se ha disuelto lo irritativo y no hay quien pueda cuestionar ni lo que se dice ni cómo se lo dice ni así fuera beata dominguera. Se cuentan los últimos días de Cristo con total control del discurso. No propone una revisión a fondo de la función de Judas (como lo haría Lanza del Vasto), tampoco hay insinuaciones reales de que Cristo haya sido amante de María Magdalena (al estilo de Saramago o de Nikos Kazantzakis), no existen insinuaciones sobre el joven Juan como discípulo preferido (como sostendría Marguerite Yourcenar), no hay una fuerza subyacente que dé energía y sentido al pequeño grupo político de los apóstoles (que resultaban "subversivos" en tiempos de dictadura), no existe ya la intención de coincidencia con una generación social viva y vigente como aquella de los años setenta.

Ahora es sólo una ópera rock visualmente bien estructurada que bien podría hablar de cualquier otra cosa y que aprovecha el gran prestigio histórico que conserva. Tal vez no sea ella la que cambió, sino los tiempos, y con éstos la forma de leer los signos que hallamos sobre el escenario. En efecto, las imágenes son perfectamente contemporáneas, bastante ascéticas y atractivas. Tal vez las coreografías pudieran ser menos primarias y con ciertos recursos técnicos, como el armado final de la cruz. Pero es indudable que se trata de una puesta que se ve gratamente, que se vincula con ciertas estéticas de los últimos años, sobre todo al teatro de carácter alternativo, y que el equipo es totalmente solvente para un montaje-espectáculo de esta envergadura.

Son de admirar las voces (con algunas excepciones), la música y el ritmo. No así el trabajo de los actores, generalmente muy estereotipados y con una baja capacidad de matices. A veces el protagonista resulta ser el apóstol traidor, no tanto por el juego de opuesto entre las dos figuras, sino por la fuerza de Erik Rubín, con una voz y una presencia que en varias escenas opaca seriamente a Fazio Galván, que asume a Cristo. Aquí posiblemente la dirección ha impuesto una figura demasiado débil, que sólo por momentos llega a cubrir el espacio de una obra que le está dedicada justamente como "superestrella". Lolita Cortés toma a una María Magdalena desdibujada en la que no se ve que fue prostituta ni que ama a Cristo por encima de cualquier otro valor humano.

Destacan Josué Anuar y Rodrigo de la Rosa, a pesar de lo modesto de su papel.

En definitiva, un buen musical que está trabajando a casa llena y que se ve con gusto, lo demás es historia y olvido.

JESUCRISTO SUPERESTRELLA, de Andrew Lloyd Webber y Tim Rice. Dir. Hansel Cereza. Con Fazio Galván, Gerardo González, César Riveros y Erick Rubín o Jano. Teatro 1, Centro Cultural Telmex, Cuauhtémoc esquina Puebla, Roma (Metro Cuauhtémoc), 5514-2300 y 5420-7777. Jueves y viernes, 20:30; sábado, 13:00, 17:00 y 21:00; domingo, 13:30 y 18:00 horas. Locs. $500, S450, $350, 5190 y $100. Sistema Ticketmaster, 5325-9000. Adolescentes y adúltos. Duración aproximada 135 mins. Estacionamiento. (Centro)