FICHA TÉCNICA



Título obra El veneno que duerme

Autoría Pedro Calderón de la Barca

Dirección Ricardo Díaz

Elenco Gustavo Sánchez-Parra, Ixchel Sánchez, Paulina Chamorro

Música Audio: Francisco Rivas

Vestuario Claudia Guadarrama

Espacios teatrales Centro de la Imagen

Referencia Bruno Bert, "Penumbra y contraluz. En un espectáculo de otro espectáculo", en Tiempo Libre, 22 febrero 2001, p. 22.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Tiempo Libre

Columna Teatro

Penumbra y contraluz en un espectáculo dentro de otro espectáculo

Bruno Bert

El espacio de la experimentación teatral no es demasiado amplio en nuestro medio. A tal extremo llega la situación, que en el habla más o menos cotidiana suele hablarse de una obra como "experimental" cuando su origen es posiblemente amateur y su calidad muy baja. Naturalmente es un error serio, porque sólo se puede experimentar realmente a partir de un sólido conocimiento de las reglas tradicionales de composición. Que el resultado luego sea exitoso o no puede que sea harina de otro costal.

Lo anterior viene a cuento porque acabo de ver una obra que realmente experimenta posibilidades expresivas. Se trata de El veneno que duerme, cuya dirección y dramaturgia se encuentran a cargo de Ricardo Díaz. El material se basa en los textos de La vida es sueño, de Pedro Calderón de la Barca, aquí cortados y manejados con bastante libertad.

El tema original es el valor del libre albedrío, naturalmente dentro de un contexto absolutamente católico, de monarquía absoluta y por lo tanto con un visible manejo despótico del poder ilustrado. En cambio, la obra resultante traslada parcialmente su eje y multiplica los ángulos de acercamiento, transformando la unidad de lectura originaria en una obra abierta en la que convergen distintas posibilidades de aproximación desde la visión contemporánea.

Para esto, en primer lugar elige como espacio teatral una serie de salas de exposición dentro del Centro de la Imagen, es decir un edificio barroco que, como la obra de Calderón y con la misma orientación estética, será el gran contenedor.

Pero vaciado de otras reminiscencias de la época, en grandes espacios intercomunicados a distintos niveles por andarrieles de hierro. Y el lugar es sembrado por iconos desventurados de la comunicación moderna: grandes aparatos que contuvieron radios y televisores hace cuarenta o cincuenta años.

El público debe deambular por estos ámbitos y los actores visten una combinación entre moderna y antigua que puede darnos una vaga reminiscencia calderoniana porque se trabaja casi permanentemente en medio de la penumbra y en contraluz.

Es claro que nos ubica en el centro mismo de sistemas referenciales cruzados, jugando con las resultantes. Lo hace con mucha precisión, con un excelente dominio de los antecedentes tanto conceptuales como estéticos. De allí que aquí sí podamos hablar de experimentación en su sentido más lógico. El mundo, en su juego de apariencias, tema fundamental del barroco; el concepto de Theatrum Mundi, que nos involucra directamente en la representación; la idea de verdad multiplicada a través de la voz de los otros y sus intereses, materiales que se tejen en lo visual y sonoro creando un comentario simultáneo a la propuesta ética esencial del texto y a la obra misma a la que viviseccionamos a través de la variación de ángulos que nos permite el juego de cajas y la existencia del espectáculo dentro del espectáculo.

Podemos leer de diversa manera cuál es "el veneno que duerme", desde la ambición de poder hasta la intolerancia y la guerra. Sobre todo porque el director corta la línea narrativa del original y nos deja en una imagen final con dos elementos al filo de nuestra atención: la extranjería, lo que esto produce como rechazo, el dolor de ser de "otra parte" y lo interminable de la guerra como un juego fratricida sin fin. Tal vez, se me ocurre, tiene algo que ver el que Díaz haya estudiado y hecho teatro en la exYugoslavia en los tiempos de Sarajevo, donde la guerra civil que transforma en extranjeros a los propios hermanos se parece mucho al enfrentamiento entre Segismundo y su padre por el trono, sembrando todo de sangre, silencio y oscuridad... cómo aquella en la que nos vamos, dejando una acción interrumpida pero no terminada.

Un material para ver y gozar, pero también para darse al placer de deconstruir una obra y sentir almo puede nacer de nuestra visión y de nuestro individual concepto del mundo una infinita gama de lecturas.

EL VENENO QUE DUERME, de Pedro Calderón de la Barca. Dir. Ricardo Díaz. Vestuario Claudia Guadarrama. Audio Francisco Rivas. Con Gustavo Sánchez-Parra, Ixchel Sánchez y Paulina Chamorro. Centro de la Imagen, Plaza de la Ciudadela 2, Centro Histórico (Metro Balderas). Jueves, viernes y sábado, 19:30 horas. Donativo voluntario. La capacidad del teatro es de 30 personas. Reservaciones 5634-5938; correo electrónico:venenoqueduerme@hotmail.com. Adolescentes y adultos. Duración aproximada 100 mins. Estacionamiento. (Centro)