FICHA TÉCNICA



Notas Espectáculos y funciones teatrales en la Ciudad de México

Referencia Armando de Maria y Campos, “Inauguración de la temporada de revistas musicales en el teatro Lírico. Presentación en México del Teatro Universitario de Puebla con Cándida de G.B. Shaw. Reaparición de doña Esperanza Iris a los setenta años de edad con la deliciosa Frou-Frou del Tabarín, en su teatro”, en Novedades, 29 enero 1950.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Inauguración de la temporada de revistas musicales en el teatro Lírico. Presentación en México del Teatro Universitario de Puebla con Cándida de G.B. Shaw. Reaparición de doña Esperanza Iris a los setenta años de edad con la deliciosa Frou-Frou del Tabarín, en su teatro

Armando de Maria y Campos

El ambiente teatral de México es paradójico. Durante largas temporadas permanecen clausurados todos los teatros de la ciudad de México; otras ocasiones los teatros cerrados inauguran sendas temporadas la misma noche, casi a la misma hora. Este último fenómeno se repitió el viernes último. Después de meses de clausura y preparación para una temporada de espectáculo frívolo, abrió sus recién pintadas puertas el teatro Lírico, y a la misma hora reapareció en el teatro de su propiedad la veterana e incansable, entusiasta por su arte como en sus mejores años, doña Esperanza Iris, y debutaron en la sala Latinoamericana los jóvenes estudiantes de arte teatral de la Universidad de Puebla con la difícil y hermosa comedia en tres actos de G.B. Shaw Cándida. Para esta fecha ha adquirido inusitado auge la vida teatral citadina, funcionando casi todos sus teatros viejos, y aun uno nuevo –el Rayo, por las calles de Peralvillo–, que retiene a un enorme porcentaje de público que antes se distribuía entre el Follies, el Tívoli, el Lírico y el Margo.

En la sala de espectáculos del Bellas Artes se hace teatro escolar por alumnos de la Universidad de México: Muertos sin sepultura, del autor francés Jean-Paul Sartre; en el Fábregas se representa La loca de Chaillot, del autor francés Jean Giraudoux; en el Caracol, otra obra francesa –Las manos sucias de Sartre– viene siendo presentada dos, y aun tres veces diarias, y en el Ideal una alegre comedia norteamericana llevada al cine hace veinte años, da amplio margen a los tesoneros y abnegados actores del Ideal para que no den reposo a la risa de su tolerante clientela. El Casino de Atracciones oficialmente conocido por teatro Follies, continúa presentando sus programas frívolos organizados como desfile de variedades con la declinante bailarina Tongolele y el ágil caricato Palillo a la cabeza de una larga lista de "variedades". El nuevo teatrito Margo presenta igual que el Follies, el Río y el Rayo, y a la media docena de teatros portátiles –carpas– repartidas entre los más populosos barrios metropolitanos, "programas" variados, compuestos de "cuadros" o "números", con o sin "cortinas" adicionales, con un elenco superior a los de la misma índole, pues en su lista figuran los populares cómicos excéntricos Borolas, Jasso, Brani y Valenti, el "son" Clave de Oro, el cantante de cine Luis Aguilar, Olga Chaviano, Orquídea del Pino, Lola Márquez, María Victoria, María Teresa, Fernanda Crespo y media docena más de vedettes en potencia...

La "temporada de revistas musicales a base de estrellas y atracciones de fama mundial" organizada por el novel empresario del Lírico Arturo Zavala Hernández, se inició el viernes bajo los mejores auspicios y no obstante la aclaración que figura en los programas de que "las funciones principiarán a la hora exacta", la del debut se inició con lamentable retraso, porque precisamente a la hora en que la primera tanda debió haber empezado, se continuaba ensayando evoluciones, montando cortinas, probando luces...

El empresario señor Hernández pintó el teatro desde las puertas de entrada de la calle hasta los más íntimos rincones de los sanitarios; construyó cortinas y más cortinas, y todo el vestuario más o menos sintético que lució la tropa de 18 muchachas de conjunto es nuevo. Contrató al parecer a muy alto costo, a la linda vedette del cine nacional y muy antes graciosa tiplecita María del Pilar –Mapy– Cortés; al gran actor cómico madrileño Ángel Garasa y el notable e inquieto actor dramático también español del teatro y del cine Armando Calvo, quien, después de haberse probado como tenor con una Luisa Fernanda durante la penúltima temporada de zarzuela de la señora Embil, lo hará ahora como "lucero" –no sería castizo llamarlo "estrello" y menos aún "vedetto"– en una compañía de atracciones de fama mundial. Además, a lo mejor de casa de que se puede echar mano: Rina Valdarno, fina vedette italiana; el actor Mantequilla, el tenorino David Lama, el conjunto brasilero conocido por Los diablos del infierno; a una docena más de bailarinas y bailarines y tiples "comodines" para los pasajes hablados y bailados, y a... un "productor", el señor Julián de Meriche, quien, como Madame Rassimi en su tiempo con su Ba-Ta-Clán ha venido a crearnos un género de espectáculo a base de mover sin ton ni son, de atrás a adelante, de arriba a abajo, a todos los artistas de "ambos sexos" que ponen en sus manos, sin contar con la más elemental coreografía, y al parecer sin más propósito que el de marearlos y marear al público con sus supuestas evoluciones no siempre del mejor gusto, y que hacen que todos sus espectáculos se parezcan, como una segunda tiple a un boy, a los anteriores.

No fue numeroso el público que acudió a la sala Latina a presenciar el debut de los actores del Teatro Universitario de Puebla con Cándida de Shaw, pero sí de la mejor calidad y su voto de aprobación debe contar como muy valioso. Constituyó para todos una auténtica sorpresa comprobar la madura calidad de este grupo, del que destacan ya con perfiles propios y relieves acusados, la bella y primaveral Ingrid Cederwal –orizabeña de origen sueco–, Yerye Beirute, costarricense, y ya un excelente actor al que no deben dejar de ver los actores de las nuevas generaciones, no para aprender de él, pero sí para comprobar el singular temperamento y dominio de las escena de este talentoso joven; y Jorge Fernández de Castro, y Ángeles Ibarra. Todos fueron calurosamente aplaudidos.

A la misma hora, como ya dije, doña Esperanza Iris reapareció en el teatro de su nombre y propiedad al frente de una compañía que ha formado y dirige para representar en temporada de evocación, y ojalá y no por la última vez, las operetas de un ayer bien lejano que ella se empeña en conservar muy próximo. Ejemplo único en América –en Europa existe el precedente de Cecil Sorel –de una artista tesoneramente arraigada al arte en que triunfó y aun cariñosamente aceptada por un público que tampoco se resigna a olvidarla. Más allá de la séptima década de su edad aún canta con conmovedora frivolidad: "Frou-Frou del Tabarín, desprecia la virtud...", como Ninón de Lenclos durante la octava de su vida, aún seducía a sus amantes jovenzuelos... ¡Milagros del arte de seducir desde los tiempos de Ninón y de Esperanza inmarcesible opereta de amor!