FICHA TÉCNICA



Título obra No hay ladrón que por bien no venga

Autoría Darío Fo

Dirección Marco A. Silva

Elenco Dora García, Enrique Arreola, Leticia Cavazos,Joaquín Rodríguez

Escenografía Arturo Nava

Iluminación Arturo Nava

Espacios teatrales Sala Xavier Villaurrutia

Referencia Bruno Bert, "Pastelazo burgués", en Tiempo Libre, 8 febrero 2001, p. 22.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Tiempo Libre

Columna Teatro

Pastelazo burgués

Bruno Bert

Darío Fo es una figura que intenta, en sus casi cincuenta años de carrera, mantener una clara identidad a pesar de las transformaciones que el tiempo impone a su alrededor.

No es lo mismo montar hoy sus obras que haberlo hecho hace dos o tres décadas. La significación cambia, y casi siempre lo que resta es su capacidad de humor en medio de estructuras que naturalmente han envejecido porque las circunstancias sociales, siempre en directa relación a su teatro, también han cambiado.

Hoy podemos ver No hay ladrón que por bien no venga, una comedia fársica y vodevilesca donde un ladrón, sin proponérselo, pone al descubierto la duplicidad moral de la burguesía. La anécdota es simple, como cualquiera de los vodeviles en los que se basa: un hombre entra a un apartamento para asaltarlo; la mujer lo controla llamándolo por teléfono a "su trabajo", llega el dueño de la casa con una amante, atiende el teléfono, se crea una confusión y esto atrae a su propia mujer, que aparece entonces en escena. Luego la esposa del ladrón, que ya ha sido descubierto, también hace su entrada. Los engaños se suman a las mentiras, las identidades se travisten y por último cae al ya repleto apartamento el marido de la amante del dueño de la casa, que cierra el círculo de los interesados jugando el mismo juego de los demás y apostando a la confusión como cortina de humo que a todos beneficia. Así, el ladrón resulta finalmente el más honesto de todos los participantes en el juego.

De las obras de Fo ésta resulta una de las más ligeras en cuanto a crítica social, da espacio sobre todo al divertimento aunque lo demás se encuentre implícito.

Marco Antonio Silva es quien ha dirigido el trabajo y Arturo Nava es el escenógrafo e iluminador. El sello de este último se halla en las estructuras metálicas que acostumbra, en la monocromía del diseño y en la funcionalidad del estilo. No da la sensación de recrear el ámbito de una burguesía acomodada e impersonal, ni tampoco de comentarla a través de los objetos.

Más bien pareciera que existe como una confrontación entre lo material y lo actoral que no está aprovechado a niveles expresivos. Quiero decir: los actores se golpean una y otra vez al meterse al interior del reloj de péndulo, pero esto no lo hacen a propósito. La puerta no abre y cierra cuando así' correspondería, pero tampoco esto es intencional... una pena porque aparece como torpeza lo que podría ser parte del lenguaje.

El director apuesta esencialmente a dos cosas: la caricatura de los muñecos y el ritmo del espectáculo. Lo primero produce personajes chirreantes que repiten una y otra vez los gags que parecen dar resultado con el público, decayendo el efecto hasta casi el juego pueril de las comediantas de televisión; lo segundo logra generar ese "ojo de huracán" alrededor del cual el desastre se complica de manera vertiginosa hasta el final. Y esto es lo que más sostiene todo el trabajo.

Enrique Arregla asume al ladrón: buen trabajo físico y pocas variaciones para un personaje que es eje del espectáculo y reflejo crítico de ese entorno ajeno que lo envuelve. A veces se pierde más de la cuenta. Leticia Cavazos es su mujer y puente hacia el mundo de los burgueses. Su trabajo inicial está muy marcado y ella es una de las que abusa con los efectos (acomodo del sombrerito, por ejemplo). Moisés Manzano es el dueño de la casa, con un registro demasiado breve y estridente. También con efectos de sobre repetición obvia (el caminar con los pantalones bajos, por ejemplo). Los demás, Dora García, Miriam Calderón y Joaquín Rodríguez, más discretos y consistentes.

En definitiva, que la ironía no es pastelazo, ni la comedia sólo un juego intrascendente de equívocos y persecuciones.

NO HAY LADRON QUE POR BIEN NO VENGA, de Darío Fo. Dir. Marco A Silva. Escenógrafo e iluminador: Arturo Nava. Con Dora García, Enrique Arreola, Leticia Cavazos y Joaquín Rodríguez. Sala Xavier Villaurrutia, Unidad Artística y Cultural del Bosque, Paseo de la Reforma y Campo Marte (Metro Auditorio), 5280-7844. Lunes y martes, 20:30 horas. Loc. $90. Sistema Ticketmaster, 5325-9000. Adolescentes y adultos. Duración aproximada 90 mins. (Centro)