FICHA TÉCNICA



Título obra 1910

Autoría Maruxa Vilalta

Dirección Maruxa Vilalta

Elenco Juan Alberto, Evaristo Valverde, Nancy Tamayo,Carlos Corres

Escenografía Arturo Nava

Iluminación Arturo Nava

Vestuario Arturo Nava

Espacios teatrales Teatro El Granero

Referencia Bruno Bert, "Ráfagas de un presente que se va", en Tiempo Libre, 18 enero 2001, p. 23.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Tiempo Libre

Columna Teatro

Ráfagas de un presente que se va

Bruno Bert

Durante un periodo bastante extenso Maruxa Vilalta exploró con su teatro el área de la religiosidad, generalmente en su comunicación con lo social, a través de obras que tomaron las vidas de ciertos santos como tema. Una hagiografía moderna que nos hablaba de la fe y del compromiso que ésta debe tener con la contingencia cotidiana. Hoy, manteniendo la estructura didáctica que esto implica, se desplaza hacia lo histórico-político con una obra que se define a sí misma con su nombre: 1910.

Es interesante y pertinente preguntarnos hoy, en el nacimiento de una nueva etapa social e histórica, sobre aquella revolución que está en la base de nuestra realidad y que ha sido bandera reivindicadora durante casi un siglo. Creo entonces muy válida una aproximación a aquellos sucesos que de tan manipulados han terminado por perder su verdadera dimensión. Pero siento que el tiempo nuevo debiera implicar necesariamente una también nueva forma de enfoque, un nuevo prisma de relectura que no se conforme con lo dicho hasta el presente y agregue una visión acorde a nuestra actual circunstancia. Y esto creo que no sucede en 1910.

Hay más bien un apelar a la memoria en tiempos de olvido, y un traer a la escena –de manera claramente teatral, casi escolar, sin que esto signifique un juicio peyorativo– los sucesos claves de aquella gesta, agregando sólo un poco de humor (levemente satírico en su lectura social, a través del que carga el cañón descompuesto hasta que se lo cargan a él mismo) y una capacidad de síntesis que le permite hacer un recorrido completo en apenas dos actos. Pero carece de la contundencia de un nuevo horizonte referencial, que es el México del 2001, y de una justificación de convocatoria dada por una diversa lectura política. Bien habríamos podido ver esto en tiempos del PRI y en el siglo XX. Y claro, no debiera ser lo mismo, no sólo por la circunstancia del espectador sino también por la postura del dramaturgo y del director, aquí aunados en la figura de Maruxa Vilalta. El presente es sólo una ráfaga leve, una sonrisa de burla, algún sobreentendido que sobrevuela el espectáculo.

Sin embargo creo importante llevar a escena a los tópicos, y la revolución es uno de ellos dentro de nuestra cultura. E incluso un lugar común fuera de moda, alejado de las preocupaciones centrales de las nuevas generaciones de dramaturgos.

Convocarlos para reverlos, para redimensionarlos, para preguntarnos por su función dentro de la realidad que nos atañe, destruyendo lo que de repetitivo y retórico puedan contener, a fin de dejar espacio a alguna brasa viva en medio de tanta ceniza.

Para esta puesta la directora recurre al espacio circular de El Granero (recién remozado, como toda la Unidad Artística y Cultural del Bosque), lugar que ha visto también casi todos sus últimos trabajos. El pequeño foro tiene la forma de una cruz y se trabaja en el centro y en cada uno de sus extremos sobre elevados. Ella lo deja absolutamente vacío y juega sobre él con una docena de actores que, vestidos siempre iguales, "a la manera de la revolución", asumen alrededor de quince personajes cada uno.

Un narrador –Carlos Corres– va desplegando los acontecimientos y éstos se nos presentan como en los frescos de nuestros muralistas: despreciando el naturalismo pero de raigambre fuertemente realista. Imágenes constituidas para aleccionar, para marcar con perfiles muy acentuados la labor didáctica del trabajo. Grupos de fusilados, escenas con las mujeres, diálogos históricos (nunca había oído las palabras de Zapata y Villa en el Palacio Nacional), pequeñas escenas de humor, los grandes caudillos con fragmentos de sus discursos... todo en un ambiente ascético, como de escuela o de campamento.

Los actores asumen esa voz colectiva, ese ser muchos y alternados y se manejan de manera formal, siempre un poco envarados, un tanto representando siempre de manera muy visible. Ellos son Nancy Tamayo, Evaristo Valverde y Juan Alberto, entre otros.

En definitiva, una voz memoriosa que apuesta a la importancia del pasado para poder tejer los próximos pasos de este futuro incierto que nos espera. Una voz tradicional en la forma, áspera en la puesta, un tanto convencional en las imágenes tanto conceptuales como visuales, pero aportando desde una larga trayectoria dentro de nuestro teatro

1910. Autora y directora Maruxa Vilalta. Escenografía, iluminación y vestuario Arturo Nava. Con Juan Alberto, Evaristo Valverde, Nancy Tamayo y Carlos Corres. Teatro El Granero, Unidad Artística y Cultural del Bosque, Paseo de la Reforma y Campo Marte (Metro Auditorio), 5280-7844. Lunes a-miércoles, 20:30 horas. Loc. $90; maestros y estudiantes con credencial 50% de descuento. Sistema Ticketmaster, 5325-9000. Adolescentes y adultos. (Centro)