FICHA TÉCNICA



Título obra ¡Al agua sirena!

Autoría Claudia Mader y Rubén Ortiz

Notas de autoría Versión libre basada en Anda Ondina de Ingeborg Bachmann

Dirección Rubén Ortiz

Elenco Claudia Mader

Espacios teatrales Teatro El Galeón

Referencia Bruno Bert, "Capacidad de sugestión. Rumor de un pez", en Tiempo Libre, 4 enero 2001, p. 16.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Tiempo Libre

Columna Teatro

Capacidad de sugestión
Rumor de un pez

Bruno Bert

De monstruos y prodigios es un proyecto teatral que abarca Más de un espectáculo, y uno de ellos es ¡Al agua sirena!, que escenifica Claudia Mader bajo la dirección de Rubén Ortiz. El espacio escénico –que comparte con el otro trabajo– es un piso de arena, y sobre él se ha colocado una especie de muelle que el público bordea a ambos lados. Por un extremo nace Ondina, y sobre esa breve rampa de pocos metros transcurre todo el monólogo.

No conozco el texto original de Ingeborg Bachmann que aquí toma el nombre de ¡Al agua sirena!, pero la sensación que recibo es que no sólo narra sino que envuelve a la actriz corno el agua que rodea a un delfín. Un texto que es un contenedor de acciones y sugerencias más que el portador conceptual de una historia. Y no porque ésta no exista. La intención del autor y del equipo de la puesta es también la de desarrollar una estructura narrativa que tiene como eje a la mujer y la alteridad, pero lo que prevalece es la secuenciación de imágenes y el sonido de las palabras que, al menos a. mis oídos, pronto abandonó el plano de la lógica para transformarse en el rumor que en el agua hace el pez al nadar. Creo que Claudia Mader –con una experiencia y una calidad que ya le habíamos visto en un par de trabajos anteriores– nos fascina con el manejo de su cuerpo y vuelve secundario un texto expresado en un español fuertemente impregnado por su acento extranjero que construye una cierta unidad tonal que se repite.

Hay una geografía del espectáculo, y el personaje se mueve en realidad entre polos opuestos: los dos extremos del muelle y los de su propio cuerpo: entre cielo y tierra, entre lo animal y lo humano en el espacio mítico de los monstruos. Es el lugar del sueño, de la poesía y posiblemente el de la reflexión artística cuando quien la hace es una Sirena. La actriz se metamorfosea a partir de un juego de acciones muy sugestivas que se repiten con una amplia gama de variaciones. Son pocos los elementos empleados y de origen tan cotidiano como diversos juegos de pantimedias que cubren sus piernas como capas de escamas –ocultando el conflictivo espacio donde la mujer se vuelve pez v se abre la herida de su sexo– o se trepan a su cabeza formando una crestería fantástica.

Director y actriz crean una unidad expresiva y el primero oculta su presencia ubicándose dentro mismo del cuerpo nervioso de la sirena, organizando la escena desde las energías internas de la intérprete. Quiero decir que se maneja como una presencia sumamente discreta que sólo puntea ciertas acciones, sugiere un diseño y sostiene un ritmo en función de la totalidad del trabajo. La actriz aparece en un primer plano no solamente como portadora del personaje sino también como activa propositora, en una especie de co-dirección, donde la dramaturgia del actor es sugerida con bastante claridad ante el público.

Creo que se trata de un interesante trabajo, muy poco complaciente, perfectamente debatible, que se articula dentro de lo que podemos identificar como las propuestas jóvenes de nuestro teatro. Y aquí la juventud no está referida a las edades físicas sino más bien a un renovarse de intereses estéticos que echa mano a lenguajes con un camino histórico bastante identificable. No pretenden una vanguardia, abandonan los conceptos de novedad y muestran su posible riqueza a partir del rigor y de la asimilación y recreación de diversas técnicas repropuestas con imaginación. Además, el tema de la otredad en la relación humana, y dentro de él la visión de la mujer como eje de discurso, se inserta en un panorama que nos va mostrando cómo nuestras artistas asumen una madurez creativa que cada vez va teniendo más peso en el panorama de nuestro teatro. Es sumamente significativo el cambio cuantitativo y cualitativo que se ha dado en un arco de apenas diez años, con una presencia mucho más contundente en todos los roles.

Valga entonces una invitación a compartir el trabajo, no tanto por sus excelencias –aunque la labor de la actriz me lo parece– como por su capacidad de sugestión,

¡AL AGUA, SIRENA! de Claudia Mader y Rubén Ortiz. Dir. Rubén Ortiz. Versión libre basada en Anda Ondina de Ingeborg Bachmann. Teatro El Galeón, Unidad Artística y Cultural del Bosque, Paseo de la Reforma y Campo Marte (Metro Auditorio), 5280-2738. Lunes, 20:30 horas. Inicio de funciones 22 de enero. Loc. $50. Sistema Ticketmaster, 5325-9000. Adolescentes y adultos. (Centro)