FICHA TÉCNICA



Título obra Las manos sucias

Notas de Título Les mains sales (título en el idioma original)

Autoría Jean Paul Sartre

Dirección José de Jesús Aceves

Elenco Miguel Córcega, Héctor López Portillo y Rojas , Martha Elba, Marcela Vick, Francisco Muler, Antonio Arce, Rolando San Martín, Sergio Beauregard

Grupos y compañías Compañía Mexicana de Comedia

Espacios teatrales Teatro Caracol

Notas El autor también comenta que el empresario Alfonso Brito inauguró el teatro Rayo en la colonia Peralvillo con la presentación de Gloria Berrones

Referencia Armando de Maria y Campos, “Representaciones en castellano de Las manos sucias de J.P. Sartre por la Compañía por la Compañía Mexicana de Comedia en el teatro del Caracol”, en Novedades, 24 enero 1950.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Representaciones en castellano de Las manos sucias de J.P. Sartre por la Compañía Mexicana de Comedia en el teatro del Caracol

Armando de Maria y Campos

Las manos sucias, pieza en seis cuadros de Jean-Paul Sartre, es, quizás, la menos existencialista de las obras dramáticas de este filósofo y dramaturgo, menos amarga que Muertos sin sepultura, pero más teatral que Las moscas, la única de este autor que no ha sido representada en México.

En Las manos sucias Sartre expone el problema del individuo intelectualmente puro y que busca elevarse por él mismo coordinando su concepción políticamente revolucionaria con la de la colectividad que le rodea. Podría subtitularse "páginas secretas de la vida del Partido Comunista francés durante la ocupación alemana", y con esto estaría aclarada su ambición de ser teatro con mensaje. Su éxito en Francia fue rotundo, como obra de tesis y como pieza de teatro, que lo es en verdad magnífica por la calidad y maestría escénicas de que en el curso de sus seis cuadros hace alarde su autor, para el que ya no tiene secretos el oficio de hacer teatro con acción, creando esta vez personajes verdaderamente reales. En ocasión de su estreno en los Estados Unidos, la crítica de Nueva York, que prefirió ver en la pieza de Sartre únicamente motivos de propaganda política, recriminó la falsedad de los personajes.

Entre un caliente anhelo de libertad y una turbia atmósfera de fracaso se desarrolla la dramática acción de Les mains sales. Sus personajes, esta vez el protagonista es comunista, son todos unos fracasados, que jamás logran hacer lo que se proponen en el momento preciso, cuando su acción tendría sentido; y, en cambio lo hacen cuando ya no quieren, y hacerlo resulta inútil, es decir, absurdo. Uno de ellos, Hugo, quiere, debe matar a otro, Hoederer, porque cree que matándolo sirve a su partido; fracasa entonces, pero lo mata después, no ya por razones políticas, sino por personales, con lo que el asesinato, aun para él mismo ya no tiene sentido. Luis, el jefe comunista que le había mandado matar a Hoederer, justifica su criminal orden con el deseo de impedir que el partido realice una transacción, a su juicio funesta; pero muerto ya Hoederer, que parecía ser el único que podía realizarla, no tiene más remedio que llevarla al cabo él personalmente. Esta es, en síntesis, la tesis existencialista de Las manos sucias. La conclusión es evidente: absurda la consigna, y absurdo el crimen. Absurda también la existencia futura del protagonista Hugo, que ha tenido el valor de vencer su miedo de cometer un crimen político, para caer en el miedo de cometer un cobarde asesinato por celos. El escritor intenta en esta pieza definir el hombre en el mundo, las consecuencias de su comportamiento y su capacidad de asimilación de los sistemas instituidos por individuos de naturaleza y reacciones diferentes. Sartre ha consagrado a la libertad sus mejores páginas.

Bien, esto ya se sabe, y no es cosa que –otra vez– caigamos en la tentación de preocuparnos más de lo que corresponde a un cronista de teatro por la filosofía existencialista. ¿Teatro existencialista? Bueno; pero, fundamentalmente, ¿teatro?

Sí, Las manos sucias es teatro excelente. Con mano maestra que no desconoce el oficio de ligar escenas en un dramático desarrollo intensivo y profundamente cálido, conduce el autor el drama de Hugo, de Hoederer, de Olga y de Jessica, desde una exposición sintética, angustiosa, hasta el desenlace trágico, a través de una impresionante sucesión de escenas sobrias, directas al tema central, que agarran al espectador y no lo sueltan, hasta el final, y eso hecho un guiñapo, vencido ante la habilidad técnica del gran autor, indeciso en sus ideas filosóficas si las tiene, o a punto de convertirse en existencialista. Claro que sale del teatro, recibe uno en el corazón bocanadas de noche fresca, se alza los ojos a la bóveda celeste iluminada de estrellas, y se siente la gloria de vivir, de existir porque se viene de la esencia y se tornará a la esencia...

Es entonces cuando se cae en cuenta de que Sartre, y su filosofía, y sus discípulos, son consecuencia de la angustia y la desorientación que legan las grandes catástrofes. Y cómo no faltan vivos e ingenuos que se aprovechan de todo para lucir o medrar. Por ejemplo...

Hace unos meses La revue du cinema, de París, publicó un guión cinematográfico inédito de Sartre titulado Las falsas narices. En seguida una compañía teatral estudiantil, con la dirección del propio Sartre, representó en un teatro íntimo de la capital de Francia aquel guión como si se tratara de una obra dramática. El experimento suscitó violentas polémicas entre los críticos teatrales y cinematográficos. Gabriel Marcel, en Les nouvelles litteraires, dijo: "Se ha imaginado toda clase de complicaciones, sin que por un segundo se tenga la impresión de una vida o de una realidad cualquiera. Ni decorados, ni accesorios. Todo el mundo viste de negro. Y las mujeres usan trajes bastante indecentes... El fondo musical, a veces, es un escándalo, y otras una mezcla de melodías conocidas. Citas de Shakespeare, de Valéry, etcétera: alusiones a acontecimientos políticos, todo ello sin calor, sin la menor autenticidad. Pero lo grave es que el público aplaudía frenéticamente las peores tonterías. Es una sobreexitación que conocemos demasiado". Asistió a esta representación o lo que fuera, el director del teatro Nacional de Lisboa, Pedro Maura e Sá, quien dijo: "Con inquietud veo llegar el momento trágico en que se adquirirá conciencia de la trivialidad y del vacío absoluto que, bajo apariencias de profundidad, son el resultado de una aventura cada vez más deshumanizada... ¡Qué decir de esta falsa complicidad, de esta transposición a la vez torpe y artificiosa de lugares comunes pasados; éstos no pueden ilusionar a un público que, sin carecer de cultura, no ha perdido su ingenuidad".

He aquí el verdadero problema a resolver; el público del teatro. Qué público presencia las representaciones de Las manos sucias que la Compañía Mexicana de Comedia ofrece en el minúsculo teatro del Caracol... La verdad es que... ninguno. El sábado por la tarde formábamos treinta personas mal contadas; por la noche, fueron menos. Y es lamentable, porque si bien la presentación de la pieza no pasa de discreta, la interpretación es excelente, revelándose como actor de insospechadas posibilidades el joven Miguel Córcega en el protagonista Hugo; muy seguro siempre a lo largo de su difícil y discursivo papel, excelente y clara su dicción; voz grave y cariciosa, que matiza con donaire; gesto expresivo. López Portillo –Hoederer– Marta Elba –Jessica–, Marcela Vick –Olga–; y Francisco Muller, Antonio Arce, Rolando San Martín y Sergio Beauregard completan el reparto con la disciplina y vehemencia –oficio e inspiración–, que bien sabe imprimir a sus actores la inteligente dirección de Pepe Aceves.

Antes, había estado en la inauguración del teatro Rayo –"de Peralvillo y para Peralvillo", dicen los programas–; se trata de un corralón con precario forillo, capaz para mil quinientos espectadores en lunetas y galería, y para media docena de actores en el reducido escenario. Lleno a reventar de un público popular que aplaude, vocifera y aúlla cada vez que sale Gloria Berrones a cantar medio desnuda "letras" absurdas que ha popularizado la radio, y que celebra los chistes gruesos de los aspirantes a Cantinflas. Su empresario Alfonso Brito me declara: –Parece que acerté poniendo mi teatro bajo la protección de la Virgen del Rayo, muy milagrosa, de la que soy tan devoto...

¿Será un "milagro" de la Virgen del Rayo el éxito de público que alcanza el teatrito que lleva su nombre? Lo cierto es que mientras los grupos de teatro experimental no cuentan con un público numeroso como el que acude a teatrillos tan irresponsables como el Río y el Rayo, no realizarán el "milagro" de resucitar el teatro en México.