FICHA TÉCNICA



Notas El autor hace un balance crítico del teatro en 2000

Referencia Bruno Bert, “Primero el futuro luego el pasado. El canto de las sirenas II”, en Tiempo Libre, núm. 1077, 28 diciembre 2000, p. 14.




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Referencia Electrónica


Teatro

Ahora el pasado, después del futuro
El canto de las sirenas / II

Bruno Bert

¿Cuáles son las líneas que van definiendo a nuestro teatro en estos momentos de cambio? No es sencillo establecerlas, pero podríamos indicar algunos puntos que hacen parte de esa configuración. En lo estético, la característica sigue siendo la coexistencia de la variedad. No existe una estética prevalente, un gusto definitorio de este tiempo. Más bien hay como una avanzada de lenguajes fuertemente influidos por el cómic y el video que se entrelazan con un discurso más tradicional y que todavía es mayoritario en nuestro teatro. Vale la pena mencionar como homenaje el nombre de Gerardo Mancebo del Castillo Trejo, un muy joven dramaturgo que acaba de fallecer y que planteaba a través de sus obras —La Capitana Gazpacho ha quedado como emblemática— una renovación del lenguaje teatral tanto desde el texto como desde la escena. Una pérdida importante porque su trabajo apenas comenzaba y era un creador verdaderamente talentoso. En realidad este año no he visto ninguna obra capaz de reproponerme al mundo a través del teatro con una potencia y frescura que llegara a fascinarme. Las hubo interesantes, pero lejanas a lo que podría sugerir un año que fue punto de partida hacia un nuevo milenio. Por el contrario, hubo un regreso a los orígenes con más de media docena de clásicos griegos. Pero esta primavera griega no tuvo la potencia necesaria para destilar una nueva reflexión sobre el teatro y su lenguaje y se quedó en una honrosa y en algunos casos lograda tarea escolar para la difusión de los materiales más conocidos de Eurípides y Sófocles, ya que el viejo Esquilo recién hizo su aparición sobre el fin del año y aún no lo he visto.

Por otro lado aumentó notoriamente la oferta de obras vinculadas a la temática gay, sin que esto mejorara demasiado sus niveles de calidad, tradicionalmente deplorables. La novedad es una mayor presencia de la mujer dentro de este rubro, con algunos productos interesantes como Plagio de palabras, de Elena Guiochíns. Sin embargo el teatro gay no termina de definirse por una estética que lo identifique, ni de crecer para salir definitivamente de lo complaciente. Esto es una pena porque México es uno de los poquísimos países de Latinoamérica que da abierta cabida a este teatro en sus carteleras y cabría una mayor madurez artística.

En otro ámbito, tal vez uno de los datos alentadores es la creación de compañías estables en los espacios formativos oficiales. Tanto la escuela dependiente de la Facultad de Filosofía y Letras, como Teatro y Danza de la UNAM en vinculación con el Centro Universitario de Teatro han lanzado este año espectáculos(Los pilares de la cárcel, El libro del Buen Amor, Drakonto) que son fundamento de un repertorio destinado a dar trabajo a los egresados de estas escuelas y a profundizar su profesionalización. Es un factor fundamental para apoyar los primeros tiempos de los nuevos actores y evitar el alto índice de deserción que imperaba. Es de esperar una medida similar en la escuela de Bellas Artes, ahora que su director, Ignacio Escárcega, ha sido reelegido por un nuevo periodo y puede llegar a profundizar las transformaciones emprendidas hasta el momento.

Debemos mencionar dentro de este panorama a la Muestra Nacional de Teatro, que este año se llevó a cabo en Mérida, Yucatán, y recalcar la importancia de mantenerla como un punto de encuentro del teatro de todo el país, sobre todo si se continúa con el carácter itinerante que ha recuperado. Es tradicional el encontrar en ella productos muy débiles, pero eso nos indica que las carencias existen, tienen espacios precisos y necesidades también muy claras.