FICHA TÉCNICA



Notas El autor hace un balance crítico del teatro en 2000

Referencia Bruno Bert, “Primero el futuro luego el pasado. El canto de las sirenas I”, en Tiempo Libre, núm. 1076, 21 diciembre 2000, p. 18.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Primero el futuro luego el pasado
El canto de las sirenas / I

Bruno Bert

Solíamos decir que cada sexenio era un cambio de mundo, un ciclo que parecía iniciarse sin historia. Buena razón había en quejarse de estos cortes que obligaban al error repetido. Pero la tentación de ver en el sucederse de los gobiernos una fractura hacia lo desconocido es ahora mucho más acuciante: fin de milenio, fin de partido, final de juego... un parteaguas que lleva hacia terrenos míticos poblados de cantos de sirenas. Un albur entre la seducción y el terror.

Creo sin embargo que hay puntos que anclar en el horizonte, porque todo tiempo pasado no necesariamente fue peor, o como dice un amigo Las cosas van mal pero siempre hay esperanzas de que empeoren. Es imposible hacer un balance anual sin una proyección a futuro en relación inmediata con el pasado reciente. Así que dividiremos estas consideraciones en dos notas; en la de hoy miraremos los dos o tres ejes que debe contener el horizonte y en la siguiente haremos un vuelo de pájaro sobre lo que nos dio el año 2000. Sí, primero el futuro y luego el pasado.

Como las políticas nacionales en Latinoamérica son generalmente compartidas en más de un punto por los diversos países del continente, es bueno ver en ellos lo que no desearíamos encontrar en nosotros, sobre todo en el área específica de la cultura y por supuesto en el teatro. Y ese primer eje de peligro a sortear es el abandono casi absoluto de lo cultural y artístico. Creo que éste es el punto fundamental: hallar una articulación novedosa entre los artistas y los productores, creando nuevos y válidos puentes hacia la participación privada y redefiniendo desde allí la función del Estado para que éste no desaparezca de los ámbitos de apoyo, sino que siga siendo aquel que asume su responsabilidad en el incentivo de proyectos que necesariamente se encuentran fuera de la posibilidad de recuperación económica, porque se trata de una inversión cultural y no mercantil.

El desafío fundamental es la capacidad de organización y respuesta de la sociedad civil en el campo artístico. México ha carecido de una política cultural coherente y continuada y eso ha significado el desperdicio de grandes esfuerzos y de ingentes sumas de dinero con resultados paupérrimos en relación a las posibilidades reales que tenía y aún tiene nuestro teatro y nuestra comunidad artística. El esperar pasivamente la implementación de políticas culturales sin una activa participación en el diseño de ellas es una actitud inmadura que espera las decisiones verticales para una protesta posterior pero siempre tardía y agregada en lugar de simultánea y co-constructiva. Creo entonces que son tres las preocupaciones fundamentales alrededor de las cuales deben giran todas la otras: el no permitir un lamentable mutis del Estado frente a lo que significa el teatro para la cultura nacional; el generar una nueva realidad de organización, producción y creación, en donde la iniciativa privada esté incorporada ,y la capacidad de auto gestación sea base indispensable; y por último optimizar la descentralización para generar polos reales de desarrollo artístico en el interior, que hasta ahora ha sido tierra arrasada. La provincia integrada de una manera mucho más real para la superación de tanto rezago, con mantenimiento de la Muestra Nacional de Teatro, con ese carácter itinerante que ha recuperado, a fin de tener un punto de encuentro y un barómetro que indique algunas posibilidades de evaluación.

Lo demás es un larguísimo temario que no vale la pena desglosar aquí, y que se irá estructurando ordenadamente si logran darse las bases para un diálogo real. Lo que siempre me ha alarmado es la gran dispersión dentro del gremio teatral, su baja capacidad de alianzas para definir objetivos comunes, la lucha casi permanente por las personalizaciones, el imperio del cuatismo y todo aquello que ha esterilizado tantas veces la posibilidad de una palabra en común para objetivos sociales a mediano y largo plazo, como puede ser la promulgación de una consistente ley de teatro, por ejemplo, como ya la tienen diversos países.

Y bien, la crítica teatral no es sólo el análisis de los factores internos de un espectáculo, es también una mirada al entorno que justifica y explica el hacer de los creadores y que contiene a ese fragmento indispensable que es el público. Valga la reflexión de hoy en función de las circunstancias sociales imperantes, observadas como posibilidad y no como destino, y nos vemos la semana venidera con un hojear de lo hecho en este 2000 que concluye.