FICHA TÉCNICA



Título obra Los monólogos de la vagina

Autoría Eve Ensler

Dirección Abby Epstein

Elenco Pilar Boliver, Anabel Ochoa, Sofía Alvarez, Stephanie Salas, Ana Karina Guevara, Andrea Legarreta

Espacios teatrales Sala Chopin

Referencia Bruno Bert, “Ella: tan temida y tan deseada”, en Tiempo Libre, núm. 1072, 23 noviembre 2000, p. 25.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Ella: Tan temida y tan deseada

Bruno Bert

Las palabras sirven lo mismo para mostrar que para ocultar. Nuestros sexos son denominados de muy variada manera, entre lo científico y lo coloquial y desde lo pacato hasta lo obsceno, tanto que uno se pregunta si esa sobreabundancia de nombres no es en realidad una cortina de humo para esconder lo que está debajo y que parece ser a la vez tan temido como deseado y desconocido.

Hace apenas unos decenios que el teatro ha incorporado la visión del cuerpo desnudo, la señalización del sexo, la posibilidad de hablar de él en público de manera directa y sin vergüenzas. Y aún queda mucha ignorancia y con ella gran número de tabúes y prejuicios que vencer.

De allí que una hábil construcción sobre el tema seguramente genera la adhesión del público de clase media, espectador natural de este tipo de productos.

Dentro de esta vertiente Morris Gilbert estrenó en la antigua Sala Chopin Los monólogos de la vagina, un material le Eve Ensler que viene dando la vuelta al mundo a caballo le su éxito dentro de pequeños espacios de cámara.

Se trata de la resultante teatral de unas 200 entrevistas con mujeres. Todas hablan de la vagina, de su vagina, con una amplia gama de sentimientos, que van desde el asombro por tener que abordar un tema así, hasta la indignación por las humillaciones sufridas o la ternura ante el descubrimiento real de algo que hacía parte de ellas sin que hasta ese momento existiera más que en una tolerante convivencia. No sé si la autoría o la dirección optan por la puesta práctica de la anulación del espacio, ubicando a las tres actrices a proscenio, sentadas, con un fondo que sólo vemos cuando se ilumina y que al ser una suma de telones de gasa pueden, semi descorridos y en tonos cálidos, generar una profundidad que bien puede homologarse con lo tratado: tres mujeres a la puerta del sexo, sentadas allí para hablar de él e iluminarlo para que sea visible en su belleza, en su misterio, o en la misma dificultad de percibirlo si no es bajo la más obvia de las explicaciones. Es un juego donde el espacio real se ve virtual y queda entonces capturado por las palabras y la habilidad de las tres mujeres para empatizar con su público.

Por supuesto, el humor es un componente fundamental para facilitar la comunicación, sin la violencia excluyente de un alegato feminista, ni el tedio de un discurso médico o sociológico. Por supuesto que eso también lleva a momentos de banalidad y a veces incluso de complacencia, pero afortunadamente son los menos. En el resto la construcción es hábil, muy de pertenencia y con un buen porcentaje de didáctica pero tratada al sesgo, capaz de llegar y divertir, de golpear pero sin herir... como debe ser un producto que en definitiva se inscribe dentro de lo que podríamos llamar un teatro comercial inteligente y actualizado.

Los papeles rotativos tocaron a Sofía Álvarez, Lilia Aragón y Stephanie Salas en la función a la que asistí. Lilia centraliza por temperamento, por prestigio e incluso por experiencia. Sabe muy bien cómo manejar una situación escénica y enlazarla con el público cuando se trata de un contacto directo y abierto como en este caso. Sofía Álvarez se muestra sólida, con un humor maduro y con recursos para capear cualquier dificultad en el camino, mientras que Stephanie antepone simpatía y muchas ganas a una experiencia que por su juventud, naturalmente aún está por llegar. Las tres sentadas y leyendo un texto. Casi como teatro en atril, pero con posibilidades de un vuelo que el tema y el texto permiten. Seguramente será un éxito de temporada. Y está bien, porque una buena cartelera es siempre una cartelera plural y para todos los gustos. Esperamos que le sigan los diálogos del pene.