FICHA TÉCNICA



Título obra Talk show

Autoría Jaime Chabaud

Dirección Mauricio García Lozano

Elenco Carlos Corona, Mónica Dionne, Hernán Mendoza, Aida López

Espacios teatrales Foro Sor Juana Inés de la Cruz

Referencia Bruno Bert, “Toc, toc, y aparece un show”, en Tiempo Libre, núm. 1071, 16 noviembre 2000, p. 25.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Toc, toc, y aparece un show

Bruno Bert

Hacía tiempo que no veía una obra nueva de Jaime Chabaud. La que ahora se estrenó en el Foro Sor Juana Inés de la Cruz fue Premio National 1999. Se titula Talk Show y obviamente hace referencia a los polémicos programas de televisión que llevan esa denominación, pero no colocados en una perspectiva de primer plano y como terna central del trabajo, sino más bien como punto de referencia en la carrera de un periodista en crisis, que termina escribiendo para ellos para no morirse de hambre y para sortear la depresión emocional en la que se encuentra sumido por el abandono de su última pareja, ahora idealizada a la distancia.

Por un lado lo que vernos es la continuidad estilística con materiales anteriores: el uso del humor, la distancia con cualquier forma naturalista, o el uso de ésta sólo como imagen de oposición; la mezcla en la trama y a un mismo nivel de factores psicológico-emocionales y de referencias sociopolíticas de nuestro entorno; la factura de personajes procedentes de la irrealidad, del cómic o de la televisión, que transitan e interactúan con los que se supone son de carne y hueso (pero que en realidad son personajes de teatro, claro), etcétera, etcétera.

Lo que también se advierte es un marcado acento en el carácter volátil de sus muñecos, y un poco la arbitrariedad delas reacciones y los supuestos sobre los que se apoyan. Algo así como un gran viaje o una gigantesca cruda (el protagónico intenta dejar el alcohol) donde todo se ha confundido y mezclado, no solamente en el plano de lo personal, sino incluso de lo social; no únicamente en las emociones, porque también las ideas se ven comprometidas. Los tipos se han vuelto estereotipos, las acciones maquetas semiverosímiles y por todas partes flota un aire de neurosis e inseguridad al que no es posible ventilar porque cuando se abre la ventana ingresan nuestras pesadillas.

Todo esto daría cuenta de una mayor madurez en la escritura de Chabaud. Y así es posiblemente, pero también no muestra un momento de tránsito que todavía no se encuentra plenamente definido. No pareciera pisar un terreno nuevo sino nada más intuirlo, mientras se le deshace entre las manos el anterior, con resultados dramatúrgicos que son como una prolongación mejor y última del mundo que antes manejaba en sus construcciones teatrales.

Es interesante que se haya elegido a Mauricio García Lozano como director de este trabajo. Él ya ha pisado con éxito terrenos quizá más claros aunque con rasgos geográficos similares. Baste recordar aquella excelente puesta de La Capitana Gazpacho. Claro que aquí el aire estaba enrarecido, era menos lúdico, bastante más enfermizo y el juego que se provoca por momentos tal vez busque tonos más negros y densos. Sin embargo, de todas maneras hay habilidad para conducir esta especie de vehículo teatral desbocado que no siempre nos satisface, pero que nunca nos distancia ni aburre. Tal vez en lo que hace al manejo de actores, creo que el papel del periodista eje no logra todo su quiebre en manos deHernán Mendoza, a quien le cuesta asumir las estridencias y oposiciones del personaje. Pareciera manejarse mucho mejoren los tonos medios. Ese cabalgar constante entre extremos marca un registro excesivo que no alcanza en ninguno de sus polos. Claro que no es sencillo tener como interlocutores a la Cenicienta, a un émulo erotizado de Cristina y a toda una gama de personajes escapados de pantallas, pesadillas, carencias y necesidades. Mónica Dionne puede ubicarse con más tranquilidad en ese espacio "razonable" al que intenta conducir al protagónico, y lo hace gratamente. Los demás son conejos salidos de una galera cibernética y están a manos de Aída López, Carlos Corona y Liliana Flores, quienes juegan con ellos y con el esfuerzo que les exigen.

Creo que Talk Show es como un guiño cómplice, algo que se comparte un momento para en seguida alejarse. Un producto de transición ubicado en tiempos que también lo son. Con el mismo humor ácido, la misma confusión entre realidad y fantasía, y el mismo dolor por algo perdido que hay que sobre llevar, o con un tequila o con una mayor fuerza de respuesta.