FICHA TÉCNICA



Título obra La loca de Chaillot

Notas de Título La folle de Chaillot (título en el idioma original)

Autoría Jean Giraudoux

Notas de autoría Andrés Serra Rojas / traducción y adaptación

Dirección Julio Villarreal

Notas de dirección Xavier Villaurrutia / supervisión

Elenco Prudencia Grifell, Julio Villarreal, Clara Martínez, Linda Santamaría, Fernando Mendoza, Rafael Banquells, José Valero, Emilio Brillas, Luis Beristáin, Silvia Pinal, Armando Arriola

Escenografía Agustín Lazo

Notas de escenografía Manuel Meza / realización

Grupos y compañías Compañía Mexicana de Comedia

Espacios teatrales Teatro Virginia Fábregas

Referencia Armando de Maria y Campos, “Estreno de la obra póstuma de Jean Giraudoux La loca de Chaillot por la Compañía Mexicana de Comedia. Creación de Prudencia Grifell”, en Novedades, 22 enero 1950.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Estreno en México de la obra póstuma de Jean Giraudoux La loca de Chaillot por la Compañía Mexicana de Comedia. Creación de Prudencia Grifell

Armando de Maria y Campos

Reducida al tempo habitual de las representaciones mexicanas por su traductor y adaptador a nuestra escena, Andrés Serra Rojas, el viernes 20 la Compañía de Comedia subvencionada informalmente por el Estado, a través del Departamento Central del Distrito Federal, estrenó en la escena del teatro Virginia Fábregas la obra póstuma de Jean Giraudoux La loca de Chaillot, en función extraordinaria de gala, patrocinada por la embajada de Francia en México, con la asistencia oficial del embajador francés, del secretario privado del señor presidente de la República y de casi toda la colonia cinematográfica. La recogida sala del teatro Fábregas –por cierto, en vísperas de que la hiera de muerte la piqueta destructora–, presentaba desusado aspecto, es decir, concurridísimo. En medio de un ambiente de curiosidad que materialmente se cortaba con el cuchillo de la impaciencia, se inició la representación, que fue atentamente escuchada, casi toda comprendida en su simbólica tesis y, finalmente, aplaudida con cariñosa vehemencia.

Nada más sencillo y hasta más convencional –se ha dicho– que el punto de partida de La loca de Chaillot. Cuatro aventureros (ya se ha dicho que la versión presentada en el Fábregas está cortada y reducida) montan un "negocio" en la terraza del café Francis: se trata de hacer sondeos en la colina de Chaillot para explotar supuestos yacimientos petrolíferos del subsuelo parisiense. Este complot financiero será frustrado por un ser extraordinario a quien llaman "La condesa" –Prudencia Grifell– y que pasea por las calles de París una vieja y abigarrada silueta multicolor con rostro de pájaro de noche, coronado con un increíble sombrero adornado de un pájaro que lleva una carta en el pico. (La calidad de la indumentaria de esta "loca", como las de las otras locas "de Passy", "de San Sulpicio" y de "La concordia" debe ostentar un matiz de antigüedad estricto; en ocasión del estreno de esta pieza en París, la crítica dijo: "Los trajes de las `locas' parecen haber sido conservados hasta la noche del estreno después de haberse arrastrado por todos los bancos durante cuarenta años").

Nada menos abstracto, y más concreto a la vez, que esta "loca de Chaillot" descendiente en línea recta del Caballero de la Triste Figura, rica en evocaciones, en emociones y en resonancia. El texto no deja de tener acentos vengadores.

"Es una invasión, Condesa –declara el ropavejero, personaje perteneciente a la escolta de la Loca de la Triste Figura (en Francia creó este personaje Louis Jouvet, reapareciendo con él de regreso de su viaje por América, encargándose también de la dirección de la obra; entre nosotros lo hizo Julio Villarreal, gran actor, y también director de la pieza)–. Otrora, cuando circulábais por París, las gentes que encontrábais eran como vos. Estarían mejor o peor vestidas, contentas o enfadadas, avaras o generosas, pero eran como vos. Uno era soldado, otro coronel. Era todo; era la igualdad. Pero hace diez años, un día en la calle, el corazón nos dio un vuelco. Entre los transeúntes vi a un hombre que no tenía nada de común con los habituales; rechoncho, barrigudo, con el ojo derecho insolente y el izquierdo inquieto. Era de otra raza. La invasión empezaba... Tienen pliegues y párpados que nosotros no tenemos. Han comprado los maniquíes de los escaparates, pieles, inclusive, y les han inyectado un suplemento de vida; las llaman sus esposas. Son los `maleantes'. Lo dirigen todo. Lo afean todo".

Pero Aurelie, la Condesa de la Triste Figura, la loca de Chaillot, salvará al mundo de esta amenaza. El poeta invierte el signo y hace inclinar la balanza en favor de las fuerzas del Bien, movilizadas contra las del Mal. Triunfarán las almas puras. Y la Bondad y la Prudencia se harán oír en boca de la loca de Chaillot y de sus hermanas las locas de Passy, de Saint Sulpice, de La Concorde, en boca del ropavejero, de Irma la camarera (su bello monólogo fue suprimido en la versión que comento); del alcantarillero, de todos los humildes, de los verdaderamente fuertes, reyes del viejo suelo parisiense, de los subterráneos y de las brumas del invierno... Y se escuchan cien variaciones sobre las costumbres de la época, y el amor nuevo y el viejo a la vez; sobre las ilusiones y el urbanismo, sobre la vida, la muerte, la política prevaricadora, la concupiscencia, el orgullo. La razón está en las divagaciones de esos seres miserables, porque conservan el resplandor del amor y la devoción por los niños pobres, por los enamorados tímidos, por los animales infelices, por todos los seres y las cosas amenazadas por el vandalismo de los tiranos del dinero, de la riqueza y, más concretamente, por sus esbirros.

La más prudente y la más auténtica de las locas, la que vive en los subterráneos de la colina de Chaillot, en el subsuelo del café Francis, derribará fácilmente, en una alucinación tal vez más cerca de la verdad que la realidad misma, el "Becerro de oro" en sus modernas encarnaciones.

La loca de Chaillot, como La guerra de Troya y Sodoma y Gomorra, no tiene más que dos actos, pero su duración es la normal en piezas de tres o más. Debe considerarse como una féerie moderna, Giraudoux la sustituyó; Divertissement, porque, en efecto, prodiga en abundancia mil juegos de imágenes y ritmo, fábula y reportaje, romance y panfleto, fingimiento y confesiones, sueño y realidad.

En los últimos años de su vida, Giraudoux vivió atormentado por el decepcionante espectáculo de un mundo desequilibrado, en el cual las fuerzas del mal –léase las del dinero–, prevalecían con insolencia sobre las buenas voluntades dedicadas al servicio de la pureza y a la alegría del vivir. Las luchas sordas o declaradas que provoca este antagonismo constituyen realmente la tesis de La loca de Chaillot. En una humanidad en plena locura, inclinada a la crueldad y tiranizada por ogros famélicos, Giraudoux aísla una loca y le dicta mensajes de la prudencia y la bondad. Todo ello adquiere el tono de una sátira, si a ratos sencilla, siempre iluminada por la visión poética del autor, cuyas obras que escalonan su singular carrera –Siegfried, Ondine, Intermezzo, etcétera– se estremecen o vibran con ese soplo que no es sólo sutileza o virtuosismo, sino lirismo fundamental. Porque Giraudoux trajo a nuestra época una sutil manera –¡asombrosa revelación!– de jugar con el universo, de acariciarlo, de envolverlo en una clara atmósfera poética, creando un resplandeciente sistema inédito de evasión que nos permite instalarnos, por encima de lo real, en un universo de encanto aligero y de maravilla espiritual.

El director Julio Villarreal –supervisado (este terminajo proviene de la industria cinematográfica) por el poeta Xavier Villaurrutia–, logró una magnífica versión escénica, dinámica o más no poder en razón de los "cortes", muy bien ambientada gracias al magnífico decorado de Lazo realizado por Meza, y al vestuario, escrupulosamente cuidado. La interpretación resultó también excelente, en primer término la magníficamente matizada loca de Chaillot de Prudencia Grifell, mejor en la segunda parte que en la primera durante la que imprimió el sutil personaje puntas y ribetes sainetescos; en seguida, el propio Villarreal en el ropavejero, cuya escena de la defensa compuso y dijo admirablemente, y en este orden: Clara Martínez en la loca de Passy, Linda Santamaría en la loca de La Concordia, y Fernando Mendoza, Rafael Banquells, Valero, Brillas, Beristáin, Silvia Pinal, Arriola, y, para ser estrictamente justo, la total mayoría de los personajes episódicos responsables que integran el nutrido reparto de esta obra maestra del teatro francés.