FICHA TÉCNICA



Título obra Cena entre amigos

Autoría Donald Margulies

Dirección Raúl Quintanilla

Elenco José Ángel Llamas, Gabriela Roel, Patricia Pereyra, José Elías Moreno

Espacios teatrales Teatro Ramiro Jiménez

Referencia Bruno Bert, “Análisis de la pareja en puesta de salón”, en Tiempo Libre, núm. 1070, 9 noviembre 2000, p. 26.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Análisis de la pareja en puesta de salón

Bruno Bert

Lo sé quién es Donald Margulies, posiblemente un dramaturgo americano contemporáneo del que nunca he leído nada, pero acabo de ver una obra suya puesta en escena por Raúl Quintanilla en el teatro Ramiro Jiménez. Se trata de Cena entre amigos, una pieza que pareciera haber sido comedia en su origen, adaptada en su tono tal vez por la propia traductora, Claudia Casillas, o por el mismo director, mucho más ducho en este tipo de materiales que en comedia ligera. La anécdota toma como eje la relación de amistad de dos parejas de clase media alta y las modificaciones que ésta sufre cuando una de ellas, la más joven, de manera aparentemente intempestiva decide divorciarse. El tema básico que se desarrolla a partir de esta estructura es el temor al cambio, que en unos se manifiesta en siete años de espera para tomar finalmente la decisión de separarse, y en la otra les impide revisar el propio matrimonio que está muerto detrás de una fachada de aparente felicidad y armonía. Por su factura estamos en presencia de una obra con un aire bastante ligero destinada a un público generalmente asiduo al teatro de tipo comercial, que empata con las situaciones por las que van pasando los intérpretes, y que generalmente bordean siempre lo sexual, ya sea en momentos de plenitud o insatisfacción.

La escritura es convencional, las situaciones verosímiles y la densidad muy relacionada a un público al que se le muestra algo muy poco consistente pero que debe tener la apariencia de sustancial.

Bueno, no es que no importe la felicidad de una pareja, pero todo está tan empequeñecido de horizontes, que realmente no hay mucha carne de donde morder... como es frecuente en el teatro "burgués" (perdón, pero me encantan los arcaísmos) de traza inteligente que se ha venido cultivando en el espacio comercial europeo y americano de la última década.

El director es Raúl Quintanilla, quien además es psicoanalista y por ende una persona especialmente fascinada por los procesos del comportamiento. Se entiende entonces el tono que da a la obra y el placer con que bordea o muestra los pensamientos y las reacciones de los personajes. Sus montajes anteriores se caracterizan por una gran limpieza de trazo, por un prolijo diseño de puesta y por un correcto manejo de actores. Aquí se repiten estas características, sólo que apoyadas en un material de consumo que no tiene más importancia que una telenovela.

Gloria Carrasco se encarga de la escenografía, y maneja un proceso de planos ascendentes o corredizos que aligeran el espacio y los cambios entre escenas, dando un aire más moderno a la eterna y despersonalizada sala con dependencias que suelen caracterizar a este tipo de obras. De esta manera (similar a la que se usara en Interiores hace un par de temporadas, que también tiene como eje los acontecimientos que se suceden alrededor de un divorcio pero de manera mucho más profunda) el espacio escénico se vuelve un poco el interior de las cabezas y sus estructuras laberínticas de pensamiento. Buen trabajo.

Los intérpretes son José Elías Moreno y Gabriela Roel para la pareja mayor y conservadora; Patricia Pereyra y José Ángel Llamas asumen a los que prefieren rehacer su vida con nuevas alternativas emocionales. Naturalmente todos ellos se manejan con soltura en el escenario, llevan bien el tono medio, natural de la relación, pero no logran dar profundidad ni a sus personajes ni a las circunstancias. Es como si tuvieran un excelente entrenamiento de superficie. No es grave si se tiene en cuenta que la obra apenas si exige algo más, pero extraña que el director no les haya conducido por zonas de mayor matización, ya que Quintanilla suele hacerlo con bastante habilidad. De todas maneras el público asistente parecía conforme con el nivel y aunque no era muy abundante, compartía gustoso las alternativas de la obra.

Entonces, una puesta "de salón", sin pretensiones reales en lo artístico, manejada correctamente por un equipo profesional. No hay más, ni en las ideas ni en su correlato estético. Usted decide.