FICHA TÉCNICA



Título obra Virgen de la memoria

Autoría Norma Barroso

Dirección Octavio Trejo

Elenco Norma Barroso

Notas de vestuario Iván Leroy / maquillaje

Espacios teatrales Teatro Coyoacán

Referencia Bruno Bert, “Ritual íntimo para compartir con pocos”, en Tiempo Libre, núm. 1063, 21 septiembre 2000, p. 26.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Ritual íntimo para compartir con pocos

Bruno Bert

La "cuestión indígena" es algo que distingue a la historia de América de manera permanente. A veces se actualiza su vigencia, generalmente con horribles masacres, y en otras, pasa a un discreto segundo plano, como si de una moda se tratara. Pero siempre está allí, presente y sofocada como las minorías indias, planteándonos preguntas que cada generación debe responder en ese diálogo de sordos donde el poder acapara y la impotencia intenta hacerse oír a pesar de todo.

Naturalmente que en la situación actual de nuestro país, con los cambios políticos que se avecinan, esto cobra más clara importancia y es bueno volver la mirada al problema. El teatro es una ventana privilegiada y entonces algunas se abren hacia ese sesgo de la realidad que tal vez Chiapas sintetiza: el enfrentamiento entre los indígenas y aquellos que han emprendido su exterminio a través de las armas, los asesinatos y la expropiación.

La obra que ahora nos ocupa —que ya participó en un Festival Universitario en Colombia con elogiosos resultados— es Virgen de la memoria, de Norma Barroso, bajo la dirección de Octavio Trejo. De esta autora, que también es una interesante actriz, habíamos visto otros trabajos, sólo que es pequeña su producción y sólo tenernos oportunidad de apreciar algún material nuevo muy de tiempo en tiempo.

En este caso se trata de un unipersonal (como aquel, también de su autoría, donde encarnó a la emperatriz Carlota) donde ella interpreta a una mujer indígena que se desdobla en una narración no lineal, mostrando la vida y la muerte en sus tierras.

Los peligros básicos de este tipo de trabajos son la posibilidad de caer en el folclorismo, es decir en una ilustración colorida de lo externo y más visible de una cultura; o en la estructura didáctico/ política, muy a la imagen de los setenta, donde se nos dice que el explotado es un explotado y el explotador un explotador. Es decir el manejo del pleonasmo escénico, que redunda en la incapacidad de extender el panfleto a un verdadero discurso teatral. Aquí no sucede ni una cosa ni la otra y es de agradecer.

La habilidad está tanto en la autoría como en la dirección, a pesar de que en este rubro se trata de una opera prima.

En el primer caso tejiendo palabras en dos lenguas, alternando narración con vivencia y discurso con canto; y en el segundo creando acciones análogas que evitan la ilustración de lo contenido en el texto. Se logran hermosas imágenes, potentes momentos y una síntesis en donde vida y muerte se fusionan, al igual que belleza y horror, más sonido y concepto. Interesante también por pertinente el maquillaje facial y corporal de Iván Leroy, otro interesante dramaturgo y director del que quisiéramos ver más productos en escena.

Pero claro que hay puntos que mejorar, sobre todo para madurar tratándose de jóvenes creadores. Esto en el sentido de una posibilidad de manejo más sintético del lenguaje no textual. Tal vez jugando más con el valor de los opuestos, lanzando menos texto y acciones hacia un mismo sentido, evitando el "adorno" sin caer en la tentación de la desnudez escenográfica, dramatizando la belleza o dejando gustar más los remansos, los recodos de la acción. Hay una cultura visual del agua y el fuego, pero eso, aunque bello, identifica corrientes y es bueno hallar alternativas a esas gratas pero también primeras respuestas.

Claro que todo esto lo podemos decir porque salimos de ver Virgen de la memoria gratificados por una autora que sabe convivir en el cuerpo de una actriz que aquí es capaz de expresarse con muy variados e interesantes matices y un director que puede componer en conjunto con esa difícil dualidad que significa tener como única intérprete a la propia escritora. Buen trabajo de los tres que son dos y al mismo tiempo representan a tantos. Naturalmente, este tipo de obras, cercanas a la ritualidad, son para situaciones íntimas, para compartir con pocos, así que no es de sufrir si no hay demasiado público... seguramente instalada en un escenario no convencional y en espacios sociales alternativos incrementaríamos la asistencia. ¡Aunque allí sí tendríamos que dejar las velas por ausencia de equipo! Estaremos atentos a un nuevo montaje de esta dupla creativa.