FICHA TÉCNICA



Título obra Los pilares de la carcel

Autoría Elena Garro

Dirección Carlos Corona

Escenografía Mónica Raya

Iluminación Mónica Raya

Música Mariano Cossa

Grupos y compañías Compañía de repertorio de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM

Espacios teatrales Foro Sor Juana Inés de la Cruz

Referencia Bruno Bert, “Magia de espejos que convocan el pasado”, en Tiempo Libre, núm. 1062, 14 septiembre 2000, p. 24.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Magia de espejos que convocan el pasado

Bruno Bert

Elena Garro ha sido una de las dramaturgas más importantes no sólo de su generación sino de todo el teatro mexicano. De allí que podamos decir que su presencia en nuestra escena es escasa en relación a lo que le corresponde. Ahora la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM crea su Compañía de Repertorio y justamente convoca, en un tácito homenaje, dos obras breves de esta autora: El rey mago y Los pilares de Doña Blanca, a los que trenza dándoles el título conjunto de Los pilares de la cárcel, que son llevados a escena por Carlos Corona.

Dos acciones interesantes: por un lado crear un puente entre los procesos de estudio y los trabajos profesionales, y por el otro hacerlo con una autora nacional de ese nivel. El primero de estos actos, la creación de una compañía de repertorio, reconoce antecedentes en el Carro de Comedias del Departamento de Teatro y Danza de la UNAM con egresados del CUT, y en un proyecto de Compañía Estable que está implementándose en igual dirección dentro de la Escuela Nacional de Arte Teatral del INBA. Esto significa que casi simultáneamente los tres principales espacios formativos de que dispone el teatro mexicano de nuestra ciudad a través de las instituciones del Estado, han comprendido la importancia de generar un área de protección para los egresados de sus carreras, a partir de compañías estables y de repertorio. Un hecho sustancial que permitirá una serie de tareas de especialización.

No tengo a la mano la cronología de ambas obras pero las imagino bastante cercanas: de los cincuenta la primera y de los sesenta la otra. Se encuentran dentro de la corriente de renovación de nuestra dramaturgia que se estaba dando en esos momentos, con la incorporación de temas vinculados a la mexicanidad y en un estilo realista impregnado de la seducción por lo mágico. El rey mago toma a un hombre que ha matado a otro y está en la cárcel, esas viejas cárceles de pueblo con rejas que dan a la calle y a través de las cuales habla con la gente que pasa y con las mujeres que lo desean como el gallo más lucido de ese pequeño corral. Y a través de ella se dan, los milagros, los contactos, los abandonos, las pequeñas iluminaciones donde la realidad se ensancha y escapa. En Los pilares de Doña Blanca se habla de la mujer cautiva por el matrimonio, del deseo y del torneo de amores que habrán de vencer obstáculos y cumplir el rito del verdadero encuentro. Aquí hay vivo un aliento lorqueano, en un lenguaje poético que hace inefable a este pequeño juguete dramatúrgico. En todo ello está el valor de la palabra y la posible seducción hacia imágenes que necesariamente convocan a un director para nacer en el escenario. Muy frecuentemente se monta a la Garro apoyados en un realismo pedestre que la desnaturaliza. Aquí es Carlos Corona el hacedor y hay que decir que logra la magia del intento rescatando lo que hay de intangible en las palabras y otorgando a todo el material una ligereza que tiene que ver con el sueño, con la fantasía del niño, con la magia que siempre contienen los espejos cuando convocan al pasado.

La dirección traza tres líneas básicas de construcción: en la primera convoca a lo lúdico como uno de los ejes, en la segunda a la imaginería popular, con sus cantos, colores y objetos, y en la tercera a la poesía como amalgama de las otras dos. Y así logra un montaje pequeño, amable, lleno de sugestión, capaz de capturar la atención y hacer gustar de Elena Garro desde la perspectiva estética con la cual ella se identifica pero con un sabor actual. Apoya muy bien la discreción creativa de Mónica Raya en la escenografía e iluminación y la música original de Mariano Cossá.

El elenco es nutrido y bastante parejo en su rendimiento.

Interesante de ver porque proviene de un espacio formativo de actores donde no siempre ha brillado la calidad. Puede que se dé un renacimiento y éste sea un ejemplo agradable de las nuevas posibilidades de ese medio.

En definitiva, creo que vale la pena trasladarse un mediodía hasta el Sor Juana, aprovechar la belleza del espacio y pasar una hora viendo buen teatro.