FICHA TÉCNICA



Título obra Electra

Autoría Sófocles

Dirección Horacio Almada

Elenco Carmen Vera, Fabián Corres, Horacio Almada

Espacios teatrales Teatro Sergio Magaña

Referencia Bruno Bert, “Atractivo montaje de una Electra”, en Tiempo Libre, núm. 1060, 31 agosto 2000, p. 25.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Atractivo montaje de una Electra

Bruno Bert

En este exótico florecer del teatro griego entre nosotros, sobre todo durante el último año, ha aparecido Electra, una de las grandes tragedias de Sófocles. Me parece fantástico ver una sala llena, un día domingo al medio día, y no con público acarreado sino con gente que ha decidido trasladarse a un teatro ni siquiera demasiado conocido como es el Sergio Magaña, para ver una puesta de Sófocles.' Bravo nuevamente por la idea y por ese público que asiste y le da sentido. Vamos al material.

Sobre Sófocles tal vez no vale la pena abundar, pero siempre es bueno recordar que de la gran triada trágica es el que encarna en mejor medida la plenitud de la grandeza del estado griego, si tomamos al auge de la Atenas de Pericles como paradigma del mismo. Fue un hombre influyente y rico que actuó en todas las esferas del hacer social, pero se destacó sobre todo a través del teatro, escribiendo más de un centenar de obras que muchas veces resultaron vencedoras en los certámenes donde se presentaron. El valor de la ética humana se equilibra en su teatro con el destino que los dioses trazan para cada uno, y sus protagonistas son grandes luchadores por un ideal de justicia que puede incluso pasar por las penalidades que deben soportar dignamente para llegar finalmente a cumplirse y hallar la paz. Es un teatro maduro formal y conceptualmente propio de tiempos plenos y estados seguros de sí mismos, sus leyes, sus dioses y sus valores.

Electra es un ejemplo de lo que hablamos, ya que enlaza con firmeza en su discurso lo concerniente a los dioses, al estado y a la familia. La anécdota, sólo por recordarla, nos lleva a la venganza de la protagonista y su hermano Orestes contra su madre —Clitemnestra— y el amante de esta —Egisto ambos regidores del Estado desde mucho tiempo antes cuando, al regreso de Troya asesinan a Agamenón, padre de los protagonistas y esposo de Clitemnestra. Es la historia de la Casa de Atreo, una de las grandes familias mitológicas, compleja y rica en contradicciones como todas ellas. Llena de venganzas, destinos trágicos, dioses iracundos y hombres y mujeres cargados de odio y también de grandeza. Es natural la sensación de espanto que estas historias producían entre los espectadores, ya que aún hoy conmueven con todo su lírico patetismo.

Tal vez lo más difícil es hallar un lenguaje que pueda ser gustado por el público común de un teatro, y un montaje que sin traicionar el prisma original griego pueda actualizarlo para el hombre contemporáneo. Es decir rescatar lo que de clásico tiene una tragedia griega en el sentido de vigente, de valioso para nosotros que vivimos dos mil cuatrocientos años más tarde. Y esto muchas veces con un bajo costo que casi inhibe la escenografía, como en este caso. Y es además el primero de los montajes de este ciclo que tampoco cuenta con una pequeña orquesta en vivo que marque la musicalidad de las coreografías, el ritmo de la acción, que teje la palabra con el valor sonoro de la música. Y sin embargo, aun no siendo un montaje de gran vuelo, maneja sus materiales hábilmente dándole una personalidad suficiente a la puesta como para mantener gratamente la atención del público en su único acto de casi dos horas de duración.

El director es Horacio Almada, quien también asume el papel del Ayo, un rol relativamente breve pero de mucha intensidad. Recurre a un maquillaje que lo aleja de cualquier posible naturalismo, y aplica máscaras al coro, un poco también para unificar a hombres y mujeres bajo un mismo aspecto. Construye unos coturnos un tanto personales que los actores manejan con soltura, logrando sobredimensionar a los protagónicos y al coro lo calza con una especie de tabis que les permite marcar ritmo con las maderas de su suela. De gran importancia son los desplazamientos corales y a veces logra sostener la narración de los largos parlamentos a través de ellos. En otras es excesivo el valor del coro, sobre todo recordando como Sófocles mismo lo limitó en importancia. Los actores están encabezados por Alejandra jurado, que asume a Electra; el propio Almada; Julio Arregla como Orestes y Fabián Corrés como Pílades. Destaca el trabajo de la protagonista, mientras que algunos de los papeles menores se vuelven un poco estridentes y rígidos más allá de lo propuesto. En general se los ve con agrado y el trabajo combinado de actores y director vuelve atractivo el montaje aunque no genere un especial entusiasmo. Creo que puede gozarse y vale la pena un traslado de mediodía para reencontrarse con Sófocles y la venganza de los hijos de Agamenón.