FICHA TÉCNICA



Título obra Íntimas confesiones

Autoría María Luisa Medina

Dirección María Luisa Medina

Elenco María Antonieta Martínez, Ulises Iturbe, Martín Soto, María Luisa Medina

Espacios teatrales Foro Luces de Bohemia

Referencia Bruno Bert, “El costo de ser sexualmente diferente” , en Tiempo Libre, núm. 1059 , 24 agosto 2000, p. 23.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

El costo de ser sexualmente diferente

Bruno Bert

Hacía tiempo que no veía una obra de María Luisa Medina, que hace unos años tuviera tres o cuatro montajes con cierta fortuna. Una vez más eligió un espacio alternativo para presentarse y asume el triple papel de autora, actriz y directora en Íntimas confesiones, un material que se está escenificando en el foro Luces de Bohemia.

Los personajes son cuatro y no tienen nombre sino apenas un protagónico: la madre, el hijo, la esposa y el marido. El tema es la homosexualidad (el anterior había sido el lesbianismo de una maestra, si mal no recuerdo) que une a los dos hombres de una manera más o menos conflictiva y lo que ésta relación produce en ambas mujeres, que así se constituyen en el entorno familiar y social que juzga y dimensiona esa opción sexual.

Más que una obra en su sentido convencional, estas confesiones están estructuradas como una especie de cantata poética, que sucede incluso después de la muerte violenta del más joven a manos de uno de los otros tres. El sacrificado regresa de la muerte cuando se le convoca, dando testimonio del abismo que puede significar para algunos el ser sexualmente diferente. Una y otra vez se habla del "puto", del "putito", con un abuso peyorativo del término, señalando el valor lesivo de las palabras y las acciones al interno del grupo familiar.

Es un material que desde el punto de vista testimonial puede recordarnos lo frecuente que resulta, sobre todo en provincia (de allí es el menor que expulsado de la familia por su singularidad se marcha con su madre), que se cometan actos de agresión, segregación e incluso muerte frente a " desviaciones" de esta índole. Y también que un tema que el teatro más complaciente ha vuelto hasta manido, sigue teniendo fuerza y vigencia fuera del horizonte de las clases medias que, especialmente en nuestra ciudad, ha terminado por asumir a la homosexualidad a gusto o por fuerza de las circunstancias culturales del entorno. Pero, si desde esta perspectiva más bien de carácter sociológico, pudiera llegar a tener algún interés, desde lo estrictamente artístico la importancia se agota rápidamente. El texto tiene muy poca consistencia teatral y abunda mucho más en consideraciones éticas y sicológicas que en un entramado que permita ver y sentir el problema desde una perspectiva original. Se lo intenta, a través de una anécdota donde flota un crimen, pero se desvanece en intenciones que no llegan a cuajar fértilmente en escena.

Tal vez el problema se acentúa con una puesta carente de acciones dentro de un espacio muy poco sugestivo. No hay realmente iluminación, tampoco escenografía sino apenas una débil ambientación, menos aún objetos... todo parece quedar a manos de los actores y del propio texto. Y si este último no se basta, el trabajo de Ulises Iturbe, María Antonieta Martínez, Martin Soto y la propia María Luisa Medina se haya necesitado de un mayor rigor y probablemente de una mano externa que pueda orientarlos dentro de un panorama que va perdiendo consistencia a medida que avanza la obra. Pronto las intervenciones se vuelven declamadas, las formas de actuación difieren y todo va quedando en un hacer lo mejor posible aquello que tal vez hubiera merecido más unidad y mejor mirada.

Es una pena, sobre todo porque me recuerda la distancia que existe entre lo que aquí se ve y aquella puesta dirigida por Ficachi en El Galeón hace unos años; o los propios trabajos de cámara presentados en el foro de la Conchita, de manera pequeña pero sumamente consistente. Ninguno era impecable, pero tenían otro vuelo. Pareciera no solamente haber desaparecido la necesaria producción material sino también el aliento que daba importancia a aquellos materiales. Siguen existiendo fragmentos interesantes y una escritora que tiene garra... pero nada más. Creo que en estos momentos se está dando en nuestra ciudad un espacio de renovación para el teatro con temática gay que, sobre todo en manos de escritoras, aporta ideas y perspectivas más acordes a nuestras circunstancias. Pareciera que el teatro de María Luisa Medina se hubiera mantenido al margen de este proceso de actualización conceptual y formal. Sería interesante un diálogo vivo entre dramaturgas, que devolviera a la actualidad y vigencia del tema el aire de lo que se discute ahora y aquí. Esperamos el próximo trabajo.