FICHA TÉCNICA



Título obra Hans Quehans. Opiniones de un payaso

Notas de autoría Luis Mario Moncada / adaptación a la novela homónima de Heinrich Böll

Dirección Martín Acosta

Elenco Luis Mario Moncada, Ari Brickman, Erika de la Llave

Escenografía Philippe Amand

Iluminación Matías Gorlero

Referencia Bruno Bert, “Adaptación libre”, en Tiempo Libre, núm. 1057, 10 agosto 2000, p. 19.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica


Teatro

Adaptación libre

Bruno Bert

Heinrich Böll (1917- 1985) no es un autor muy leído entre nosotros a pesar de habérsele otorgado en los años setenta el premio Nobel; incluso ahora que necesité consultar Opiniones de un payaso (63), que en su momento fue uno de sus mayores éxitos, tuve que recurrir al préstamo porque no hay librería que lo tenga. Sin embargo, su autor es uno de los gestores de la nueva literatura alemana y de los mejores entre los que describieron los procesos sociales y la sicología de la posguerra y el "milagro económico" de su país.

Sucede que esa novela y autor fueron los elegidos por Luis Mario Moncada para hacer una adaptación libre para teatro que conserva el nombre de origen. Hace ya varios meses que está en temporada, cambiando de sala, a veces presentándose un sólo un día a la semana. Acabo de volver a verla después de releer la novela de Böll.

Es interesante esa tendencia de Moncada a componer sus obras —no todas claro, pero sí varias— a partir de adaptaciones de materiales literarios de otros autores. En nuestro medio Sandra Félix le acompaña en su predilección, pero claro que en este caso se trata de una directora que adapta para lo que monta, mientras Moncada es un autor que hace lo mismo para otro, ya que él no suele dirigir. Una manera muy válida de explorar el lenguaje, la recreación de diálogos y la adquisición de un estilo nutriéndolo de muy distintas fuentes.

En este caso Böll centra su novela en el heredero de una rica familia prusiana. Describe a través del mismo, vuelto mediocre payaso, la inmoralidad de su medio, la manipulación política que permite el resurgimiento germano y el estado de cansancio profundo de una cultura que se ha quebrado una y otra vez en las guerras del siglo XX, mientras insiste en mostrarse "optimista y esperanzada". Todo está impregnado por ese humor trágico, casi patético, que comparten también escritores como Peter Hanke, por ejemplo, que no es alemán pero que le está muy cerca tanto en geografía como en tiempo.

Aquí Moncada decide cambiar el espacio y ubica a la obra en el México inmediatamente antes de las últimas elecciones. Esto, fuera del posible humor político (ahora un tanto desfasado en sus chistes y referencias, pero que el mismo autor ha prometido actualizar), cambia el eje de toda la estructura y pasa a primer plano las características sicológicas del personaje y la estructura anecdótica. Los hechos narrados giran alrededor de la degradación humana y laboral del protagónico, alcohólico, drogadicto y abandonado por su mujer. Pero no está construido sobre el naturalismo, lo que lo volvería un melodrama imposible, sino que se aborda desde la farsa y así sólo dos actores asumen al mundo de personajes que rodea al decadente payaso, a un ritmo vertiginoso y desde una construcción de muñecos de sketch cómico. El giro vuelve sumamente atractivo el espectáculo aunque abandone totalmente las motivaciones que dieron origen a la novela de Böll. De hecho está claramente expresado que es una "adaptación libre". Se gana en lo visual y en la ligereza de lo narrativo y se pierde profundidad social y entorno de justificación tanto para la obra como para el personaje.

Philippe Amand construye el espacio de la historia, que es también el del espectáculo. Lo hace con la habilidad creativa y la pertinencia que lo caracteriza. Martín Acosta propone una dirección ligera, tan punteada como los diálogos, y un tratamiento de personajes que vuelve cada encuentro un pequeño divertimento autónomo eslabonado en la cadena narrativa. Matías Gorlero juega con la luz de una manera totalmente afinada a la nota de sus compañeros. Y el gusto está en los actores: un Moncada excelente (aunque con algunos nerviosismos en la última función que vi), acompañado por Ari Brickman y Erika de la Llave que hacen una composición deleitable cada vez que intervienen.

Es decir que se trata de un espectáculo muy atractivo que tal vez se incline más hacia el placer que hacia reflexión sociológica a la que destinara Böll el original. Tal vez no fue totalmente esa la intención de Moncada, que precede al título de la obra con un "Hans Quehans", juego con el nombre del protagónico, tal vez con la intención de captar los paralelismos locales a las situaciones de la novela alemana. Vaya, que lo que importa es que vale la pena verlo.